septiembre 17, 2026, Puebla, México

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México, retroceso en educación / Xavier Gutiérrez

Un periodista poblano, cercano a Mario Marín, me contó esta historia. Un día, cuando Marín era presidente del PRI estatal, en 1997, este amigo visitó al hoy exgobernador. Recién nombrado presidente del tricolor, quiso ayudarlo haciéndole una entrevista a modo, lucidora.

Preparó unas preguntas que lo exhibieran como un hombre culto, leído, experimentado. Ideó un escenario en el que Marín metiera un golazo, a lo Messi, frente a una portería y sin portero. Le lanzó varias preguntas sobre su vida, estudios, cargos.

Y luego, ya con la mesa puesta, le dijo:

“¿Y qué está leyendo ahora, licenciado?”“Los estatutos del partido…”

Esa fue la respuesta irrisoria del exgobernante.

Como se puede apreciar, es un retrato al óleo de la clase política de nuestro país. Con este ejemplo, muy común si se consulta al hombre público, queda muy claro el nivel de educación y formación profesional de la burocracia mexicana. Por esto, cuando se revisan las conclusiones de la evaluación internacional de PISA sobre la educación mexicana, es cruel tener las pruebas o constancias como esta a la que nos referimos.

Pasan los años, los sexenios, y los programas de cada gobierno no tocan a fondo el tema educativo. Por eso las malas calificaciones en matemáticas y lectura, principalmente.

El tamaño del problema

Es cierto que la estructura educativa del país ha crecido notablemente. Hay servicios, equipo, profesorado, incluso recursos. Pero sufrimos por falta de calidad. Los intereses que ahogan y frenan a la educación en México hacen que el país, al paso de los años, esté anclado en un nivel para nada competitivo.

Abultadas cifras en población y aulas, escuelas y universidades, no corresponden con la calidad de la sustancia de la educación en México.

Y la educación es herramienta y pivote para el desarrollo.

Los países que ahí ponen todo su empeño y recursos, con China y los países nórdicos a la cabeza, marchan a la vanguardia en los avances del mundo.

Un punto clave de nuestro país en esta materia es la ausencia de valores en la enseñanza de todos los niveles. Otra deuda monumental es la necesidad no satisfecha de brindar a los maestros una capacitación actualizada y permanente.

El punto de fondo. El problema no se resuelve con más discurso ni con ocurrencias de coyuntura, sino con calidad, pensamiento crítico, capacitación docente y una escuela conectada con la realidad.

La respuesta escuchada en la mañanera, eso de “vamos a preparar un nuevo libro de matemáticas para las escuelas”, es francamente una ocurrencia sin comprensión del problema y formulada sobre las rodillas.

Si únicamente insistimos en una enseñanza machacona, memorizadora, ajena al pensamiento crítico y divorciada de la realidad que los niños y jóvenes ven en la calle, estamos formando elementos humanos que navegan en el círculo vicioso del desperdicio.

Esto no es estancamiento, es retroceso.

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