enero 28, 2026, Puebla, México

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Tiempos inciertos / Nicolás Dávila Peralta

Punto de Vista

Los tiranos no duran para siempre; en cambio, la humanidad tiene la virtud de reconstruir su vida en sociedad y hoy, como siempre, lo va a lograr.

Inicia el segundo cuarto de siglo con signos negativos en todos los niveles de la vida del planeta. No es pesimismo decirlo, basta hacer un recuento de la herencia del año 2025 para tomar conciencia de que la realidad con la que iniciamos el 2026 se resume en una sola palabra: incertidumbre.

A NIVEL INTERNACIONAL, 2026 hereda la guerra en Ucrania y el genocidio palestino en Gaza, fruto del dominio de dos potencias: Rusia e Israel apoyado por Estados Unidos. En el caso de Medio Oriente, la intención es que Israel domine esa parte del continente asiático y el obstáculo es Irán, por lo que se pretende derrocar al gobierno islámico.

Sin embargo, el riesgo en este 2026 surge del gobierno de Estados Unidos, en manos del empresario multimillonario republicano Donald Trump que está dispuesto a erigirse como el poder mundial; sus decisiones en este primer año de su segundo mandato han pasado por encima de las leyes internacionales y de la misma Constitución de su país.

EN AMÉRICA, LA INCERTIDUMBRE ES MAYOR. La intención de Trump y su equipo de gobierno es hacer realidad el dominio de Estados Unidos sobre todo el continente. El caso más reciente es el asalto a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro; esto demuestra hasta dónde puede llegar esa ambición de dominar a América, incluyendo un territorio que pertenece a un país europeo: Groenlandia, lo que ya provoca conflictos de Estados Unidos con los países europeos.

Para lograr el dominio estadounidense, el pretexto es el combate al narcotráfico y la seguridad de ese país. Con estos pretextos se está pasando por encima de las leyes internacionales y sobre la misma Constitución de los Estados Unidos; no hay respeto a la soberanía de las naciones, no hay respeto a los derechos de los pueblos -ni siquiera del estadounidense-, no hay más que ambición y sed de poder.

El motivo de esta intención de dominar el continente es económico y político. Estados Unidos necesita los recursos de los países de norte, centro y sur de América y el Caribe para seguir siendo una potencia mundial; para esto, necesita gobiernos afines a su política ultraderechista y está dispuesto a todo para lograrlo.

EL CASO MEXICANO ES SINGULAR. Desde 2018 el país rompió con el esquema neoliberal que caracterizó a los gobiernos desde 1982, mismos que respondieron puntualmente a las exigencias estadounidenses. En siete años y con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos, el país ha cambiado; hoy tenemos un gobierno al que esa mayoría apoya por los resultados en justicia, manejo eficiente de la economía, disminución de la pobreza y la desigualdad y los buenos resultados del combate a la delincuencia.

Pero eso no es suficiente para el gobernante estadounidense que para el gobierno mexicano tiene un doble lenguaje. En los diálogos con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se muestra accesible a los acuerdos, a la cooperación sin sumisión; pero ante la prensa asegura que México está gobernado por el narcotráfico y manifiesta su intención de invadir a nuestro país.

UNA OPOSICIÓN DEL SIGLO XIX. Frente a las amenazas de Trump se levantan voces de políticos, opinadores y personas conservadoras que ven con buenos ojos la intervención del gobierno estadounidense en México, personas cuyos intereses contrastan con la política socioeconómica del gobierno mexicano; gente que ignora que el vecino del norte no tiene amigos, sino intereses que, como sucedió con Corina Machado, los vendepatria son desechables.

Además, quienes aplauden lo sucedido en Venezuela ignoran la historia nacional. Estados Unidos invadió México en 1846-48 y despojó al país de la mitad de su territorio, rico en petróleo, oro, plata, maderas preciosas y se abrió camino hacia el océano Pacífico.

Se olvidan de que en 1861 los conservadores se postraron ante el emperador Napoleón III, le pidieron un rey para México, fueron al castillo de Miramar y le ofrecieron el trono de México al archiduque Maximiliano de Habsburgo; su ambición terminó en el Cerro de las Campanas, en Querétaro.

Pero no hay que minimizar a la oposición ultraderechista, porque si han adoptado la misma actitud de los conservadores del siglo XIX, Estados Unidos tiene en ellos a los “tontos útiles y desechables” en sus planes de invadir México y poner un gobierno incondicional.

UNA ALERTA MUNDIAL. Los conflictos en Medio Oriente y las amenazas para América y Europa por un gobernante que no sólo ignora, sino que pisotea las leyes internacionales y las de su propio país y que cada vez más claro, en sus acciones y discursos, se deja ver como un dictador para los estadounidenses, con deseos de ser el dictador del mundo, ponen en riesgo la paz mundial y el desplome de la economía.

Las otras naciones poderosas: China y Rusia están a la expectativa y podrían actuar de tal manera que se afectaría la frágil paz en la que vivimos. Por otra parte, las decisiones inestables del inquilino de la Casa Blanca amenazan con una crisis económica en Estados Unidos que afectaría a todos los países, principalmente a aquéllos que, como México, son socios comerciales.

Guerra, pobreza e inestabilidad política están amenazando al mundo, todo por un imperio que se derrumba y en su caída se quiere llevar a toda la humanidad.

A PESAR DE TODO, HAY ESPERANZA. Todos, estadounidenses, americanos (habitantes de todo el continente), europeos, asiáticos, africanos, todos vamos tomando conciencia de la peligrosidad de Trump y esto está generando una reacción, dentro y fuera de Estados Unidos, en contra de las intenciones dictatoriales del empresario gobernante.

En México, después de lo de Venezuela y el desprecio de Trump hacia María Corina, a pesar de haberle entregado servilmente la medalla del desprestigiado Premio Nobel de la Paz, está claro que los vendepatria son un cero a la izquierda y que aumenta la convicción de defender la soberanía nacional.

No olvidemos a los millones de mexicanos que radican en los Estados Unidos; salvo despreciables excepciones, ellos también defenderán la soberanía del país que los vio nacer.

El discurso que el primer ministro de Canadá, Mark Carney en Suiza es clave ante la ambición dictatorial del ocupante de la Casa Blanca. En el núcleo de su mensaje, el mandatario canadiense propone una nueva relación entre los países que rompa con la estructura actual, “los países intermedios (entre los que cuenta México) tienen una opción: competir entre ellos por el favor (de los países poderosos) o unirse para crear un tercer camino con impacto”, porque, afirma: llegó “el fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal”.

Recordemos: los tiranos no duran para siempre; en cambio, la humanidad tiene la virtud de reconstruir su vida en sociedad y hoy, como siempre, lo va a lograr.