Una somera revisión del escenario político nacional y el encanto de Zacatlán
En la discusión que se da en los medios capitalinos con frecuencia uno encuentra “razonamientos” tramposos, superficiales, parciales y contradictorios. En buena parte por esto, los medios cada vez influyen menos en la imagen y credibilidad de un funcionario o un poder.
Un juicio recurrente es que desde el poder se polariza a la sociedad. Pero ocurre que buen número de opinantes, opositores en gran medida, al paso del tiempo, no varían un centímetro de una actitud de condena acre y crónica. La condena absoluta sin el reconocimiento mínimo es un radicalismo egocéntrico absurdo.
so puede ser todo menos crítica. El filo del estilete y el aplauso debieran ser parte de la crítica inteligente, son parte de un todo, coexisten perfectamente. Con cada descarga azuzan animadversiones, o eso pretenden, y se distancian de modo persistente de posiciones equilibradas, sensatas y ecuánimes.
No cesan de arrimar leña a la hoguera. Y en la otra esquina, no se cuida con imaginación, trabajo y estrategia la respuesta al ejército de fusilamiento diario. La visión anti todo es sistemática, sin concesión alguna a puntos de vista del oficialismo.
Desde el flanco gubernamental, tampoco se encuentra una información completamente satisfactoria. Además, los gobiernos morenistas no han tenido la menor preocupación de formar cuadros informados y convencidos de sus políticas y estilo de gobierno, que sirvieran de apoyo legítimo a esa causa.
No pienso en jilgueros, panegiristas o aplaudidores a sueldo. Eso no sirve. No, gente preparada y convencida que sepa utilizar la crítica, crítica que ayude al poder, pero mucho más aún a la sociedad toda.
A veces pareciera un diálogo de sordos.
El ejercicio de comunicación de las mañaneras me parece legítimo aunque saturador. Con un acento: el estilo de la presidenta, con ser medido, prudente y repelente ante las provocaciones de ciertos críticos, carece del calor y color de López Obrador. El estilo de ella es seco y parco, corto.
Se nota la falta de encanto y soltura. Está en el filo de su estrategia diseñada, aunque podía dar más de sí. Pero no se sale un ápice del marco establecido. La gente ha valorado bien siempre a quienes hacen pedagogía con la palabra. No es fácil desde luego. Una verborrea encanta serpientes es fatal si no está respaldada en una conducta de principios y con hechos que rescaten el valor de las palabras.
Con la sola retórica no se gobierna, por supuesto. Pero con hechos fríos tangibles y elocuentes, sin el verbo prudente y persuasivo que los explique tampoco.
¿En quiénes pienso con esa figura, empaque y convicción y congruencia? En Heberto Castillo, Carlos Castillo Peraza, Muñoz Ledo -antes de la etapa de su decadencia con arranques patológicos- y Tatiana Clouthier, por ejemplo.
¿Figuras e imágenes inalcanzables? No, por supuesto. Sólo que atrás hay estudio, trabajo, conocimiento de la psicología social, sensibilidad política y congruencia de vida. Nada más, pero nada menos.
Un brinco a Zacatlán
Un viaje rápido a Zacatlán invariablemente resulta alentador, estimulante. Por muchas razones, pero generalmente la cultura, el clima y la gastronomía se confabulan para el disfrute pleno.

Por ejemplo, la presentación de Grandes Músicos Zacatecos, nuevo libro del maestro Nemesio Barragán Solís, quien nos muestra una estupenda colección de biografías, narradas de forma elocuente y amena, de diecisiete amantes de la música que alcanzaron éxito en el país e incluso en el extranjero. Un rescate valioso de oriundos de esa tierra, modelos de pasión creativa.
Al trabajo valioso de Nemesio, quien es además director de Cultura y Educación del municipio, se sumó el comentario del libro a cargo del maestro Felipe Guzmán, un cronista e historiador también zacateco; y el aliento de la presidenta Beatriz Sánchez, más un público ávido de apreciar su historia y alentar sus valores.

En esa misma tierra un buen café platicado con Javier del Valle, un hotelero de añejas raíces en el pueblo, quien adereza la conversación con anécdotas y detalles de un mundo de experiencias en esa región de la sierra norte. Javier es parte de esa sociedad pujante e innovadora que puebla este rincón poblano.
Otro grato momento de sabrosa convivencia es con Maru Fernández, una empresaria restaurantera y regidora, quien asistió a la Feria Turística de España (FITUR) y trajo un rico muestrario de ideas que ha integrado y prepara para su eventual aplicación allá o en el estado.

Con motivo del Día de la Mujer, interesante resulta también un conversatorio bien organizado con tres damas de trayectoria importante, cuyas experiencias y vidas inspiran a una concurrencia que se dio cita en el Museo de Zacatlán, un hermoso recinto escenario de actividades culturales varias en el año.

La gastronomía en Zacatlán está siempre con la mesa puesta. Hay un precioso restorán relativamente nuevo que se llama “La Bikina”, decorado con elementos antiguos de casonas de esta ciudad, que acoge y halaga a los visitantes; muy recomendable.
Pero igualmente el paladar encuentra halago en la cocina popular. En el Mercado de Sabores existen varios pequeños restoranes o puestos de comida diversa y exquisita. Uno de ellos es el de “Toñita”, limpio, ordenado y con una variedad de moles, sopas y los frijoles característicos de la sierra.

El lugar se ve limpio, ordenado y la oferta de olores y sabores es verdaderamente seductora.
En el Zócalo los infaltables helados de “Juanito” y el hermoso y colorido paisaje que esa ciudad tiene como vestuario que es escenario de bienvenida permanente al visitante que tiene el buen tino de dirigir sus pasos por esta singular tierra.
