febrero 6, 2026, Puebla, México

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“Una pica en Flandes” para el gobernador Armenta / Xavier Gutiérrez

En política como en el orden natural, la caída de una hoja repercute en todo

Eliminar del primer círculo del poder a Adán Augusto trasciende al solo hecho. Implica varias cosas en la composición del poder. Y en el funcionamiento del aparato de gobierno. Y salpica a Puebla, por supuesto.

El veterano teórico del periodismo y profascista Salvador Brorrego solía decir: “No hay que quedarse en lo periodístico, en un hecho aislado, hay que ver la trascendencia del hecho, eso es periodismo trascendente.”

Eso es lo que hay que ver en este ajuste de poder en las alturas. Lo que trasciende más allá de un recambio. En el lugar de Adán queda Nacho Mier como cabeza del Senado. Él no estaba en el escenario poblano antes del domingo pasado.

El gobernador Armenta ganó con soltura la gubernatura hace poco más de un año y Nacho quedó en una composición de segundo orden, allá en el Senado. De alguna manera era parte de la historia. Quedó como personaje de la anécdota.

Nada más oportuna la frase usual en la política estadunidense que hace unos días revivió Mark Carney“Si no estás en la mesa estás en el menú”.

Nacho no estaba en la mesa. Hoy lo está. Nadie sabe hasta cuando, hasta dónde, pero es un hecho.

Para el ejercicio del poder en Puebla, objetivamente, no deja de ser un imprevisto, un imponderable. Porque implica, quiérase o no, una inquietud que revive en el político de Tecamachalco, para la próxima sucesión. Eso significa una reactivación de él y sus seguidores. Y aún los que no lo son pero que tenían una vela apagada.

El gobernador Armenta ha venido trabajando con una agenda intensa y multiplicada. Para mi personal visión con un ímpetu más de activista que de estadista. Esta  característica  me extraña, puesto que su exitoso activismo ya quedó demostrado con eficacia al ganar la gubernatura como culminación de otros desafíos electorales. El activismo de hoy no requería ni requiere evidencias. Hoy el reto es otro.

Federico Reyes Heroles expuso alguna vez que “gobernar es sentarse”, entre otras cosas. Y es verdad. Sería tiempo de sentarse.

La llegada de Armenta al poder y su extraordinaria exposición al asumir el cargo despertó un mundo de expectativas. Fue impactante ese acto. En la forma y en el fondo. Después vino un año con actos abundantes y difusos. Una agenda saturadísima, una presencia sobrada. “Una sobreexposición”, me dijo un político estudioso. Y me dijo más: “Oye, pero la campaña ya pasó… y la ganó Armenta”.  Cierto, la circunstancia impone ahora: gobernar. Y él tiene con qué y cómo: trayectoria, experiencia, formación, relaciones. ¿Y entonces? ¿Y el estadista?

El año transcurrido veámoslo como un ensayo natural. Un gabinete extraño pero hoy sujeto a ajustes. Para algunos “más extraño aún “. Y se recuerda la concepción juarista: «Hay que gobernar con los mejores, los más talentosos, aunque parezca que el talento sea superior a uno, pero siempre será ese “uno” quien tome las decisiones».

Hoy, a un año del ejercicio en el poder, el gobierno armentista ve allá sobre la muralla otros personajes que otean el horizonte con la mira puesta en el 2030, pero ya moviendo anhelos, piezas…y recursos de todo orden, para el día a día.

Sergio Salomón Céspedes, quien hizo en general un buen gobierno en sólo dos años, acerca prudentemente su fierro al fogón para marcar el ganado. Se mueve en México, pero no olvida Puebla, para nada. Y mueve sus piezas.

La señora Olivia Salomón está en una posición periférica, es verdad, pero está a bordo del autobús. El lugar es lo menos importante. Tiene relaciones de peso, se prepara más de lo que cualquiera imagina.

En su fuero interno sabe que si más adelante se da una polarización de los competidores, ella está en una envidiable posición de bateador emergente.

El caso es que estos tres personajes, tres por ahora, han arrancado un activismo sotto voce que significa un relativo enrarecimiento del panorama político poblano, que hasta hace unos días parecía el navegar acompasado de un barco en un mar de aceite.

Para el gobernante poblano implica, naturalmente, un cambio y un auténtico reto político… Y ya se sabe que un problema político se enfrenta con más política, y mejor política, no hay de otra. El gobernador lo sabe y tiene claro que Puebla espera en él a un estadista. Un político ajeno a las veleidades de la circunstancia.

La brújula lo apunta correctamente: el compromiso es un mejor nivel de vida para la sociedad. Con proyecto, metas, evaluaciones, indicadores claros. Y sobre todo tiros de precisión. Cero corrupción, transparenciaeficacia en el gobierno.

 La dimensión de un gobierno se mide por su eficacia y no por sus intenciones o la emoción que pudiera generar su retórica.

Para el gobernador Armenta el momento significa que las circunstancias “le han puesto una pica en Flandes”.  Él es hombre de retos.