agosto 12, 2026, Puebla, México

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Bosques Saldivar: de Chiautla al visado al Paraíso / Moisés Ramos Rodríguez

Férrea memoria

I.- Donde abunda el lodo

El joven estudiante poblano se encuentra, repentinamente en el Gilberto-Bosques-Promenade en Viena, Austria. Hay un reconocimiento aquel día, proyectará un documental sobre el personaje y él no sabe quién es. Se entera no sólo que se trata de un mexicano ilustre, sino de un paisano suyo, nacido en Chiautla de Tapia el 20 de julio de 1892.

El Paseo peatonal Gilberto Bosques (Saldívar) —podemos traducir— es un homenaje a quien, en representación de los Estados Unidos Mexicanos se opuso a la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938; y llama a recordar que ese diplomático mexicano otorgó visas a más de cuarenta y cinco mil perseguidos por el fascismo, aunque aún no tenga una película de súper producción como Oskar Shindler.

Visa al paraíso de Lillian Liberman Shkolnikoff (2010, desde el 2025 en YouTube https://www.youtube.com/watch?v=0afNeAGU6Vk) documental mexicano, detalla cómo, entre 1939 y 1944, Bosques Saldívar hizo cuanto pudo, incluso bajo amenazas de muerte para salvar vidas: trece meses lo mantuvo preso la Alemania nazi. Miles de refugiados lo recibieron cuando fue liberado y regresó a México.

La propia Lillian Liberman es compiladora de la publicación De viva voz. Vida y obra de Gilberto Bosques. Entrevistas y testimonios, publicada en el año 2016.

En Marsella, donde Bosques Saldívar laboró de 1940 a 1942, principalmente para embarcar a los protegidos, una plaza lleva su nombre y, donde estuvo su consulado —Square de Stalingrad—, una placa y sus palabras: “Fue un privilegio encontrarme en esa situación, que me permitió desenvolver una acción en la gran causa del hombre.”

Libro imprescindible para conocer al hombre y sus orígenes es Chiautla y Puebla en mi vida, del propio Bosques Saldívar, editado y prologado por Alberto Enríquez Perea, publicado por la BUAP en el año 2015, sin reedición hasta el momento y, al parecer sin la necesaria traducción a otros idiomas.   

Después de su descatadísima y recordada vida en Europa, Bosques Saldívar fue embajador de México en Cuba, entre 1953 y 1964, por lo que el también diplomático y cineasta Miguel Díaz Reynoso hizo el documental Cuadernos de La Habana (2025), en el cual, entre otras cosas enaltece a uno de los más éticos de los diplomáticos conocidos.

Don Enrique Gilberto Bosques Saldívar murió en la Ciudad de México el 4 de julio de 1995, dieciséis días antes de cumplir 103 años de edad.

II.- Nacimiento en rebelión

Chiautlán, o Chiautla, “lugar donde abundan los lodos cenagosos”, fue llamado “De la sal” por la presencia abundante de este mineral en el sitio, como en otros cercanos (Chila de la sal, Zapotitlán salinas); se le llama “De Tapia”, por Mariano Antonio Tapia, el sacerdote católico que luchó con José María Morelos en la Revolución de Independencia, originario del sitio.

Profesor, escritor, poeta, editorialista, diputado y, como director de El Nacional, periodista, pero ante todo diplomático, el propio Enrique Gilberto Bosques Saldívar, en el citado libro Chiautla y Puebla en mi vida, al hacer un recuento de las “Rebeliones contra Porfirio Díaz (1890-1910)”, consignó de dónde venía su germen revolucionario: el 3 de mayo de 1893, cuando él no había cumplido siquiera un año de edad, hubo una rebelión en su ciudad natal:

“Chiautla de Tapia, estado de Puebla. Don Abraham Ramírez, autor intelectual. Don Jesús Morales, Jefe de los rebeldes en el asalto a la plaza.” Y más adelante, muy cerca de ahí hubo, en 1909 otra revuelta, en Tehuitzingo.

Sin embargo, en el libro formado por Alberto Enríquez Perea (Izúcar de Matamoros, 1954), gracias a que la hija de don Gilberto, Laura Bosques Manjarrez le permitió acceder al archivo personal del diplomático, leemos en la primera de las cuatro partes del texto, que además contiene cinco Anexos y dos Cronologías: “Chiautla” y como subtítulo “Las raíces”.

