agosto 27, 2026, Puebla, México

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La captura / Alejandro Guillén Reyes

Ya conocemos los temas que dominan la opinión pública hoy en día: si existe o no un enfrentamiento entre Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum por el caso del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; la captura del chofer que atestiguó el asesinato de Melesio Cuén y el secuestro de «El Mayo» Zambada a manos de «Los Chapitos», en un encuentro al que estaba citado el propio Rocha Moya allá en Sinaloa; la repatriación del vicealmirante Fernando Farías Lagunas (sobrino del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda), acusado de operar el contrabando de combustible que representó el acto de corrupción más criminal en la historia contemporánea del país; la cancelación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, en fin…

Todas estas noticias nacionales y locales tienen dos elementos en común: la transgresión de la ley y la impunidad con la que se actúa. Ante tanta nota negativa, es fácil terminar abrumado y pensar que este país ya no tiene remedio.

Por eso, La captura —película basada en hechos reales— transmite un mensaje opuesto al que uno asumiría tras ver a tantos funcionarios, servidores públicos y políticos con las manos manchadas por la corrupción.

Más allá de que se pueda distinguir el hecho real de la ficción a la que recurrieron el director, el guionista y los productores de la película para dar contexto y sentido a la historia, destacan al menos tres certezas:

1. Los policías que capturaron a Joaquín Loera, alias «El Chapo», y a su lugarteniente (8 de enero de 2016), tenían claro su objetivo: entregar vivos a los criminales a las autoridades superiores para que estas procedieran conforme a la ley.

2. Los principios o valores de estos agentes fueron puestos a prueba por los criminales que intentaron sobornarlos con su clásica amenaza (textual o tácita) de «plata» (millones de pesos de por medio) o «plomo» (el asesinato de los mismos oficiales y de sus familias). A pesar de la enorme presión, no se dejaron corromper. Y…

3. Los oficiales experimentaron la incertidumbre sobre a qué autoridad pedir apoyo institucional para cumplir con su deber en una entidad como Sinaloa, donde el crimen tiene una presencia importante en la economía, como lo reconoció en su momento la propia Tatiana Clouthier. Hoy sabemos que ese control también se extiende a las instituciones políticas y policiales en la entidad.

Aun así, los policías actuaron superando sus dudas. ¿Cómo lo lograron?… Vea la película. Ojalá al terminar reflexione en esto: en México hay gente con valores que no se deja doblar por sujetos corruptores que hoy parecen dominar la escena real; hay policías, marinos y militares que todos los días se juegan la vida contra los criminales, y muchos de ellos han caído —a veces junto con sus familias— en el cumplimiento de su deber. A todos ellos, aunque no sean nota sobresaliente en los medios, debemos apoyarlos, pues representan una pieza fundamental para sacar a México del pantano en el que lo han hundido gobiernos y funcionarios corruptos.

Por último, por favor, deje de consumir apologías de criminales y no descalifique la película La captura, sin verla. Por lo menos se va a entretener, y en una de esas, usted se sentirá identificado con alguno de los personajes de esta trama basada en un hecho real.

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