Hoy reconocemos a quienes enseñan mucho más que contenidos escolares.
A las maestras y los maestros que, todos los días, sostienen comunidades enteras con paciencia, conocimiento, sensibilidad y compromiso social.
Reconocemos a quienes caminan largas distancias para llegar a una escuela rural; a quienes enseñan en contextos de pobreza, violencia o desigualdad; a quienes compran materiales con recursos propios; a quienes acompañan a niñas, niños y jóvenes cuando la realidad pesa demasiado; y a quienes siguen creyendo que la educación pública puede transformar la vida colectiva.
Ser maestra o maestro no debería significar precariedad, incertidumbre laboral ni sobrecarga administrativa.
La educación no puede sostenerse sobre contratos temporales, salarios insuficientes, falta de estabilidad o miedo a organizarse sindicalmente.
Defender a las y los maestros también es defender:
el derecho del pueblo a una educación pública, científica, crítica y humanista;
la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres;
el acceso de los pueblos originarios a una educación con identidad y lengua propia;
la inclusión de personas con discapacidad;
la alimentación, la salud emocional y el desarrollo integral de las comunidades;
y la posibilidad de construir un país más justo y solidario.
Las maestras y los maestros no solamente forman profesionistas.
Forman conciencia, memoria colectiva, pensamiento crítico y esperanza.
En cada salón de clases se disputa también el futuro del país:
Si educamos para competir o para compartir;
si educamos para obedecer o para pensar;
si educamos para el individualismo o para la organización comunitaria.
Por eso, hoy también es un día para reflexionar sobre la necesidad de fortalecer:
La educación pública gratuita;
la estabilidad laboral;
la democracia sindical;
la formación continua digna;
la infraestructura educativa;
el acceso universal a tecnologías;
y el respeto pleno a los derechos laborales y humanos del magisterio.
A las maestras y maestros jubilados que entregaron décadas de su vida a la educación del pueblo: gracias por abrir camino.
A las y los jóvenes docentes que hoy enfrentan condiciones difíciles: no están solas ni solos.
A quienes enseñan desde las aulas, talleres, comunidades, cooperativas, universidades, telebachilleratos, normales y espacios populares: su trabajo tiene un profundo valor social.
Que este 15 de mayo no sea solamente una felicitación simbólica.
Que sea también un llamado a construir colectivamente condiciones dignas para enseñar y aprender.
Porque cuando una maestra o un maestro siembra pensamiento crítico, organización y solidaridad, florece la posibilidad de un país más humano.
¡Feliz Día de la Maestra y el Maestro!
Con respeto y reconocimiento para quienes educan, acompañan y luchan por un México con más justicia social, igualdad y dignidad para todas y todos.