febrero 14, 2026, Puebla, México

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Vivir entre las flores de Noyollotzin / Porfirio Tepox Cuatlayotl

Quin oc ca tlamati noyollo,

niccaqui in cuicatl,

niquitta in xochitl,

maca’ in cuetlahuiya’ in Tlalticpac.

Mi corazón ahora lo comprende,

escucho los cantos,

y contemplo las flores,

Ojalá que no se marchiten en la Tierra.

Nezahualcoyotl

Las flores y los cantos de Nezahualcoyotl, nada más exquisitamente mexicano, para iniciar esta breve reflexión intitulada “Vivir entre las flores de Noyollotzin” que significa “Vivir entre las flores de mi corazoncito”, aunque en esta ocasión trataremos de manera específica el tema de las flores, rebosantes de belleza, de bondad, de encanto y de elegancia.

Rosa cordis mei.

La rosa de mi corazón.

Es una inscripción latina situada en la portada de la catedral de Puebla. Esta bella frase se convierte en un motivo más para aproximarnos a las flores, es una expresión latina, dulce, tierna y exquisitamente humana, citada en esta ocasión a manera de pretexto, esto es, antes del inicio de este texto, denominado “Vivir entre las flores de Noyollotzin”, una reflexión con mucho apego a las flores, a su fragancia, a su belleza y a su raíz celestial.  

De esta manera, iniciamos este breve recorrido, conmovidos con la belleza de las flores, ya de Nezahualcoyotl, ya de la Rosa cordis mei, ya del jardín, ya de la montaña, o las que brotan en el invierno, en la primavera y en verano, o las que se resisten a perder sus pétalos y sus hojas, inmersas en los recios vientos de la estación otoñal.

De su fortaleza, de su belleza, de su bondad, de su encanto, de su elegancia, de su fragancia, de su vitalidad, pero, sobre todo, de su raíz celestial de las flores nacen los siguientes párrafos.

En todas las estaciones del año,

en presencia del sol canicular,

o de los recios fríos de invierno,

ante toda dificultad posible,

las flores, heroicamente, se revisten cada amanecer,

con sus pétalos, sus colores y sus fragancias.

Todas las flores se presentan bellas en un ramo floral,

para formar con ellas una plegaria a Tata Dios.

Ahora, caminemos en el jardín y veamos un poco la idea del párrafo anterior, de que, en todas las estaciones del año, hay flores, de que, en todas las estaciones del año, las flores se engalanan con sus pétalos para embelesar la retina del alma, para posarse en el hontanar del ser, para conducir la cadencia de los latidos del corazón; para muestra basten algunas flores representantes de cada estación del año, a saber, los agapantos primaverales, los girasoles veraniegos, los cempasúchiles otoñales y las siemprevivas hibernales.

Como podemos notar, hay flores en todo el año, aunque es conveniente decirlo, y, de hecho, remarcarlo, que cada estación del año les da un toque, una textura, un color y una forma, es decir, cada estación del año entrega un don especial a los pétalos y los latidos de cada flor como se puede leer a continuación.

Primavera

Las flores de primavera, son flores que se revisten de la renovación de la vida que brota de su largo sueño de invierno, son flores llenas de latidos, de colores y de formas que son el símbolo de un nuevo amanecer, son flores contenedoras de los cantos procedentes del centzontle, del coyoltototl, del tzinitzcan y de las xochitotome, todas ellas, aves canoras que en su despertar primaveral evocan una bendición de Tata Dios.

Verano

Las flores de verano son flores que se revisten de los intensos rayos del sol canicular, de las abundantes lluvias y del azul celestial que cubre los cielos de la eterna Cholula. Las flores de verano son flores de abundantes colores, formas y texturas; son flores de exquisitas fragancias o de suaves aromas que habitan en los extensos días de verano y en sus noches breves. 

Otoño

Las flores de otoño son flores que se embellecen con el color blanco de las lunas de octubre y del resplandor de los cielos llenos de estrellas. Estas flores, a pesar de los fríos y recios vientos otoñales, brotan elegantes y bellas, acomodando, uno en continuación del otro, sus pétalos y sus colores; orientando sus formas, que, en medio de los recios vientos, alcanzan su hermosura y su belleza para embelesar la retina del alma.

Invierno

Las flores de invierno, son flores, que, a pesar de todo pronóstico negativo, brotan heroicamente, inmersas en los gélidos amaneceres de diciembre, enero y febrero. Estas flores de invierno llegan revestidas con sus pétalos llenos del silencio de la naturaleza. Recordemos que el invierno es la estación del año en la cual cada uno, a su manera, tiene una cita con el silencio. Sin embargo, no debemos olvidar que las flores de invierno también se engalanan con las bellas tonadas de los villancicos navideños.

Para finalizar este sucinto recorrido a través de un pequeño jardín cholulteca y de las estaciones del año, únicamente queremos agregar que así transcurre la vida entre las flores de Noyollotzin, entre las flores de mi corazoncito, así palpita la vida, situada en un mundo orgánico, en donde cada lugar y cada momento del jardín es un latido, es un palpitar, es un poema, pero, sobre todo, es una plegaria a Tata Dios.

Galería floral o ramo de flores.