septiembre 20, 2026, Puebla, México

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El liderazgo no cae del cielo / Xavier Gutiérrez

Que yo sepa no hay escuela para forjar líderes. Los aspirantes a liderar se preparan, estudian, ejercitan. Pero un líder aprende en el ejercicio del poder. Se troquela a golpes de marro, yunque y fuego. Empieza desde abajo, aprende a doblar la rodilla, como los camellos. Enseña con sus actos, con el ejemplo. Actúa, hace, no predica.

El camino es largo, tortuoso. Es una escuela en piso de tierra, ejercicios de comunicación cara a cara. Aprende a escuchar más que a hablar. Usa el lenguaje de la gente. A veces cambia el talante, pero nunca deja de ser él mismo.

Quien no transita por este camino y otros senderos más amplios, será jefecillo, aspirante, gerente o se queda en aprendiz. Dice John H. Maxwell: “el que se cree líder y no tiene seguidores, sólo está dando un paseo.”

Eso vemos ahora en el país. Ejércitos de aspirantes forman listas para cargos. Se mueven, regalan utensilios, pintas bardas, se disfrazan de gestores, mesías o charlatanes. Por lo común no tienen seguidores. Eso sí, tienen una claque enchufada al presupuesto, con sueldos, vehículos y una parafernalia que no sale de sus bolsillos.

Y ahí van, con una verborrea más gastada que guarache de pordiosero.

Esta es una de las fachadas de la crisis de liderazgo que vive el país. Las caras son muchas, el resultado y los protagonistas son los mismos. Presidentes que llegaron fruto de maniobras y manipulaciones gestadas por la oligarquía. Uno llegó por el fraude escandaloso y descarado, otro ungido por la televisión, aquel capitalizó la crisis antipriista y en el poder no supo qué hacer, otro conquistó multitudes pero resultó pésimo administrador.

De ahí para abajo, lo estamos viendo, puras vergüenzas.

El caso ventilado de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, es una asquerosidad. Casi un centenar de viajes en aviones privados, con toda su parentela, a sitios de recreo caros y lujosos en el extranjero. Un helicóptero pagado a un costo “inflado” de tres veces su valor: de 145 millones, ¡a 440 millones de pesos! (diario “Reforma”). Un escándalo sin límite con el dinero de los impuestos, de usted, del país.

Casi en cualquier país democrático, con este expediente maloliente a saqueo, la dama ya estaría fuera del cargo y camino a prisión. Incluso con la aplicación puntual de leyes mexicanas. ¿Y qué sucede? La presidenta, celosa y tajante en otros casos menores, le tiende un manto de comprensión y casi justificación y mira hacia otro lado. Rostro indulgente frente a lo que la gente mira como corrupción y cinismo. Esto precisamente es lo que exhibe un liderazgo blandengue y pusilánime.

Se ha dicho reiteradamente que quien pretende quedar bien con todos, termina por no quedar bien con nadie. Un liderazgo genuino, con las raíces profundas en el sentir y pensar de la gente, da un manotazo y sienta un precedente. Pavimenta el camino a la cárcel con un férreo ejemplo de verbo escaso y actuar vertical sin miramiento alguno.

No hacerlo, como estamos viendo, le abre un profundo socavón a su credibilidad, y confianza. Así si erosionan bases de simpatía y se fabrican toneladas de votos que habrá de cosechar la oposición. Visto objetivamente, los partidos adversarios a Morena hacen campaña con los errores, mentiras y simulaciones que el poder exhibe.

MORALES ALDUCIN. Todo un caso el de Jorge Morales Alducin, un empresario exitoso emparentado con un exgobernador. Poblano él, pero ha hecho fortuna y trabaja fuera de Puebla. Durante años ha buscado un cargo de elección popular. Conoce bien el estado y la capital, lo conocen, tiene simpatizantes, y persiste en su afán de conquistar votos y una posición. Hoy lo intenta una vez más por el flanco panista. Dará de qué hablar en los siguientes meses.

Distinto es el caso de Rafael Moreno Valle Buitrón, creo que canta bien las rancheras, pero carece de carrera política y méritos más allá del apellido. Su padre fue un poblano excelente: exitoso empresario, promotor deportivo, socializador nato, generoso impar con sus amigos. Pero hay un abismo entre uno y otro. Donde natura non da, Salamanca non presta.

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