Este texto fue leído por su autora en la presentacción del libro de Jorge Carrillo Luchadoras. memoria de una deshonra saldada, publicado en Cordoba, España por la editorial Almuzara en 2025.
El libro de Jorge, hijo de Santiago Carrillo, es un homenaje a las protagonistas de la narración: María Alivio y Carmen, abuela y madre del autor, respectivamente. Escrito desde la intimidad de los recuerdos, de lo que vio y testificó, así como de lo que le contaron, indagó e imaginó, la obra relata tramos interesantes de la vida azarosa, intensa y excitante en la que estuvieron envueltas estas mujeres.
El trayecto vital que ellas recorrieron tuvo por punto de partida el pueblo de Santullano, enclavado entre escarpadas montañas y ambiente melancólico que propicia la cordillera cantábrica de España. “Muchas mañanas, las nubes son tan bajas que sólo al llegar a la Pola, la capital del Concejo, se emerge de la niebla.” Ahí, en Asturias se vivió la Revolución de Octubre de 1934 que desencadenara la huelga obrera general convocada por las organizaciones sindicales de Alianza Obrera y la CNT, que en el pueblo sostuvieron los mineros de Santullano. Razón también por la que el pueblo adoptó el nombre de “la Pequeña Rusia”. Huelga en la que Manuel, tío abuelo de Jorge, jugó un papel importante en ella.
Preparar esta presentación significó para mí un placer, en primer término, porque la invitación provino de una pareja excepcional en muchos sentidos, con la que comparto una larga amistad, miradas, inquietudes y cariñosa cercanía, la de Rosario y Enrique, a quienes les doy mi agradecimiento por su confianza. También porque esta exposición ocurre en esta ciudad; la Puebla de Zaragoza, antes únicamente la Puebla de los Ángeles, hoy a la vez una y otra (permítanme el atrevimiento, formulado a partir de una motivación comprometida con la pluralidad).
Igualmente sentí mucho agrado en hacerlo porque inevitablemente evoca a la ciudad en cuya historia reciente, de hace seis décadas, estaba en buena medida determinada por la sagacidad y limitaciones de los comunistas. Una ciudad que supo dar tregua a los choques para permitir la pacífica convivencia de sus residentes, entre ángeles y demonios. Si aquí, a donde llegó el influjo del Eurocomunismo y sus concomitantes discusiones, como no podía ser de otra forma.
Lugar que acogió a tantos españoles que la fundaron y habitaron sea en busca de hacer fortuna o no, expulsados por motivaciones económicas o refugiados por la guerra civil de 1936-39 que, intervenida por la Alemania nazi y la Italia de Mussolini, fue el doloroso prefacio o ensayo de la guerra total, caracterizados así por Eric Hobsbawn y Josep Fotana. Guerra civil que concluyó con la caída de Madrid, “la trinchera romántica de todos los hombres libres”, recordaría Pietro Nenni.
Debo decir que mi lectura fue nutrida de emoción al seguir las páginas de este libro de memoria que involucra a personajes femeninos que militaron en las filas de los militantes de la internacional comunista. Desde mis ojos, los de una historiadora, es testimonio novelado que engulle al lector en el tiempo de estas mujeres, en primer término, valientes, e inflexibles amazonas para mantener en sus manos las riendas de su vida, de sus objetivos, de sus prioridades en circunstancias difíciles.
Unas veces arrojadas a los mundos que las circunscriben, expuestas a las fuerzas del exterior, otras dentro de la burbuja de la familia comunistas (la consanguínea y la política, es decir la ampliada por los anhelos e ideología, tal como la definen los politólogos), el autor logra envolvernos en la descripción de los desafíos que conllevaba la más pura vida cotidiana: la asistencia a los mítines de los republicanos en Barcelona, la atención de los heridos, el camino del exilio, el ingreso al partido, las tareas de reorganización, el archivo fotográfico de las comunicaciones con los combatientes, la cita con los contactos, las misiones especiales, el peregrinar entre residencias que cobijaban la clandestinidad, las tareas en la prensa de los comunistas franceses, la vida clandestina vivida con normalidad, la angustia de las detenciones de camaradas, etcétera, etcétera.
