Hoy este personaje pasa al salón de los trebejos, luego de meses de inexplicable apoyo
La separación por fin de Adán Augusto López de la coordinación del Senado, es el típico caso de una decisión pospuesta, con factura costosa.
Es cierto, finalmente llega y es lo que importa, pero tardó meses en convertirse en un hecho y ese largo periodo fue muy oneroso y desgastante para la presidenta.
Lo pertinente de la separación le fue expresado a la presidenta Sheinbaum con razones, de forma reiterada y por distintos canales, de dentro y fuera. Incluso personajes con peso en la opinión mediática, cercanos a Morena, con respeto y contundencia le hicieron ver los múltiples efectos negativos de esa presencia en el poder.
Era un elemento tóxico en la cumbre del poder por muchas razones que fueron expuestas con una pesada carga argumentativa.
La llegada de Adán a Gobernación por invitación de López Obrador tuvo algunos destellos de acierto al manejar asuntos del presidente sin exponer a la figura. Pero bien pronto su papel se volvió un referente negativo. Se le vinculó con negocios, abusos, frivolidades, corrupción y el oscuro afán de estar construyendo su propia esfera de poder a la sombra y amparo de su jefe.
Al dejar Andrés Manuel la presidencia, la herencia en la persona de Adán dio lugar a especulaciones mil. Personalmente nunca le vi como un vaso comunicante confiable del expresidente, pero la especulación y el manoseo de los medios fue sumamente intenso, abrumador, al punto que generó una percepción tomada como verdad de granito.
Eso fue así y al paso de los meses, la presidenta lo mantuvo innecesariamente. Incluso dejó entrever un leve manto de protección en la figura del tabasqueño pese a sus estrechos vínculos con el poderoso y nefasto grupo delictivo conocido como “La Barredora”.
Todo esto, con abundante información y otro tanto igual de carga especulativa, generó una crítica feroz a la presidenta. Inexplicablemente mantuvo este robusto lastre hasta este fin de semana.
Fueron meses de toneladas de tinta y horas de videos y comentarios que tuvieron como destinataria inequívoca a la señora Sheinbaum. El manejo del caso fue pésimo.
Este hecho pone en el escenario varias cosas. Que debieran ser sumamente aleccionadoras en el ejercicio del poder.
La decisión de dejar fuera del núcleo de poder a Adán Augusto, deja el mensaje de que la presidenta cocina sola y no con las recetas de Palenque. ¿Para qué retrasarla tanto tiempo? De manera absurda se pagó un precio que no tiene la mercancía desechada.
¿Por qué mantener tanto tiempo cerca a un individuo como el defenestrado: manchado con méritos propios, pobre ideológicamente y sin peso político respetable alguno?
¿Tiene sentido el viejo concepto que suele manejarse desde el poder, de que las remociones no se dan -ni se deben producir- como obsequio a la crítica intermitente y a las presiones mediáticas, y solo para hacer valer un “principio de autoridad” incuestionable?
Este argumento, vetusto e ilógico, es aplastado por un sentido de ejecutividad, diligencia y oído atento a la sociedad, que debe tener todo gobernante hoy en día.
Hoy, la presidenta, parece decir, con hechos, que los críticos tenían razón. Y entonces la medida que hoy se toma, tarde, forzada, remendada, parece un hazmerreír o una derrota, cuando el sujeto manoseado pasa al salón de los trebejos.
En fin, hay lecciones de la vida pública que ante los ojos y el sentido de observación elemental de la sociedad, de Juan Pueblo, son claras, evidentes y de muy buena calificación popular. Y sin embargo, desde el poder no se ven, por una venda voluntaria que tapa los ojos y cierra a la razón.