Ahí es donde Gilberto Bosques nos presenta la historia de su municipio, el cual enaltece sobre todo por la actitud de sus habitantes desde tiempos previos a la invasión española, incluso desde los intentos de Moctezuma Xocoyotzin (o II), de someter a quienes se convertirían en aliados, proporcionando dos mil flechadores para las guerras que acometía el mexica.

Recuenta el embajador, con base en sus investigaciones, que el sitio fue poblado por xicalancas llegados desde el sur, y por olmecas llegados del altiplano mexica. Destaca la presencia en la zona de tlahuicas, mixtecos, chichimecas, mexicas, y detalla su herencia en “lenguaje de piedras arqueológicas”: “Pilcaya, Chila, Chapulco, Cerro Grande, Cerro del Zapote, Piedras Paradas, Ixcamilpa-Salinillas, Cerro de Tecaballo, Tepatlaxco, Los Judíos, Cerro del imperio, Tlaica, Miquitenzingo…”

Habla Bosques Saldívar de quienes se establecieron en Tepatlaxco, o “tapia de piedra”, una cima plana en un cerro inaccesible, con brotes de agua en los costados que permitieron la vida, donde resistieron a los mexicas.

“Aquellos pueblos cifra de libertad y autonomía: no fueron sujetos de dominio imperial y cultivaron su dignidad y señorío” que fue “descrito” en un informe del fraile Joan de Grijalva de 1550, como una región seca donde apenas había un árbol, pero en otro, de mediados del mismo siglo XVI (depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid), se habla con mayor verdad del sitio y sus aportaciones desde tiempos prehispánicos:      

“En sus términos están las minas que llaman de Ayoteco que son de plata y dan cuatro tributos en un año y en cada una cuarenta cargas de ropa y cuarenta cargas de sal” la cual se saca de una laguna, se asienta.

La información que le proporcionó el general zapatista Gonzalo Carrillo sobre un lugar especial: Nexcuezcomatl, “agua de lejía depositada”, pinta de cuerpo entero a quienes resistieron todo el tiempo cualquier tipo de sometimiento, “altivos bastiones”: guerreros de Tepatlaxco y los de la barranca de Ixhuatlán que cavaron un foso en torno a la alta tapia de piedra donde habitaban e impedía el paso a cualquiera que no fuera bienvenido. Homero, autor de La Ilíada, podía haberlo retratado igual.

Explica entonces el diplomático: los guerreros citados “con otros grupos surianos de aquellas sierras libres, fueron los que se opusieron al dominio de la Gran Tenochtitlán…  se respetó su autonomía sin obligaciones tributarias a cambio de una alianza militar.”

El sacerdote Juan Medina Rincón informó en 1566 —cita Bosques— que, poco antes de la invasión hispana Chietlán era un lugar fue poblado por enviados de Moctezuma (“aficionado de la fertilidad de la tierra”): xochimilcas, cuyuacanenses, tlatelolcas y mexicas, quienes también se asentaron en otros lugares cercanos a donde abundan los lodos cenagosos.

Ahora cita Gilberto Bosques a Valentín López González, quien dejó escrito que, más al sur de donde actualmente se unen los Estados de Puebla y Morelos “vivían los grupos autónomos de flechadores, fuertes en cumbres rocosas y bravías… nativos pueblos que, fieles a su maduro espíritu de libertad apegado a la tierra, rechazaron la sumisión” no sólo de los mexicas, sino de todos cuantos llegaron a esa región “meridional de Mesoamérica.”

Y más: “Ante la belicosa aparición de Hernán Cortés en los horizontes orientales del suelo mexicano, los pueblos insumisos se aprestaron a luchar contra las legiones de hombres de acero y bridón”. El líder militar de aquellos ingobernables, Nexcuezcomatl, les mostró que no eran dioses, semidioses ni mucho menos: en el Cerro los Judíos, hoy se puede ver el ejemplo que les dio: un guerrero natural de esas tierras sureñas venciendo a un hispano, lo cual mostraba su vulnerabilidad, como la de cualquier mortal.

