agosto 26, 2026, Puebla, México

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Las calles de Hugo Leicht: angelorum populi / Moisés Ramos Rodríguez

Férrea memoria

I.- Herr professor Leicht

En la Deutsche Schule de la Angelópolis consta que, uno de sus directores fue Adelbert Henry Hugo Leicht, nacido el 27 de agosto de 1881, en Hamburgo, Alemania.

Filólogo y biólogo, es a quien más le debe la antigua Ciudad de los Ángeles en cuanto a su historia; su libro, Las calles de Puebla es, hasta ahora, el compendio más completo, referencia obligada para los investigadores respecto a una urbe sobre la que el germano sintió “cariño e interés.”

Este jueves 27 de agosto se cumplen 145 años del nacimiento del hijo del fabricante de barcos Franz Henry Ludwing Leicht y de Adelheid Emma Meyer; con ella, después de haber estado en el Colegio Alemán de Guatemala, llegó a la Angelópolis —que todavía olía a pólvora y seguiría varios años expeliendo ese aroma— en 1918.

Brevemente director de la Biblioteca Palafoxiana, entre 1924 y 1925 inició los estudios que culminarían en su emblemático libro, concluido en la Nochebuena de 1930, impreso en 1934, hace 92 años.

Leicht había publicado antes artículos que ayudaron a probar que la fundación de la Ciudad de los Ángeles fue el 16 de abril de 1531, aun cuando hubo una refundación. Así, en 1931 se celebraron los 400 años del establecimiento.

Uno de los mayores aportes —entre tantos— hechos por Leicht, es el haber recordado que fueron los frailes franciscanos quienes, con los “naturales de la tierra”, indígenas de diversas naciones (Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Calpan), edificaron la urbe; y que lo de ángeles trazando el damero del sitio —según un supuesto sueño del obispo Julián Garcés— es un cuento.

Antonio Rubial García, en un texto del año 2008, explica el porqué del afán de querer “desaparecer” a los franciscanos, y con ellos a los indígenas, de la historia angélica; Y recuerda que ni el propio biógrafo de Garcés menciona la participación del obispo de Tlaxcala en la fundación de la Angelópolis, y menos aún del supuesto sueño donde ángeles le mostraban el sitio donde había de ser plantada.

Fueron miles de indígenas, quienes edificaron la Ciudad de los Ángeles —más de ocho mil, asegura Motolinía; mil 800, según Rubial García—, y no ángeles con cordeles, albañiles celestiales que habrían bajado a la Tierra a realizar la cuadrícula de una ciudad en la que, más que españoles, llegaron a habitar, en su mayoría y en algún momento, negros.

Una de las aclaraciones más importantes de Hugo Leicht en Las calles de Puebla es que lo de los ángeles cordeleros era un cuento, muy posterior —más de setenta años a la plantación de la urbe—. Escribió:

“El cuento del sueño del obispo Garcés se debe al autor de la Narración de la Maravillosa Aparición del Arcángel S. Miguel, el padre jesuita Francisco de Florencia (1692).” (Las negritas son de Leicht.)

En su libro, que cumplirá 96 años de haber sido concluido, Leicht dedica un amplio espacio a recordar la relación de los franciscanos con la Virgen María y con los Ángeles, de donde proviene el nombre de la angélica plantada en los valles de Cuetlaxcoapan y Huitzilapan.  

El 15 de agosto de 1952, hace 74 años, a los 71 años de edad, murió Adelbert Henry Hugo Leicht, quien tuvo que regresar a su país, participar en la Segunda Guerra Mundial y padecerla, para después tener hambre, frío, escasez de abrigo y el deseo de volver al que llamó “el País del Sol”, México.

El Dr. Hugo Leicht Meyer. 1881-1952, libro de Pedro Mauro Ramos Vázquez nos da más y mejores noticias sobre él, pero merece comentario amplio y detenido. Fue publicado por el Imacp en el año 2023.

II.- Destino y nobles tradiciones

Las calles de Puebla es, a 92 años de su primera edición, el libro más importante que se haya escrito sobre la antigua Ciudad de los Ángeles Su autor, Hugo Leicht inició los estudios e investigaciones que culminarían en el texto, entre 1924 y 1925, para concluir en 1930, un año antes de que se cumplieran los 400 de la fundación de la Angelópolis.

