octubre 29, 2026, Puebla, México

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1989, el cardenismo en Puebla: la de Cuauhtémoc Cárdenas, una fuerza que crece / Sergio Mastretta (Primera parte)

Presentamos con este texto una serie de crónicas sobre el ascenso del cardenismo en el estado de Puebla en 1989, año de la creación del Partido de la Revolución Democrática por su impulsor Cuauhtémoc Cárdenas.

Y la figura crece: por lo menos así se aprecia en los apretujones para bajar del camión, para subir al estrado, para meterse en la conferencia de prensa. Y sigue creciendo, dicen, Cárdenas y Cuauhtémoc: ya las porras tienen un nombre que sacan de los libros de texto de primaria, de los ancianos en los mítines, de las ceremonias escolares a la patria, de la cultura, en fin, que nos heredaron los priistas. La historia sagrada se cobra la cuenta del petróleo, del reparto de tierras, de los canales de riego, de la omnipresencia del presidente: “Hijo de tigre, pintito”, dice un obrero poblano de la Pepsi Cola, y lo corrobora frente al remolino afuera del hotel Palacio San Leonardo después del mitin panista en el zócalo. El apretujón es distinto: los cardenistas ya tienen a su caudillo.

7:30 de la noche. Viene de Martínez de la Torre a las 11 de la mañana, de Teziutlán a las 2 de la tarde y de la capital a las 6. Y se presenta ante periodistas poblanos, pero sobre todo ante gente que huele a oreja de Bucareli News y que le quiere poner un cuatro: que si llamó a concertar con Salinas, que si fue un mal gobernador en Michoacán, que si todo esto finalmente ayuda al sistema, etc. Cárdenas no da la vuelta, responde más de 25 preguntas, vuelve a explicar el sentido de las movilizaciones que encabeza, que estos mítines expresan la voluntad popular, que él no mencionó a Salinas, que llama a todas las fuerzas democráticas a reconstruir el país. Es una conferencia más de la que los periodistas no salimos bien parados; unos se aplican hasta el fastidio para agarrarlo en falso, otros queremos ver el futuro inmediato, qué va a pasar de aquí a septiembre. Pero las preguntas buenas, las que apuntan a lo que todo mundo acepta como un nuevo país después del 6 de julio de 1988, no llegan a las máquinas.

6:25 p.m. En el templete Cárdenas habla de una fuerza que crece, acciones en defensa de la voluntad popular, marchas en las ciudades, marchas a la capital de la república. Apoyado en una columna del portal, un viejo panadero poblano reflexiona: “¡Cómo no vamos a estar con Cárdenas! Mire usted, a mis ignorancias yo pienso: sufragio efectivo, no reelección. ¿Y Blas Chumacero? Ese va y brinca de diputado a senador desde que me acuerdo. Fidel Velázquez, otro vividor, ya ni puede hablar. ¡Y qué han hecho en las cámaras, qué ley nos ha dado ese Chumacero! Y luego, nos quieren comprar: a mí me llamaron esos Pitufos, yo soy de la 22 Oriente, me daban veinte mil pesos para hacer escándalos el día de las elecciones, pero no quise, ya estoy cansado. Pero ahora sí, ya la justicia [la policía] ya llega a la 22 y no les hace nada, todos muy contentos. Ora hasta canchas deportivas les prometieron.”

11:45 a.m. Postes democráticos en la carretera Altotonga-Teziutlán, de todo hay, aunque se ve que el PAN no la rifa en estos lares serranos. PPS (Partido Popular Socialista) por todos lados. Me pregunto si un cadáver puede revivir de tal modo. Allá por 1918 Lázaro Cárdenas subió por el lado de la costa, tenía una jefatura de operaciones o algo así, que lo llevaron a conocer a los hermanos Ávila Camacho, tan lejos del candelero del poder como él. Los agentes postales se encargarían de construir dos décadas después el más firme cacicazgo en el estado de Puebla. Por allí también apareció Lombardo Toledano, esa contradictoria figura que desde una buena cuna teziutleca alcanzaría la cima obrera de los gobiernos revolucionarios. El dirigente obrero teziutleco sobrevivió en la política a cargo de los pepinos socialistas y la figura del Doctor Rafael Campos, fundador del partido en Teziutlán. Los tres apellidos siguieron su camino. Ahora el de Cárdenas vuelve a remontar la sierra desde la costa trepado en un camión del PPS, y su nombre le gana todas las paredes serranas a Salinas.

1:30 p.m. Plaza teziutleca. Los cohetones rebotan en la niebla, dan contra los paredones de las casonas de la vainilla porfiriana. Los indígenas esperan con el rostro taciturno, indiferente. Pero no sólo hay campesinos: veo obreros de Comisión Federal de Electricidad, trabajadores de la Compañía Minera Autlán ―esa depredadora de la ecología en la región―, amas de casa de la clase media serrana. La Coca Cola anuncia en perifoneo la ya cercana feria de agosto, vienen Los Ángeles Negros, el Grupo Audaz, lucharán Blue Demon Jr. contra el Super Ratón, torearán Mariano Ramos y Manolo Arruza, se podrá ver esta tarde a Las Colegialas, Los Matones del Norte y Ni de aquí ni de allá, con la India Marina. Mientras, la gente espera.

13:35 p.m. Una ama de casa, esposa de un obrero de Minera Autlán, me dice: “Como ciudadanos Cárdenas era nuestra última esperanza, por eso votamos. Y si no lo respetan, que suspendan el voto y que hagan lo que quieran, ellos entran y salen y cada vez es peor. Mi esposo trabaja en la minera. Yo de sirvienta, gano 50 000 pesos quincenales, está difícil. Por eso, si no respetan el voto, la gente ya no se va a dejar. Aquí hubo muchas trampas. Cuando pusieron los resultados de las casillas en todas ganaba Cárdenas, luego salen los resultados, y pierde, ¿a dónde fue a dar el voto de toda la gente? Es como el famoso pacto, me dice un panadero, no, señora, no es pacto, es la cara de pato que le ven.”

14:00 p.m.  Consignas indígenas agarradas al vapor por el reportero mientras habla Cuauhtémoc Cárdenas: “Ma viviro Cárdenas” (Que viva Cárdenas); “Ma tatami Cárdenas” (Que gane Cárdenas); “Macte chimactalme (Dános tierras); “In PRI techcuatotia” (Nos está comiendo el PRI).

“Soy cabeza de familia ―me dice un hombre de Topilan, municipio de Tlatlauqui―, tengo doce hijos, siembro dos hectáreas, es lo que tengo. El poco trabajo que hay lo pagan a 4000 pesos el jornal, y hay una sola cosecha al año. Desde 1976 peleamos la tierra de Topilan, del cacique Miguel Madrigal, 6063 hectáreas, pero en Reforma Agraria no resuelven nada, y fuimos a hablar verbalmente, nos dijeron que no había nada si no vivíamos siete kilómetros de lejos. Tengo doce hijos, a estas alturas siento que ya no puedo.”

11:00 p.m. Un recuento del reportero. Dos concentraciones importantes. Telefonazos a la redacción informan de la preocupación gubernamental por el número de manifestantes. Un hecho: el ánimo de gozo, casi histérico, de algunos cardenistas. Una logística la de Cuauhtémoc que huele a Corriente Democrática y experiencia priista. Los límites: la capacidad real de la oposición para organizar el impuso por el cambio democrático. Los alcances: la certeza de la movilización popular en respuesta a la figura cardenista.

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