Con esos antecedentes ¿cómo no entender el espíritu bravío, independiente, autónomo y revolucionario de Enrique Gilberto Bosques Saldívar? Cuando fue enviado a la capital poblana para que siguiera estudiando, era tal el apego a su tierra, libre y soberana, que escapaba a Chietla, una y otra vez, hasta que su familia se estableció con él en la Angelópolis, para retenerlo.

Por lo anterior leemos en la página 189 del libro Chiautla y Puebla… la “Definición de la Revolución Mexicana” que escribió don Gilberto Bosques:

“Proletaria. Campesina. Obrerista. No intervención. Antifeudal. Anticolonialista. Antiimperialista. Libre determinación de los pueblos. Igualdad jurídica de los Estados. Proscripción del empleo de la fuerza y desconocimiento de territorios adquiridos por la fuerza. Proscripción de la justicia represiva. Educación laica de servicio social.”

Además, recordemos, entre sus ancestros estaba el coronel Seferino Saldivar quien, aliado a Porfirio Díaz, luchó contra los franceses durante la Intervención de éstos en el siglo XIX,

¿Cómo no se iba a oponer a los enemigos de la Revolución Mexicana, a los nazis, a Francisco Franco, a los perseguidores…? En parte, por ello, no quiso trabajar bajo las órdenes de Díaz Ordaz a partir de 1964, cuando se retiró, a los 72 años de edad, de la vida pública.

III.- Profesor normalista, propagandista

En cuanto a la formación de don Gilberto Bosques Saldívar debemos recordar que, en casa tuvo la magnífica biblioteca de uno de sus abuelos, su mamá le instruyó en todo lo que debería saber de haber cursado la escuela primeria, y su padre era un lector impenitente, cuyos amigos eran los “profesionales” del municipio, como el alcalde, el médico, el sacerdote.        

Una vez en Puebla, donde no le fue difícil revalidar sus estudios, se inscribió en el Instituto Normalista de Puebla (hoy Benemérito Instituto Normal del Estado, BINE “Gral. Juan C. Bonilla”), donde se formó como profesor. Ahí fue el presidente de la Junta de Estudiantes y, con ocasión de la vista de Francisco I. Madero como precandidato a la presidencia de la república, se enfrenta al director del plantel, lo cual le costó persecución.

Los estudiantes iban a llevar la bandera de su Junta al mitin con Madero; el director la “secuestró” en su oficina, y ellos, la víspera del acto, mandaron a hacer, con unas costureras de la Calle de Herreros (actual Avenida 3 Poniente), una nueva, la cual les fue entregada la madrugada de aquel mayo de 1910. Los alumnos normalistas recibieron a Madero en los rumbos de San Javier; el gobierno estatal cargó contra quienes acudieron a la reunión, y Bosques Saldívar hubo de huir a Chiautla, que conocía muy bien, donde era reconocido y fue protegido.

Una vez electo Madero, el director que había delatado y corrido a Bosques, fue despedido. Concluyó su información normalista hasta 1912.

Para 1914, Bosques era maestro auxiliar en la primaria José María Lafragua; el 22 de abril llegó a Puebla la noticia de la invasión norteamericana, con soldados en el Puerto de Veracruz. Bosques redactó una solicitud para separarse de su cargo, no esperó la respuesta y, en tren se fue a la ciudad de México, donde consiguió un pasaje hacia las cercanías del puerto y, en San Rafael, formó un grupo civil de apoyo al Ejército Mexicano para repeler la agresión, relata con detalles en el libro Chiautla y Puebla en mi vida.

Bosques había llegado en 1909 a Puebla a estudiar; pronto se hizo miembro del Club Luz y Progreso, del Partido antirreeleccionista, que presidía Aquiles Serdán. Luchó al lado de éste, repartía propaganda en zonas fabriles como la de hoy conocida como La María, y fue perseguido, exiliado en Chiautla. Al triunfo de la revolución, Victoriano Huerta lo persiguió, pero siguió leal a la revolución, no a los caudillos.