Y en medio de todas las tareas de lucha, vinieron los amores, la admiración por los brigadistas internacionales, el desconcierto por la partida del suelo patrio, la asimilación de las jerarquías de los mandos entre los combatientes, la incertidumbre resignada por el destino de amigos conocidos comisionados por el Kremlin. Me pregunto ¿Hubo sentimientos en María Alivio cuando supo del arresto y ejecución de los asesores rusos que permitieron a los trotskistas participar en el gobierno de la república, acusados de traición?
El relato me recordó a la historiadora norteamericana Silvia Arrom, empeñada en ver en los gestos y conductas de las mujeres, su participación decidida en la historia. Porque aún en sus tareas cotidianas, de corte mundano, fueron políticamente muy activas. Así, no descuidaron su rol de madres y esposas, lo mismo que estuvieron al cuidado de los hijos en un contexto en el que, en la mayoría de las ocasiones, para los “OTROS” niños, apunta Jorge, los tres hermanos, los hijos de Carmen y Santiago, “no debíamos ser más que extraños”.
Los chicos de entonces no estuvieron exentos de los regalos de navidad, ni de juegos de futbol, aunque sus vidas estuvieron expuestas a la guerra, de España y la devastadora Segunda Guerra Mundial. Tampoco carecieron del llamado de atención para hacer de ellos, seres reflexivos, responsables y comprometidos. Léase, por ejemplo, el pasaje en donde el autor recuerda la reconvención paterna. Ellos, los hijos y nietos de María Alivio y Carmen, sin embargo, fueron involuntarios cómplices de la circunstancia en que vivían.
La vida familiar, en resumen, se fue desarrollando en situaciones extraordinarias, entrelazada con las instancias del partido. Así era el día a día, entre la escuela, la farmacia y otros recintos que enmascaraban la clandestinidad y los falsificadores de documentos. Salían de la burbuja como la familia Giscard para transitar por las fronteras del exterior, el mundo en guerra, la Francia ocupada por los nazis, la Europa de la posguerra y el mundo impactado también por las purgas de Stalin y el Gulag.
No cabe duda de que la organización internacional y los camaradas franceses, dieron a estas mujeres y a su familia, momentos de tranquilidad, apoyo y contención. Pero queda claro que no eran los más frecuentes.
En el último tramo de su vida, la transición a la democracia, el eurocomunismo y la oposición a este entre facciones comunistas, la familia entera es protagonistas en razón lógica a la edad de los hijos y el importante papel que tuvo Santiago Carrillo en ellos. Las etapas de marginación hasta la expulsión del PC español son narradas en páginas que mantienen al lector entre el suspenso, la respiración anulada y una sensación de tristeza. Efecto como cuando se ha perdido más que la sonrisa de los amigos.
La intensidad siempre las acompañó. Nada de esto hubieran vivido, sin que estas mujeres, madre y abuela, se armaran de entereza y de herramientas para salir adelante de aquel Santullano, cuyo afán rebelde y opositor no alcanzaba la vida de sus mujeres. Desde el inicio, el futuro para una mujer soltera en Santullano no era prometedor y no lo fue cuando se apersonó ante Alivio la presencia ruin y poderosa de don Blas en 1923 que la invadió hasta las entrañas. No dejé de experimentar sororidad con ella y admiración por la forma en cómo se dispuso a salir del trance.
“Decidió irse a Madrid…Alivio se preparó para el viaje … tenía que ir …al Cuartel de la Guardia Civil… para que su padre firmara los papeles que le permitirían viajar sola por esta España donde esta mujer no tenía derechos, (y ya allí) de repente se encontró sola … su mundo tranquilo había desaparecido”.
Así comenzó su viaje; el primer tramo fue de Santullano a Madrid y de ahí a Barcelona. Después vino Francia y la espectacular preparación del retorno a España de la familia, llena de angustia, tensión por la apuesta y firmeza. A esa altura María y Carmen junto a su familia, habían tejido en su cuerpo y esqueleto una sólida templanza.
Otras mujeres aparecen en el relato, no todas ellas politizadas o comunistas. Ellas habrían de contribuir a sortear la infinidad de obstáculos que estas mujeres encararon. Con Montse comenzó el aprendizaje de las primeras letras, la profunda amistad con Adelaida Abarca y los amigos significativos, entre ellos Fernando Claudin, Dolores La pasionaria, Victoria Pujolar, Julián Grimau y por supuesto la compañía de Alberto y Santiago, hasta la muerte.