julio 16, 2026, Puebla, México

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El futbol y el homo sapiens / Víctor Reynoso

Un eco de Noah Harari recorre los múltiples e intensos entusiasmos que hemos visto en el mundial del futbol. Ante la pregunta de cómo el homo sapiens pasó de ser un animal más (que se alimentaba de los restos de comida que dejaban primero los leones, luego las hienas y los chacales) a la cima de la cadena alimenticia, da una respuesta interesante.

Muchos animales tienen lenguajes. Algunos lenguajes sofisticados. Pero el lenguaje de los sapiens tiene una peculiaridad única: “la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto”.

Hoy lo podemos constatar en las redes sociales, en los medios de comunicación, en cualquier conversación cotidiana. ¿Por qué esta peculiaridad es importante para nuestra especie? ¿Qué tiene que ver con nuestro cruel ascenso a la cúspide de la pirámide alimenticia?

Que algunas creencias, aunque no tengan relación con la realidad, crean identidades colectivas, y han permitido a nuestra especie actuar en grupos de miles o de millones de individuos.

Es parte de la hipótesis que explicaría nuestra superioridad sobre otros humanos, como los neandertales o los erectus. Ellos podían formar grupos solamente entre integrantes que se conocieran cara a cara. Podían, como otras especies animales, comunicarse “¡Cuidado, un león!” Pero los únicos capaces de comunicar “El león es el espíritu guardián de nuestra tribu” somos nosotros, los autodenominados sapiens.

Y esas ideas crearon colectividades: hordas, tribus, naciones. Las hemos presenciado en el mundial de futbol, con niveles de emotividad que llaman la atención.

¿Por qué llorar si una veintena de personas que no conocemos, ni vamos a conocer, pierden un partido de futbol? ¿Por qué entusiasmarnos hasta las lágrima si ganan? La respuesta está en esa peculiaridad que destacan los historiadores, Harari en este caso.

¿Existe realmente una identidad mexicana? Claro que sí. ¿Está basada en hechos objetivos, fuera de nuestra creencia? ¿Todos los mexicanos nos identificamos con todos los demás mexicanos?

Creo que es obvio que no. Fuera de la creencia, y de sus consecuencias, no hay una base sólida. Pero, ¿no es esa creencia una base sólida? Para bien y para mal tenemos hoy (hace apenas 500 años en Europa, unos 200 en México) identidades nacionales. Hay que contar con eso. Y hacer algo con eso. Recuperar lo positivo; dejar de lado lo negativo.

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