marzo 6, 2026, Puebla, México

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El destronamiento de la “Casa de José” / Atilio Alberto Peralta Merino

Agustín de Hipona como padre de la filosofía de la historia, consideraba que el devenir de “la ciudad humana” se entendía por estar inscrito en un “plan de salvación”, cuyo dinamismo derivaba de la “promisión”, extendida como “gracia” a aquellos a los de manera “gratis dada” la hayan recibido así de Dios.

En consecuencia, observa el “carisma” de los personajes prominente, tanto de la historia profana de Roma desde la fundación y el período de la Monarquía, la entronización de la República y las “guerras púnicas”  hasta la etapa de declinación del Imperio; así como, de manera por demás primordial  en la “historia sagrada”; “carisma” que, al ser manifestación de un plan divino “ no son los hombres quienes  eligen acceder a éste , sino Dios quien hace la elección”,  por lo que, en consecuencia no necesita jamás  ser justificado.

En el  “Antiguo Testamento”,  en ningún momento quedan  asentados  los motivos por los cuales patriarcas,  jueces,  reyes, o  profetas de Israel se hayan erigido en las “voces del espíritu”; aun cuando , eso sí, se expresa de manera fehaciente el momento en que el elegido entra a la escena de la historia sustituyendo a un predecesor  y ello, prácticamente   a lo largo de  todos sus libros,  desde “Genesis” hasta “Malaquias” en la versión protestante de Casiodoro de la Reina y Cipriano de Valera, o hasta Macabeos y Tobías en las ediciones que cuentan con el “nihil obstat” de la Iglesia de Roma.

Existe, no obstante, una situación peculiar sobre la que me percaté hace muy poco tiempo y sobre la que ignoro la existencia de cualquier disquisición relevante al respecto:

El Libro del “Genesis”, culmina con la bendición extendida por Jacob a los hijos de “José”, y, aun cuando éste señala la primogenitura de Manesés, Jacob le señala en efecto, un destino  venturoso, pese a lo cual , también, deja en claro, que  sus bendiciones no son para el primogénito sino para el hijo menor “Ephrain” , sin motivar tal decisión dado que  ello no es necesario para los planes “Divinos”, al menos así  lo habría expresado San Agustín de Hiponna;  culminación que cubre a la tribu de “José” de un esplendor deslumbrante, para, repentinamente, al iniciarse el “Éxodo” quedar relegada por la de “Levy” sin que, al menos en muchos pasajes,  quede asentado el momento en el que por el seguimiento del “Plan Divino, ” la “Promesa” observó tal cambio de destinatario en la historia.

Resulta claro en el libro de “Josué” que “Rubén” y por ende su tribu, habiendo perdido los beneficios de la primogenitura, reciben por heredad las tierras del lado del “Jordán” que preceden a la tierra que ha sido prometida a Abraham para ser ocupada sobre los “amorreos y los cananeos”, recibiéndola al ser derrotado Og Rey de Basán; y no será, sino hasta el libro de “Crónicas”, en donde quede asentada la concerniente “capitis diminutio” de Rubén y de su tribu.

Pese a que disuadió la perfidia de los hermanos en contra de “José”, motivada por la irritación que sus seños despertaban, preservándole la vida, Rubén yació con Bilhah, sirvienta de Raquel y una de las concubinas de Jacob, “violando con ello el lecho paterno”.

El “Salmo 78” expresa que la “Promisión” en el “Plan Divino de Salvación” pasó  a la casa de “Judá” en virtud de que los “joseitas” habían fabricado el “Becerro de Oro” al momento en que Moises ascendió a la “Montaña Sagrada del Siani”, el hecho de que tal referencia no se consigne en el “Éxodo”, entiéndese  que escrito con mayor cercanía a los supuestos sucesos, no demerita el contenido del “Salmo”, en virtud de que, según la exégesis de los sabios estudiosos, las “escrituras” se interpretan con un método hermenéutico y no histórico.

La aseveración contenida en el “Salmo 78” podría prestarse a suspicacias de alguna imaginación poco piadosa, dado el hecho de que la misma “escritura”, consigne como autor de éstos  a David, integrante éste  de la “Casa  de Judá” ,  claro que, ante el hecho incontrovertible de la autoría divina del texto, tal suspicacia quedaría echada por tierra,  claro que, como sucede en casi todo documento, los escribanos pueden siempre introducir textos que no fuesen dictados con plena claridad por el autor primigenio.

Por lo demás, que de manera previa, durante  e incluso, con inmediata posterioridad  a los sucesos referentes al episodio del  “Becerro de oro”, el mando sobre las tribus correspondiera a los levitas y  no a la “Casa de Judá”, la cual no se entronizó sino hasta el momento en que David encabezó una sedición contra Saúl, el legítimo rey ungido por Samuel por voluntad  de Dios, tampoco revela mayor contrariedad, ya que, como quedó previamente asentado, la Biblia no se interpreta por métodos históricos sino hermenéuticos.

El destino promisorio anunciado a la casa de “José” en la persona de su hijo menor ”Ephrain” por “Jacob”, sin señalarse un abierto destronamiento como el de “Rubén”, acaso habría de ser explicado por el Profeta “Isaías”, en virtud de la alianza tejida por los integrantes de la “Casa de Ephrain” con los asirios, en medio de la interminable guerra civil entre Israel y Judá, división suscitada a la muerte del autor de los “Proverbios” y  derivada del castigo de Dios a Salomón por haber rendido culto  a los dioses extranjeros traídos a la “tierra de promisión”  por su esposa egipcia.  

La “Casa de Judá” asume el pleno poder para desvanecerse ante a la muerte de  Salomón consumido por guerras intestinas y la expansión del poderío babilónico en disputa con Egipto, habiendo sido tomado por la fuerza de  Saúl, perteneciente por cierto a la “Casa de Benjamín” hermano de madre de “José” y  en cuyo ungimiento, el juez Samuel, acaso el último de los líderes del pueblo perteneciente a la “Casa de Levy”,  deja más que de manifiesto un momento histórico  en el que, siguiendo a Lewis Henyo Morgan  y a Federico  Engels se manifiesta el  surgimiento de  la familia, la propiedad privada y el estado.

Me atrevo a aseverar que para los más sabios teólogos protestantes o católicos, no representaría empacho alguno enfrentar las aristas que conllevan  el hecho del destronamiento de la “Casa de José” con  su historia  primigenia originada en los sueños , como tampoco para  la  filosofía de la historia tal y como la esbozara Agustín, y a partir de él Vicco,  Hegel, Spengler, Heidegger  o Marx, aun cuando éste último manifestaba expresa desacuerdo en ser considerado un “filosofo de la historia”; una historia edificada sobre sueños, “la más bella de las historias de la humanidad” habría aseverado en alguna ocasión León Tolstoi,  aún cuando  soy de la idea de que la gran reflexión sobre tal suceso está  aún por escribirse.

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