Como casi siempre ocurre en Puebla, abril arroja sobre el valle lluvias intensas como las que han azotado a la ciudad en la última semana. Con ella llegan los escurrimientos desde la Malinche y sobre las decenas de barrancas que corren hacia los rios Atoyac, San Francisco y Alseseca para parar en Valsequillo. Escurren igual desde las montañas en las que se acumulan millones de toneladas en el basurero de Chiltepeque, mal llamado relleno sanitario. Los activistas ambientales y los campesinos de Santo Tomás Chautla se lo advirtieron a los inspectores de la dependencia federal PROFEPA en enero pasado. La dependencia adujo que no había escurrimientos por ser epoca de secas y no podía hacer nada. Llegaron las lluvias y ahí estan los lixiviados escurriendo libres desde todos los desfogues que el basurero tiene dispuestos alrededor de los cerros de basura.
Y aquí etá el testimonio que levantan los activistas y que una vez más demandan la intervencion de la autoridades.