No cabe duda que “Al perro flaco se le cargan más las pulgas” dice el viejo refrán. Si en siete años de gobierno morenista hubo un quebranto al erario público por más de 600 mil mdp por el llamado huachicol fiscal orquestado desde el poder, y que al día de hoy no hay un solo pez gordo procesado; pues ahora con la ley de ingresos 2026, se espera transferir esa carga fiscal al ciudadano contribuyente y las empresas que pagan impuestos.
El Sistema de Administración Tributaria (SAT) cobrará a los contribuyentes 5.8 billones de pesos en 2026, es el presupuesto de ingresos más alto en la historia. Los pagadores de impuestos contribuirán con más del 90 por ciento de los ingresos públicos; habrá mayor vigilancia para pago de impuestos, compras por plataformas, impuesto a las bebidas azucaradas, hasta videojuegos violentos, y compras en línea como parte del plan.
Los ingresos del Estado mexicano provienen principalmente de impuestos, rendimientos de empresas estatales como Pemex (hasta hace unos años) y la CFE, derechos, aprovechamientos y financiamiento público. Son recursos tributarios y no tributarios los que financian el gasto público, siendo los impuestos la columna vertebral fiscal.
Expertos señalan que en 2026, entre el saqueo, el huachicol interminable, la corrupción y sus bajos rendimientos, Pemex dejará de ser un sostén neto del gasto público y se convertirá en una carga fiscal, costando más dinero al gobierno del que aportará en rendimientos.
Los impuestos tributarios son contribuciones obligatorias de dinero que personas y empresas pagan al Estado para financiar el gasto público, servicios como educación, salud, seguridad, infraestructura, y redistribuir la renta para programas sociales. Regulados por ley, los impuestos se dividen principalmente en directos (gravan directamente la riqueza o los ingresos – ISR) e indirectos (gravan el consumo final de bienes y servicios – IVA, IEPS), siendo fundamentales para el desarrollo económico de un país donde se administran los recursos con transparencia y se rinden cuentas.
En resumen, los impuestos son un tipo de tributo que se establece por leyy se exige de manera obligatoria al contribuyente y sin contraprestación; es decir, sin recibir ningún beneficio personal a cambio. El incumplimiento de estas obligaciones gestionadas a través del SAT conlleva sanciones legales.
Los siete impuestos federales son: Impuesto Sobre la Renta (ISR); Impuesto al Valor Agregado (IVA); Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS); Impuesto sobre Automóviles Nuevos (ISAN); Impuestos Generales sobre Importación y Exportación (IGI/IE); Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE); y el Impuesto sobre enajenación de vehículos de motor usados.
Para 2026, México proyecta un aumento histórico en la recaudación fiscal, alcanzando 5.8 billones de pesos (15.1 por ciento del PIB), impulsado por mayores gravámenes en ISR, IVA e IEPS, junto con aranceles de hasta el 50 por ciento a importaciones con países sin tratado comercial como China, Rusia, Corea del Sur, India, Vietnam, Tailandia y Brasil. Además, se esperan ajustes a la alza por inflación.
De todos los impuestos que se cobrarán en 2026, el ISR generará el 52.5 por ciento; el IVA el 27.2 por ciento, y el IEPS el 13 por ciento. Estos últimos serán los gravámenes que contribuirán más al erario, aportando el 92.7 por ciento del total de ingresos.
Los principales cambios y aumento de impuestos en 2026 son: IEPS a combustibles, incremento del 3.79 por ciento en gasolinas y diésel; a refrescos y bebidas azucaradas paso de 1.64 a 3.08 pesos por litro. Aumento del 0.5 al .09 por ciento de ISR para ahorradores en cuentas bancarias. Aranceles a importaciones, aumenta hasta el 50 por ciento en más de 1,400 productos (ropa, zapatos, electrónicos, etc.) de países sin tratado comercial. Recargos fiscales con una tasa por mora aumenta drásticamente a 2.07 por ciento mensual. Se contempla un impuesto del 1 por ciento a remesas en efectivo, giros y cheques de caja desde EE. UU. Nuevos cobros por permisos a menores saliendo del país, certificados turísticos, y entradas a zonas arqueológicas y museos.
En repetidas ocasiones se le cuestionó a la presidenta Sheinbaum de los nuevos impuestos para el año 2026, en su respuesta siempre sostuvo que no habría nuevos impuestos, solo ajustes. Finalmente, en ese eufemismo, escondió la maldad envuelta en la nueva ley de ingresos 2026 con incrementos brutales de impuestos nuevos y continuos; mientras tanto, los legisladores morenistas tienen el descaro de instalar y activar un salón de belleza al interior del Senado como en los años del PRI. Lo más encantador es que dicen que no son iguales que el PRIAN.
La presidenta Sheinbaum habla con desdén del neoliberalismo y de los neoliberales, y en su discurso dicen haber dejado atrás el neoliberalismo; sin embargo, mantienen al IEPS que es un impuesto creado en el periodo neoliberal; además, lo han abrazado con mucho cariño que hasta lo incrementaron. “No subimos el IEPS al refresco solo por recaudar impuestos, lo hacemos por ayudar a la salud de los mexicanos para que reduzcan su consumo”. Esa es la respuesta de una Jefa de Estado al ser cuestionada sobre el incremento del IEPS a las bebidas edulcorantes, como si el sistema de salud actual lo justificara.
Las repercusiones por los impuestos 2026 serán inmediatas con una proyección raquítica de crecimiento económico promedio del 1.5 por ciento; un escenario de incertidumbre en la inversión por la inseguridad; se elevarán los precios al consumidor provocando un impacto inflacionario mayor; se espera una reducción del poder adquisitivo. Es posible una regresividad agravando la desigualdad, afectando más a los que menos tienen. Las condiciones externas podrían estar en riesgo debido a la dependencia de la demanda estadounidense. Habrá afectaciones a la cadena de suministro; toda vez que, las empresas enfrentarán mayores costos logísticos y de proveedores, lo que se trasladará al consumidor final.
En resumen, se espera “Un Costo de la Vida más Alto” en 2026, lo que afectará mayormente a la población más vulnerable, y tal vez, convierta el eslogan de la presidenta Sheinbaum y la 4T “Por el bien de todos, primero los pobres” en la mayor afrenta de los más de 60 millones de pobres.