diciembre 15, 2025, Puebla, México

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Juan Flores, del surco a la gran empresa / Xavier Gutiérrez

“Ya prácticamente no tuve infancia, empecé a trabajar en el campo a los ocho años…”; así empieza a narrar episodios de su vida el hoy próspero empresario Juan Flores García.

Charlamos con él un grupo de reporteros. Es realmente rara avis en el medio de los negocios y en la vida política. En esta última apenas incursiona, pero sin duda tiene un capital propio respetable. Lo avala su vida de trabajo, sus conceptos, su experiencia en la vida y su éxito como empresario.

Es originario de San Sebastián Tepatlaxco, un municipio de 22 mil habitantes ubicado cerca de Tepeaca.

Su estilo se sale de lo ordinario si lo comparamos con el modelo común de los aspirantes a la vida pública en el ambiente poblano. Tiene 49 años y encabeza una empresa propia dedicada a la venta de cemento en el país donde tienen trabajo 120 personas.

Es ingeniero civil, pero acumula casi medio siglo de experiencia en carne propia, producto de su forma personal de construir su patrimonio. Tiene una imagen nítida sobre el país y el estado, analiza la economía, las relaciones, la experiencia de los gobernantes y sin hablar mal de nadie, aporta ideas, salidas y soluciones a múltiples problemas.

En la plática, sin aspavientos ni autosuficiencia y sí una silenciosa atención a los comentarios de sus interlocutores, hace a grandes rasgos una radiografía de su pueblo. Ahí, con tierras de temporal, el campo parece no tener alternativas para la población. Por esta razón los habitantes han emigrado o se dedican a la producción de calzado o a la maquila con empresarios ajenos al lugar.

La paga no es buena, particularmente de los empresarios chinos. Le dan dos pesos a los obreros por cada prenda de vestir confeccionada.

Después de su experiencia familiar en el campo, originalmente trasladando a los trabajadores agrícolas de su familia en una destartalada camioneta manejada por él desde los doce años, se metió de lleno al cultivo. Dominó ahí todas las habilidades, por eso desde la adolescencia y antes, conoce a la perfección lo que tiene que ver con los surcos, la siembra, el barbecho, la cosecha y venta.

Pero se atrevió a ver más allá, mucho más. Incursionó con buenos resultados en la venta de cemento en la región, en el estado y en el país. Por esas vivencias de infancia, nos comenta la importancia que tiene en la formación inicial la obediencia a los padres, el compromiso, la responsabilidad, la constancia y el secreto vital: convertir en una pasión lo que es una vocación.

Su plática es amena, lejos de la vanidad o la comparación. No descalifica, construye con la palabra, y a cada pregunta viene una respuesta bien argumentada, con el testimonio personal en múltiples vivencias en el campo, el comercio, los negocios, la planeación.

Sin decirlo expresamente, su convicción y elocuencia transmiten lo que en común tienen una empresa y el sector público: prestar un servicio con calidad, transparencia, buena fe y en el que todos ganen.

Nos platica de su experiencia y factores personales que le han dado resultados para la prosperidad de su negocio: el empezar y conocer desde abajo el trabajo que te apasiona; la operación, la buena administración, el dominio de la contabilidad, la logística de la producción y el cumplimiento de las responsabilidades fiscales.

Con anécdotas, abona sus aseveraciones. Enfatiza la consideración que el empresario debe tener hacia el factor humano en su empresa. Y siempre, una enorme disposición para adaptar su línea y planes de trabajo respecto de la cambiante situación a la que un emprendedor invariablemente se ve sujeto.

En un momento de la conversación nos comenta su interés legítimo por la política. Ve favorable su aspiración a la presidencia municipal de su pueblo, pero sobre todo a la posibilidad de ser representante de la región como diputado al Congreso del Estado.

 Sin embargo, es una inquietud que no le quita el sueño, sino que la ve como una extensión natural de su proyección de servicio social en favor de la comunidad.

La calidad de la información que maneja, su estilo sencillo y un perfecto equilibrio de su lenguaje emocional, así como el equilibrio en sus juicios, nos deja a los periodistas un magnífico sabor de boca. Y una convicción: en Puebla abunda el elemento humano con capacidad, ingenio, talento y trabajo, merecedor digno de oportunidades en el servicio público, don Juan Flores es un caso.

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