Los propósitos, escribió el propio Leicht en el “Prefacio” del famoso volumen, eran diversos:

“Sintiendo cariño e interés por la hermosa ciudad de Puebla, de nobles tradiciones, que el destino me había deparado como residencia, consagré mis estudios a la historia local, pues, ya durante mi gestión como director del Colegio Alemán había notado la falta de un manual que difundiera las noticias históricas relativas y corrigiera y completara siquiera algunos de los errores y omisiones de los historiadores de pasadas épocas…”

Pero ¿quién era Hugo Leicht? Miguel Marín Hirschmann, quien le conoció y ayudó en su investigación —e incluso lo respaldó económicamente en sus momentos más difíciles— nos cuenta de él en “Prefacio” de hace sesenta años, 1966, escrito para la segunda edición del libro del alemán, aparecida en 1967:

“Nació en Hamburgo, Alemania, el 27 de agosto de 1881, y en algún instituto de ese importante puerto de la histórica Liga Hanseática, hizo sus estudios superiores, especializándose en lenguas clásicas y modernas, dominando de aquéllas el griego y el latín, y de éstas, el francés, el inglés y el español, llegando a doctorarse y ejercer la cátedra. En nuestro país, perfeccionó sus conocimientos de esta última lengua, así como de su literatura, estudiándola desde sus orígenes en la fuente de sus autores primitivos y en los del Siglo de Oro […] Así llegó a hablar y a escribir correctamente en español.”

Después de haber realizado viajes diversos por Europa, lo mismo haciendo estudios de lengua que de botánica, nos sigue contando Marín Hirschmann, Leicht “fue nombrado por su gobierno director del Colegio Alemán en Guatemala, y después, en 1918, se le envió a México, designado para hacerse cargo, igualmente, de la dirección del Colegio Alemán en Puebla. Aquí llegó en compañía de su madre, la señora Adelheid Emma Meyer, viuda de Leicht, a la cual dedicara posteriormente su libro” sobre la antigua Ciudad de los Ángeles. 

Ahora es el propio Leicht quien continúa con la historia: en 1924 “apartado de la dirección del Colegio Alemán en esta Ciudad y no habiendo obtenido de mi país el permiso para aceptar el encargo de consultor pedagógico que me ofreció el Presidente de la Junta Directiva de Educación Primaria en el Estado […] me encontré asilado, sin ocupación y privado de la posibilidad de continuar mi estudios filológicos y botánicos.”

Y más: “Fruto de mis empeñosas investigaciones es el presente libro, y aunque el estado de mi salud y mi incompleto dominio del castellano me han impedido darle la perfección deseada, estoy convencido de que llenará un vacío y servirá de base o ayuda para otras indagaciones históricas.”

Leicht sufrió “la pérdida de mis ahorros y la retención de mis sueldos [por lo que] tuve que vivir cinco años de la generosidad de los poblanos”, encabezados por Marín Hirschmann y una larga lista de “bienhechores” como él los nombra y quienes “me han ayudado facilitándome informes y noticias. Y poniendo a mi disposición sus bibliotecas.”

Mas es Hirschmann quien explica: “La redacción del texto se concluyó en la Noche Buena de 1930. Las leyendas de los grabados, así como algunas rectificaciones y notas se hicieron durante la impresión […] que aún tardaría años en ver la luz.”

Por ello, en este año 2026 se cumplirán 96 años de la conclusión, por parte de su autor de Las calles de Puebla, que sigue logrando y logrará con creces, los propósitos antedichos de su autor.

III.- El paseo de Leicht

Cuando, siendo gobernador Manuel Bartlett, se propuso el rescate de la zona del barrio de El Alto de San Francisco, considerados por algunos como el lugar de la fundación original de la ciudad para construir “El paseo del río”, (The river walk en Cuetlaxcoapan), el arquitecto Francisco Vélez Pliego editó una cartografía de la Angelópolis, basado, precisamente en los planos que Leicht menciona en sus libros —algunos de los cuales, incluso, reproduce— como sus principales fuentes.