En 1917 Gilberto Bosques trabajó de cerca con Venustiano Carranza, quien lo envió a propagar los ideales de la revolución en Tabasco, donde estuvo, y después de trabajar en algunos sitios más, llegó a Tlaxcala con el mismo fin. Quiso estar en la Convención Constitucionalista que definió nuestra Constitución, pero no lo logró, aunque sí pudo ser diputado local, de tal manera que, en julio de 1918, como tal, presentó las reformas a la Constitución local para igualarla a la recién aprobada federal.

Con Claudio N Tirado fue Secretario General de gobierno. En 1922, diputado federal. En 1923 apoyó a Adolfo de la Huerta, pero de 1924 a 1928 fue perseguido por Plutarco E. Calles, presidente de la república y, sin embargo, en 1925 fue Director de Prensa y Propaganda de la Secretaría de Educación Pública (SEP) federal; ahí publicó la revista El sembrador, donde publicaron Diego Rivera, Juan O’Gorman, Leopoldo Méndez y José Clemente Orozco, entre otros.

En 1933 era maestro de la Escuela Nacional de Construcción y de Educación Secundaria Técnica (ambas integradas a lo que es hoy el Instituto Politécnico Nacional (IPN); en 1934, fue diputado federal en la XXXVI legislatura, donde fue Presidente de la Comisión de Educación y, entre otros con el científico Luis Enrique Erro redactó las bases para el Artículo Tercero Constitucional que señala la obligatoriedad del Estado de proporcionar educación obligatoria, sin costo y laica a la población.

En 1929 la Revolución Mexicana se había institucionalizado, y creó el Partido Nacional Revolucionario. Gilberto Bosque, a través de la CROM solicitó a aquél, en 1936 ser precandidato a la gubernatura, que le impidió Ávila Camacho, quien con apoyo de Lázaro Cárdenas se convirtió en gobernador.

Entonces Bosques Saldívar fue llamado por el presidente Cárdenas para ser director del periódico El Nacional en 1937, donde había sido editorialista, especialmente de la sección internacional.

Hablaba y escribía muy bien en francés, y en 1939 fue nombrado Cónsul General de México en Francia. Después, pudo hablar y escribir también en inglés y portugués.

IV. Mexikos Aussen-und asylpolitik

Siempre respondió así Enrique Gilberto Bosques Saldívar cuando se le alababa su labor humanitaria en Europa, desde su llegada en 1939 hasta 1944: “No fui yo, fue México.”

Y tuvo que entregar cuentas de regreso al país, porque hubo decisiones que tomó, por la urgencia de los casos, sin consultar a la Secretaría de Relaciones Exteriores e, incluso al presidente de la república; completamente congruente con su ética, asumió la responsabilidad de todas y cada una de las decisiones así tomadas por él.

“El deber tomaba tales dimensiones, era tan imperativo que no había tiempo para el temor ni el miedo ni cosas que estorban siempre la acción” declaró alguna vez.

Llegó el 1 de enero de 1939 a Francia, pero los nazis avanzaban en la invasión al país, y la parte norte estaba en su poder. Cuando iban a llegar a París, Bosques se fue con su equipo al sur y, después de un primer intento en otro sitio cercano a los Pirineos se estableció definitivamente en Marsella.

Ahí era tal el número de personas que huían del fascismo, de Mussolini y Franco, que Bosques Saldívar alquiló los castillos de Montgrand (destruido en los años cincuenta) para 500 mujeres con niños, y el de Reynard para 850 hombres; ahí decía: Résidence des EE.UU. du Mexique.

En esos dos sitios instaló una clínica médica con pediatras, una oficina jurídica, biblioteca y sitios de formación escolar. Organizó competencias deportivas y conciertos, con huertos que proveían de alimentos, en parte a los residentes que, en 1940 lograron salir los primeros, no todos hacia México, pero si hacia la salvación de sus vidas.

Fue en 1941 que hubo de cerrar el castillo Reynald (hoy sede de atención a niños y jóvenes con problemas por violencia o carencias de diversos tipos) y, en noviembre de 1942 el Castillo Montgrand.

Se calcula que auxilió a cerca de 120 mil personas.

Entonces, las propias autoridades francés aliadas a Hitler, detuvieron y entregaron a Gilberto Bosques, a su familia y a sus 43 colaboradores, a los alemanes, que lo encerraron, con su familia durante trece meses en un hotel, Bad Godesberg hasta 1943 cuando, en Veracruz, detenido un grupo de alemanes, sospechosos de ser espías de su gobierno, fueron intercambiados por Bosques Saldívar, su esposa y sus tres hijos, que regresaron en marzo de 1944 a México.       

