junio 22, 2026, Puebla, México

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Imaginario en pausa / Víctor Reynoso

Dicen que la idea fue de Barak Obama: organizar un mundial de futbol entre los tres países de América del Norte que tenían ya un tratado de libre comercio. El propósito era ir pasando de una unión meramente comercial a algo más, una unión que compartiera diversos valores culturales y políticos.

Con Obama, y los políticos canadienses y mexicanos, ese propósito se fue. O se puso en pausa. Para Donald Trump México es su enemigo favorito. Para López Obrador y buena parte de la 4T los Estados Unidos son la principal y casi única amenaza a la “soberanía” nacional.

El tratado comercial continúa porque la realidad lo impone. Sería muy costoso, en términos económicos, concluirlo. Pero los gobiernos actuales no pretenden ir más allá.

López Obrador y Sheinbaum desafiaron a Estados Unidos al acercarse a uno de los adversarios más destacados de este país: el régimen cubano. Acercamientos simbólicos, como invitar al presidente cubana a un desfile del 16 de septiembre. Y no simbólicos, como contratar médicos cubanos y enviar petróleo y otros bienes a la isla.

Se dirá que se trata de tres países muy distintos, y que una unión más allá de lo comercial entre ellos es imposible. Pero si vemos al interior de cada país, vemos que los tres son muy distintos. ¿Qué unifica a un habitante de la sierra de Chiapas, o de Oaxaca, con los mexicanos de clase media de cualquier zona urbana?

Ser mexicanos, claro. Pero también es claro que las naciones son constructos imaginarios, creados por los Estados. Un mismo imaginario puede crear uniones supranacionales, más si está basado en buenas razones.

Lo han hecho los europeos, con dificultades y fallas, pero también con notables logros. Tanto que hay quien diga que las sociedades europeas, desde su unión, “se tomaron unas vacaciones de la historia” (Iván Krastev, citado por Bravo Regidor). No hay en Europa los grandes problemas que marcaron su historia en el siglo XX.

Es claro que mientras los problemas actuales más relevantes son suprarregionales, o mundiales, nuestras soluciones siguen siendo básicamente nacionales. Trump y López Obrador le han dado la espalda al multilateralismo.

El narcotráfico, por ejemplo, tiene su origen básicamente en la demanda de Estados Unidos, de la que se deriva la oferta en México. Ignorar uno de los dos aspectos es no querer ver el problema.

Hay además notables vínculos entre los tres países. Se calcula que en Estados Unidos viven 12 millones de personas nacidas en México, y que los descendientes de mexicanos llegan a unos 38 millones.

El vínculo geográfico no es poca cosa: la historia es hija de la geografía (O. Paz). Hay muchas cosas que se derivan de la vecindad entre naciones. No es casual que análisis recientes de la independencia de México inicien con la independencia de Estados Unidos (Rodrigo Morales Gutiérrez, Introducción a la independencia de México y su tiempo, UNAM, 2024. Hay más de un vínculo entre ambas.

Es posible y razonable construir un imaginario (y las realidades concretas que de él se derivan) entre los tres países. No por ahora: los grupos en el poder lo han puesto en pausa.

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