Mas el anterior no es el único caso: todos los historiadores poblanos, mexicanos o extranjeros se han basado, mucho o poco en Las calles de Puebla para continuar temas que él trató ahí, o bien para hacer inéditos tomando como puntos de referencia los estudios de Leicht cuyos restos, desde 1966, reposan en el Panteón Francés, junto a los de su madre, la señora Adelheid Meyer.

Hugo Leicht —quien lo menciona tangencialmente, y no lo hace Marín Hirschmann— sabía náhuatl, si bien él aseguraba que no lo dominaba, lo cual le permitió acceder a los anales escritos en ese idioma mexicano, lo mismo de Tepeaca u otros lugares del país.

Pero, sobre todo Leicht accedió a crónicas poblanas clásicas que tuvieron ediciones prínceps muy tardías: La Puebla de los Ángeles en el siglo XVII —crónica que él todavía acredita a Zerón Zapata; faltaban casi sesenta años para que Sánchez Flores nos demostrará que el documento es de Miguel de Alcalá y Mendiola— es de 1945; Theatro Angelopolitano o Historia de la Ciudad de Puebla, de Bermúdez de Castro es de 1908; la Historia de la fundación de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles  en la Nueva España, su descripción y presente estado, de Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, es de 1931; y la Cartilla vieja de la nobilísima ciudad de Puebla, de López de Villaseñor, de 1781, es de 1961.

Caso aparte es de Puebla sagrada y profana. Informe dado a su muy ilustre ayuntamiento el año de 1746, de fray Juan Villa Sánchez —cuyo coautor resulta ser, como editor y anotador en el siglo XIX, Francisco Javier de la Peña— reeditada, en facsimilar en el año 1997 por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Podemos agregar como la única crónica que menciona la fecha de la fundación de la Angelópolis, aunque con un error respecto al año —indica 1530, cuando por los datos que anota, debe ser 1531— la Historia de los indios de la Nueva España, de Toribio de Paredes y Benavente, conocido como Motolinía, la cual fue impresa hasta 1969, en una edición de Edmundo O´Gorman, quien en 1971 editó, anotó y enriqueció, después de hacer su paleografía, el otro texto atribuido a Motolinía, Memoriales—. Como sabemos, los cronistas franciscanos siguieron a Juan de Torquemada quien, en su Monarquía indiana, impresa en Sevilla en 1615, copia a Motolinía, aunque, como es propio de la época, no le da crédito y le agrega “reflexiones” propias, como retórico que era.

Es su libro la base de la repetición, al menos de sus seguidores y copiadores, la fecha de la fundación como 1530, error que toma, sin consideraciones, de Motolinía.

En cuanto a la obra atribuida a Zerón Zapata, la Descripción en bosquejo de la imperial, cesárea, muy noble y muy leal ciudad de la Puebla de los Ángeles, Ramón Sánchez Flores, en la Introducción a la crónica, impresa por la BUAP en 1997 aclara que lo halló en la Hubert Brancroft Library, de Berkeley, California, de la cual el propio investigador hizo una primera edición en 1992.

En los mismos días en que Leicht redactaba su antedicho libro, la Historia de la fundación…, de Echeverría y Veytia, para conmemorar el cuarto centenario de la fundación de la Ciudad de los Ángeles, fue impresa por primera vez, en 1931, por la Academia Nacional de Ciencias “Antonio Alzate”, tiempo, por cierto, en que la institución estaba disolviéndose; a ella pertenecía Leicht. Ediciones Altiplano, bajo la dirección de Efraín Castro Morales, hizo una edición anotada en 1962.     

Sin duda, incluyendo la anterior edición, todas las crónicas poblanas rescatadas, al menos en parte, gracias a la noticia que de ellas dio Hugo Leicht en su emblemático texto que, en abril 1967 fue editado por iniciativa de la Comisión de Promoción Cultural del Gobierno del Estado, que ordenó un tiro de cinco mil ejemplares; muy pronto, en junio del mismo año, fue hecha la primera reimpresión de esa segunda edición de Las calles de Puebla, con un tiro de mil ejemplares.

De las sucesivas veces que se ha dado a la estampa el texto de Leicht, hasta el año 2018, nos da cuenta Ramos Vázquez en la citada biografía que escribió sobre nuestro autor.

