Diario de trabajo, 10 de junio
Este país está enojado, y más que enojado, resentido. Resentido por todos los agravios irresueltos que ha sufrido a lo largo de su historia; unos, de largo aliento, otros, más recientes. Sin embargo, hoy, lo que más irrita a la mayoría de los mexicanos es comprobar la incapacidad de los gobiernos de la 4T para resolver lo que está en su mano resolver. Irrita su miopía autoimpuesta, negándose a reconocer la lacerante realidad que vivimos día tras día. Irrita la demagogia, la autocomplacencia, la estigmatización de toda diferencia. Irrita la complicidad de los gobiernos de la 4T con los poderes fácticos que deshicieron y siguen deshaciendo el país . Irrita el optimismo de pacotilla con el que se pretende lavar la cara al gobierno de un país a punto de estallar. Irrita que a las madres buscadoras se les trate como criminales y jamás hayan sido recibidas en Palacio Nacional . Irrita la actualidad del esclavismo en las formas de trabajo impuestas por el crimen organizado. Irrita que a 12 años de Ayotzinapa todavía no haya nada claro sobre lo que ocurrió esa noche. Irrita la consolidación del patrimonialismo, a través de la hipostacion de la lealtad como valor supremo de la política. Irrita que la corrupción y la impunidad sean los pilares de nuestra vida pública.
Por momentos, pareciera que la 4 T se haya impuesto la única tarea de destruir el país, desde la separación de poderes o de organismos autónomos, hasta la desaparición de la casa de López Velarde, ni más, ni menos, el fundador de la poesía moderna en MÉXICO, según Octavio Paz.
No, los extremos que se se tocan no son los de la CNTE y Salinas Pliego; los extremos que verdaderamente se tocan son los de el empresario mexicano y Claudia Sheinbaum. Su odio mutuo es resultado del odio de las pequeñas diferencias de las que habló Freud. Salinas Pliego llama explícitamente a la violencia, según la presidenta, pero no es menor el llamado de ésta a utilizar el mismo recurso, bajo el dudoso manto de la soberanía. No hace falta entregarle el país a una potencia extranjera, cuando nuestra soberanía ya ha sido cedida al crimen organizado en más del 30% del territorio nacional. La presidenta parece confundir soberanía con impunidad.
Es difícil avalar, en su conjunto, el movimiento magisterial; pero debemos reconocer la legitimidad de muchas de sus demandas, pese a la inviabilidad de las mismas. Es difícil ser empático con muchas de las acciones emprendidas por los estudiantes normalistas o por los movimientos feministas pero, en el primer caso, estamos hablando de 43 estudiantes desaparecidos y, en el segundo, de uno de los sectores más vulnerables del país.
No hay dinero, cierto, ni para el régimen de pensiones que pretende la CNTE, ni para el aumento de presupuesto del IPN, pero la carencia de recursos contrasta con el estúpido derroche en la remodelación de la CDM para el Mundial o con las absurdas inversiones del gobierno de Puebla en distintos proyectos. Lo que intentaba ser una fiesta con la justa mundialista, y colocar al país como un ensueño, solo ha conseguido mostrar nuestro lado más siniestro