Para nadie es un secreto, sin embargo, que el gobierno de México no está dispuesto a colaborar en una cuestión fundamental que pide Estados Unidos: la detención y extradición de narcopolíticos
“La fiesta del Mundial sigue su paso, en su propio nicho, y también siguen su paso las realidades, menos festivas, del gobierno y del país.
Al día siguiente de la inauguración del Mundial y su catarsis colectiva, el embajador estadunidense en México, Ronald Johnson, convocó a una seria y concurrida reunión binacional, sobre los temas de seguridad vigentes entre ambos países.
La reunión tuvo lugar en la embajada americana, en el formato del Bilateral Implementation Group, BiG por sus siglas en inglés y big también, grandota, por la asistencia de funcionarios de las dos naciones comprometidos en la materia.
Por parte de Estados Unidos, acudieron funcionarios de 15 agencias gubernamentales. Por parte de México, el secretario de Relaciones Exteriores y altos mandos de la Secretaría de Seguridad y de las fuerzas armadas.
La palabra implementation es la definitoria del grupo BIG y del encuentro del viernes pasado, porque no sugiere conversaciones, intercambio de información o puntos de vista, sino revisión de lo que debe implementar cada quién, hacer cada quien, poner en práctica cada quien.
El tono del embajador Johnson al día siguiente, en su informe sobre la reunión, fue notoriamente constructivo, destacó los logros de la cooperación binacional y los “resultados históricos en materia de seguridad, cuando trabajamos juntos”.
El embajador Johnson subrayó las reducciones de 95% en el trasiego marítimo de drogas, de 36% en las muertes por sobredosis en su país y el desmantelamiento de 2 mil 300 laboratorios clandestinos en México.
Para nadie es un secreto, sin embargo, que el gobierno de México no está dispuesto a colaborar en una cuestión fundamental que pide Estados Unidos: la detención y extradición de narcopolíticos.
Esta es la línea roja que separa los esfuerzos conjuntos de ambos gobiernos contra el crimen y los planes de acción del BIG.
Subrayo el tono constructivo del embajador, porque las declaraciones sobre el tema del presidente Trump y de sus principales funcionarios, son más bien lo contrario, amenazantes y medio apocalípticas.
Creo que el tono elegido por Johnson es mejor y al final dará mejores resultados, pero México tiene que encontrar una respuesta mejor que igualar la defensa de su soberanía con la defensa de sus políticos impresentables.