Llegó a Nueva York desde Lisboa, donde fue liberado; desde Estados Unidos viajó en tren a México con su familia: Laura, Teresa y Gilberto, sus hijos, y su esposa María Elena (o María Luisa de la Soledad) Manjarrez Romano, quien había nacido en Puebla en 1897 y también era profesora.

Ministro extraordinario y plenipotenciario, de 1945 a 1949 en Portugal, siguió apoyando a españoles exiliados (y perseguidos de otras nacionalidades). Posteriormente fue Cónsul de México en Finlandia y Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Estocolmo, Suecia, de 1950 a 1953; y embajador de México en Cuba de 1953 a 1964.

Se negó a trabajar bajo las órdenes de Gustavo Díaz Ordaz y se retiró de la vida pública. Tenía 72 años y murió 30 años después, a los 102 años de su edad.

V.- El gigante de Chiautla

Me preguntan por correo, desde Europa, si Chiautla es donde está una estatua gigante, en una rotonda, de su destacado hijo y si el municipio ahora será Chiautla de Tapia y de Bosques Saldívar; también me cuestionan si es cierto que el hoy BINE “Gral. Juan C. Bonilla” donde estudió Bosques, llevará ahora su nombre: BINE “Prof. Gilberto Bosques Saldivar”; si la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla ya tiene una cátedra “Bosques Saldívar”, y si se va a hacer una edición de miles de ejemplares de sus Memorias.

Además ¿quién, quién cuándo, cómo y dónde publicará su obra poética, de la cual se nos da una mínima muestra en Chiautla y Puebla en mi vida?

En el centro de Marsella está la “Place Gilberto Bosques (1892-1995), por lo que en una placa se explica: “Consul general du Mexique a Marseille”. Y en Viena, como se ha anotado, está el “Gilberto-Bosques-Promenade” con una placa donde se lee: “Gilberto Bosques (1892-1995) Mexikanischer Diplomat, half vielen Menschen bei der Flucht vor dem NS-Regime.”

Con valor de 76 centavos de euro, en el año 2015, el servicio postal francés (La poste) emitió el timbre conmemorativo a don Gilberto Bosques. Imágenes de su labor en Francia durante la Segunda Guerra Mundial pueden ser vistas en http://museedelaresistanceenligne.org.

En el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México, como parte de la Memoria testimonial, se le recuerda como el hombre que salvó más de 40 mil vidas, en el Muro de las Personas Comprometidas.

La casa refugio Citlaltépetl de la misma Gran Tenochtitlán, que recibe a escritores y periodistas perseguidos en el mundo, tuene una cátedra con su nombre. El Centro de Estudios Internacionales “Gilberto Bosques” del senado de la república, apoya a los senadores con información del mundo para su labor desde el año 2010.

El 30 de agosto del año 2022, la Unesco le otorgó a Gilberto Bosques el título “Memoria del mundo” que recibió el entonces presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, quien lo entregó a la hija del diplomático, Laura Bosques Manjarrez en palacio nacional.

Parte de su historia está, por supuesto, en el Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la Ciudad de México, de la cual se separó en 1964, al renunciar a trabajar con Díaz Ordaz, quien, entonces, políticamente lo marginó.

En el Congreso del Estado de Puebla, en el que fue representante en 1917, su nombre fue inscrito con letras doradas en el Muro de Honor de la antigua sede legislativa de la Avenida 5 Poniente donde, el pasado mes de mayo, pudo ser vista la exposición “GBS: Benemérito de Puebla”, con diez fotografías históricas de gran formato, y tres libros editados por la casa diputacional, escritos por algunos de sus miembros. El propio Congreso poblano le rindió un homenaje en 1987. Hay una placa en el Senado de la República desde el año 2016 para honrarlo.

Pero no hay busto, estatua, parque, paseo, calle, bulevar o sede gubernamental que le honre llevando su nombre en la capital poblana. 

La Logia Gilberto Bosques Saldívar está en la ciudad de Puebla.  

Es cuanto.

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