La ciudad de Puebla pasó vertiginosamente de 9 mil a 43 mil hectáreas en poco más de 30 años
Hace unos días fui invitada como comentarista a un webinario organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) desde su sede en Santiago de Chile. El evento titulado “Renovación urbana circular”, forma parte de los diálogos preparatorios regionales rumbo al Foro Urbano Mundial 2026 que tendrá lugar en Bakú, Azerbaiyán en mayo próximo.
El encuentro partió de la reciente publicación de la CEPAL titulada “Economía urbana circular: reciclaje de suelo y edificaciones” (1). Este documento reconoce una paradoja: por un lado, millones de personas en América Latina no tienen acceso a viviendas adecuadas y a servicios públicos mientras que por el otro lado existe suelo urbano vacante e inmuebles vacíos o subutilizados, especialmente en los centros de nuestras ciudades.
Esta ociosidad o vacancia genera altos costos económicos, sociales y ambientales. Algunos de estos costos se concretan en barrios depreciados, productividad que se reduce de forma creciente, mayor segregación socioespacial y aumento en la contaminación atmosférica por las emisiones debidas a mayor cantidad y longitud de los viajes de las personas, hacia y desde las periferias urbanas, entre otros.
Es por ello que resulta interesante el enfoque del reciclaje y la aplicación de los principios de la economía circular orientados a plantear la reutilización del parque inmobiliario construido, la recuperación de los edificios ociosos, la densificación en áreas consolidadas y la optimización del suelo urbano.
El abordaje del reciclaje del suelo y de las edificaciones no solo es pertinente, sino urgente para la capital poblana y los municipios de la zona metropolitana. De acuerdo con el Consejo Nacional de Población en su texto “Expansión de las ciudades de México: Análisis de uso de suelo y vegetación, 1985, 2002 y 2018” (2) el municipio de Puebla sigue un patrón muy claro y consistente: expansión urbana acelerada, horizontal y a costa de su suelo agrícola y de vegetación.
Para el año 1985, el continuo urbano de Puebla era relativamente pequeño y concentrado. La ciudad (de menor superficie, apenas ocupaba cerca de 8,900 hectáreas) estaba rodeada por una franja en forma de anillo (mayor área) de suelos agrícolas, de pastizales y de algunas zonas forestales.
Para 2002 se da una expansión acelerada y notorios cambios de usos del suelo: la ciudad se expande rápidamente hacia la periferia (ocupa poco más de 23,000 hectáreas), se transforma en urbanizado el suelo que antes era agrícola y de pastizal.
En este momento se consolida la conurbación con los municipios de Cuautlancingo y las Cholulas. Entre las décadas de 1980 y 1990 la expansión urbana crecía más de mil hectáreas por año, en todas direcciones, pero especialmente hacia el sur y el nororiente. Como resultado de ello, se rompe el modelo compacto y aparece una ciudad extendida, dispersa y caótica. En suma, entre 1985 y 2002, la mancha urbana de Puebla se duplicó y más (creció en 2.6 veces, con más de 14,100 hectáreas).
Para el año 2018 observamos la consolidación de la expansión dispersa de Puebla mediante un fuerte aumento acumulado de superficie urbana (alcanza 43,500 hectáreas), casi la desaparición de las superficies forestales y mayor fragmentación del territorio a manera de una urbanización discontinua. De esta forma, la expansión horizontal de la capital se “derrama” hacia las periferias de forma que la ciudad crece más en superficie que en población y en densidad.
La vivienda, la industria y los servicios sustituyen a los campos de cultivo y la vegetación natural, se consolida la metropolización con la integración de los municipios vecinos y la mayor percepción de problemas en la movilidad, el alcance de los servicios públicos, así como una marcada disminución de la calidad ambiental. Entre 2002 y 2018 la superficie urbana casi se duplicó nuevamente (creció 1.9 veces, con más de 20,500 hectáreas).
Como ya se ha dicho, pasamos de casi 9 mil hectáreas a 43 mil hectáreas en poco más de treinta años, no obstante, el crecimiento poblacional ocurrió más lento. En comparación con otras metrópolis del país, Puebla es la de menor densidad.
De acuerdo con los datos del Censo de Población y Vivienda 2020, en la Ciudad de México se vive con una densidad de 6,100 habitantes por kilómetro cuadrado; Guadalajara aloja 9,100 habitantes por kilómetro cuadrado; en Monterrey se tienen 3,500 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en Puebla habitan 3,100 habitantes por kilómetro cuadrado.
Cabe recordar que en nuestra ciudad padecemos un par de problemas serios: el despoblamiento y la precarización del Centro Histórico, desatendido totalmente al día de hoy, así como la alarmante pérdida de áreas verdes y naturales. Así las cosas, vale la pena considerar el reciclaje del suelo en el corto tiempo si queremos habitar Puebla de una mejor manera.
Referencias
(1) Lana, B. y Aulestia, D. (Coords.) (2025). Economía urbana circular: reciclaje del suelo y edificaciones. Serie Medio Ambiente y Desarrollo (180) (LC/TS.2025/96). Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(2) Consejo Nacional de Población (2025). Expansión de las ciudades de México: Análisis de uso de suelo y vegetación, 1985, 2002 y 2018. Gobierno de México. https://www.gob.mx/conapo