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12 Junio 2024, Puebla, México.

Nacimiento. Memoria de mi madre / Manuel Espinosa Sainos

Cultura /Sociedad | Crónica | 4.OCT.2023

Nacimiento. Memoria de mi madre / Manuel Espinosa Sainos

En ocasión del cumpleaños del gran poeta tutunaakú

Desde ayer, mi madre comenzaba a sentir fuertes dolores. No sé cómo le hacía para no gritar y aguantar tanto dolor, pero no era muy escandalosa. Era común que pocos días antes del parto comprara un pedazo de franela para hacer con sus propias manos unas camisas chiquitas.

Ese día, mi padre se fue corriendo a llamar a la partera que vivía al otro lado del cerro. Siempre creí que era ella la que traía los niños que nacían en casa porque era eso lo que mi madre nos contaba cada vez que le preguntábamos ¿de dónde vienen los niños?. Por eso cada que llegaba a la casa yo metía las manos en su tenate para ver si había un bebé adentro, quizás escondido, envuelto en una servilleta.

Siempre fui muy curioso. Poco antes mi padre había cercado con caña de maíz en el interior de la casa, el lugar donde mi madre daría a luz. Se tiene la creencia de que el líquido que se derrama durante el parto hace daño a los demás niños si lo llegan a pisar. Al llegar, la partera pidió que colgaran un mecapal en uno de los horcones de la casa y solicitó que tendieran un nailon en el piso de tierra para que ahí se acumulara el líquido que acompaña el parto. El nailon era de color azul. Los dolores eran cada vez más fuertes, entonces, mi madre abrió las piernas y así parada, se apoyó del lazo previamente colgado desde el techo mientras mi padre la tomaba de los brazos para darle fuerzas. También hubo ocasiones en qué mi papá estaba tomado cuando mi mamá daba a luz, pero yo corri con suerte.

Y ahí estaba mi madre colgada del lazo mientras hacía trabajos de parto. Para ese entonces una de las vecinas había ya traído caldo de pollo para darle a mí madre después. Habían pasado ya varias horas y al final, un día como hoy, la partera recibió entre sus brazos un niño que sustituiría a otro niño muerto un par de años antes y que por falta de dinero no le pudieron comprar los medicamentos necesarios para curarse y que obviamente no recibió atención médica. Por aquellos años en el pueblo no había clínica de salud, se tenía que llevar a los enfermos a un médico particular en otros pueblos vecinos o al médico que de vez en cuando venía al pueblo. Ese niño se llamaba Manuel. Yo no sé cómo es que pensaron tener otro niño del mismo nombre para reponer al que había fallecido, seguramente era tanto su amor por él, recuerdo que mamá se ponía mal cada vez que lo recordaba.

Apoyada por la partera, mi madre le puso una camisita de franela al recién nacido y unos trapos viejos que sirvieron de pañales. Al poco tiempo, cuando de mi cuerpo se desprendió el cordón umbilical, éste fue enterrado para evitar que se lo comieran las hormigas, quizá por eso yo le tengo mucho miedo a las alturas, porque mi ombligo no fue colgado en lo alto, tal como acostumbran hacer otros papás para que sus hijos puedan subirse a las alturas. Es que mi madre le tenía miedo a todo y lloraba por todo, pero sobre todo por la situación de agresión que había pasado con mi papá. Era costumbre que las mamás, al ver a su recién nacido, con tanta ternura tocaran el pene del niño y fueran poco a poco quitando y elevando la mano para decir cantando titibun, titibun, en señal de que es así cómo los pájaros vuelan y cantan. Mi madre no fue la excepción. Ya entre sus brazos mamá tenía la costumbre de arruyar a sus hijos con cantos en totonaco. Tsisa mi xawat, tsisa mi xawat, temprano tu milpa, temprano tu milpa, decía.

Fueron pocos años los que yo me dedique al campo, tuve que migrar a Huehuetla para poder estudiar el bachillerato y después a Cuetzalan, pero tanto mi madre como la vida campesina me dejaron muchos conocimientos que confirman mi listskni, es decir, lo que me hace ser.lo que soy. Una tarde de enero, en que el frío es más intenso por estos rumbos, mi madre se quedó dormida para siempre, eso fue hace más de trece años, pero de ella soy, soy su raíz y vive en mi, de hecho salí igual a ella, también soy miedoso y en ocasiones al escribir un poema lloro.