En el caso de los anales indígenas escritos en náhuatl, combinados con símbolos prehispánicos, hasta después de la segunda edición del libro del filólogo alemán, han ido conociendo ediciones públicas; algunas de ellas hechas gracias a los datos proporcionados por Leicht (Anales de Puebla, Cholula, Tepeaca, INAH, 1995); otras han sido editadas para continuar la labor del doctor Leicht, como los Anales del barrio de San Juan del Río. Crónica indígena de la Ciudad de Puebla, siglo XVII (BUAP, 2000).

IV.- De la crónica como profusión gráfica

Hasta la aparición de El Dr. Hugo Leicht Meyer. 1881-1952, de Pedro Mauro Ramos Vázquez (Imacp, Puebla, México, 2023) la Angelópolis tenía esa deuda biográfica con el doctor Leicht.

Ramos Vázquez (Xoxtla, Puebla, 15 de enero de 1984) parece seguir el “Prefacio” y la noticia “Erl Doctor en Letras Hugo Leicht” de Marín Hirschmann —reproducidas a partir de la segunda educación de Las calles de Puebla, 1967—, para ir ampliando o respondiendo, profusamente ilustrado, lo anotado ahí: el origen detallado del Adelbert Henry Hugo Leicht; el nombre y profesión de su padre; el sitio donde estudió, Reproduce registros y documentos originales.

Gracias a esa profusión, podemos ver la época del nacimiento de Leicht, la formación de aquellos años en Hamburgo y cómo y dónde estudió, y los viajes que realizó en su afán científico.

Pedro Mauro Ramos indaga sobre la Deutsche Schule zu Guatemala, y el paso de Leicht, acompañado de su madre, en ese país antes de llegar al nuestro, donde también nos da noticia de la llegada y permanencia del doctor en Letras en el colegio germano de la Angelópolis, entre 1918 y 1923, siempre acompañado de la reproducción de documentos, fotografías de lugares, de registros y de otros datos, hasta entonces inéditos.

El cronista xoxtleca o xoxtleño ilustra los pasos de Leicht después de dejar el Deutsche Schule zu Puebla, aclara lo de la “pérdida” de sus ahorros, y la no resolución, por falta de investigación y aplicación de la ley, en el caso, en el que estaba involucrado al menos uno de sus compañeros de colegio.

Más documentos, fotografías —se nota la formación del cronista como diseñador gráfico por la BUAP— para la parte de la vida de Leicht en las instituciones donde laboró, y su colaboración y participación con quienes preparaban la celebración de los 400 años de la fundación de la Ciudad de los Ángeles. Por ello, también, sigue el rastro a lo publicado previo a Las calles de Puebla.                

La redacción y culminación de la obra emblemática de nuestro autor alemán, es seguido por Ramos Vázquez, los incidentes y pormenores de cómo llegó a la imprenta en 1934, pero llama la atención el seguimiento a la partida forzada de Leicht hacia su patria para participar en la Segunda Guerra Mundial, el haber sido prisionero y las carencias que sufrió casi hasta su muerte, siete años después de que terminara la conflagración.

El cronista hace un recorrido, incluso, por los sitios con el nombre, correcto o incorrecto de Hugo Leicht en la capital angelopolitana.

Al final, Pedro Mauro Ramos hace un recuento de las ediciones de Las Calles de Puebla, desmenuzando sus características, con una pregunta que él no responde y requiere respuesta: ¿a quién pertenecen los derechos de la obra de Leicht? Las ediciones “pirata” que se venden en los puestos de periódicos ¿quién las hace? ¿está usurpando derechos que no le pertenecen?  

La Secretaría de Arte y Cultura de Puebla tiene la posibilidad de reditar la obra; la del año 2017, hecha por esa instancia, es de lujo, entrañable y de agradecer.

Cuando, en el 2030 se cumplan cien años de la culminación del libro de Leicht, podríamos conocer esa nueva edición, cuidada y ampliamente distribuida.

Además, es un hecho el que podemos considerar a Hugo Leicht, como a quienes nacimos aquí, angelorum populi.        

Es cuanto.       

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