Calle 31 Poniente.
Una mujer con trenzas, falda y enagua intentó bajar del ruta 10.
El conductor desespera y no espera, y practica el “arrancón”.
Las manos de la mujer no sueltan el tubo de bajada, mientras vuela como papalote.
El ruta 10 detiene, ante los gritos desesperados de los pasajeros.
Sin clasismo ni racismo: el hecho me recordó una escena de alguna película de la célebre India María.
Pero así, el chafa transporte público en Puebla, reviviendo la cinematografía mexicana.
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Otra de la 31 Poniente.
El señor conduce a prudente velocidad.
Una señora “maneja” (y chatea y chatea) a menos de 30 centímetros de distancia del señor que viene adelante.
En el rojo, la señora choca “por alcance”.
La señora baja histérica (y lo que le sigue) y reclama al señor: “¿Por qué te detuviste, estúpido?”
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Todo adiestrado conductor sabe que la direccional de su vehículo debe de ser encendida a media calle (o antes) de llegar a la esquina.
Y que al dar la vuelta en esa esquina debe de reducir al máximo la velocidad.
Y que si va a cruzar o cruza un peatón, es obligado hacer alto total.
Alto total.
Una normal mundial que, desafortunadamente, muchos “motocavernícolas” poblanos desconocemos.
Propongo a la autoridad recurrir a la vieja usanza: nada de computadoras. Que el solicitante de licencia sea evaluado de manera presencial.
Con cámaras también, para evitar el chantaje o la extorsión.
Sé que seré escuchado.
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¿Y si rescatamos las antiguas pistas de educación vial en los parques y jardines de Puebla?
Me refiero a la Ciudad Capital, pues en las calles de las poblaciones del interior de la entidad, hasta el 1×1 (sin semáforos) es respetado.
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Educación vial.
Para comenzar, con los prepotentes e ignorantes (que lo somos) conductores particulares poblanos, e incluir a los “distraidos” choferes del transporte público.
Pero de inicio, practicar una buena vialidad mental.