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25 Julio 2021, Puebla, México.

Ya  no hay duda, se fueron los glaciares

Naturaleza y sociedad | Crónica | 25.MAY.2021

Ya no hay duda, se fueron los glaciares

Oscar Ernesto Hernández López

Lacrisis climática era una realidad, la ausencia de hielo en las cumbres de los tres cincomiles de México lo prueban

Ya no es como antaño, las citas eran en la Estrella Roja en frente de San Agustín. Aquella vez, llevabas el equipo a escondidas, si tu papá te encontraba el piolet y los crampones la ibas a pasar muy mal. Les pediste a tus amigos que escondieran toda evidencia de que irían a la nieve para que tus familiares no se dieran cuenta de sus planes cuando te fueron a dejar a la terminal de autobuses, y así lo hicieron.

 Les encantaban las ascensiones al Iztaccíhuatl, acostumbraban hacer largas caminatas. En esa excursión, la primera jornada fue de Llano grande al albergue Téyotl, 12 horas cargando equipo y comida, subieron de los 3200 metros sobre el nivel del mar hasta los 4350 medidos con aquel altímetro color vino con carátula blanca que tu papá te regaló el día de tu cumpleaños. Con frecuencia eras el primero en llegar al destino propuesto ya fuera cumbre o refugio, siempre has tenido muy buena condición física.

La segunda jornada fue la más emocionante, un tramo caminando por esas enormes piedras sueltas que llamaban el Parque de Diversiones, luego, una pequeña escala en el albergue de Glaciares Orientales, ahí donde en una ocasión pasaron la noche y antes de dormir, habían sepultado en la gruesa capa de nieva la carne que comerían al día siguiente. Tuvieron que ayunar, los cuervos la descubrieron y se la robaron, solamente dejaron la bolsa de plástico que la envolvía.

 

A corta distancia estaba la Chimenea, formación rocosa que era paso obligado hacia la cumbre, en cuanto la superaron se pusieron los crampones, iniciaba el glaciar.

 

A paso lento llegaron a la Arista de la Luz, volteaste hacia tus compañeros y les dijiste que tú ya habías subido la Cabeza, miraron por unos segundos hacia esa cumbre, tomaron aire al llegar al puerto, el Valle de México apareció ante sus ojos, enorme, imponente, la atmósfera era transparente, permitía distinguir a lo lejos la silueta del Ajusco. Encordados, siguieron tus pasos, la mole que formaba el glaciar del pecho lucía impresionante.

Casi al llegar a la cumbre cruzaron una grieta que apenas se notaba, en otras ocasiones la habían encontrado abierta, era muy profunda.

 

Recordabas la pared de hielo del Popo, ahí donde practicaste varias veces la escalada en hielo, vino a tu mente la vez que escalaste escuchando música de los Beatles sintonizada en la rockola del Fóforo, como él llamaba a su pequeño radio de transistores. Siempre que escuchas Lucy in the sky with diamonds recuerdas esos momentos que se fueron para siempre junto con los glaciares que han desaparecido, dicen, por efecto del cambio climático.

Con el correr de los años, las ascensiones a los volcanes se volvieron solamente un bello recuerdo para la mayoría de tus compañeros montañistas. Los absorbió el trabajo, la familia, dejaron de hacer ejercicio, subieron de peso y de volumen, solo tú seguiste fiel al deporte de la escalada, practicabas en tu rocódromo, ese maravilloso gimnasio que construiste especializado en escalada en paredes artificiales, contiene muros de escalada de dificultad, escalada de velocidad y escalada tipo bulder, rappel y tirolesa, por años dejaste de ir a la montaña.

En la escuela de tus hijos les hablaban del cambio climático y sus terribles efectos, te parecía que exageraban. La tierra tiene ciclos, en unos años hace un poco más de calor que en otros, pero es normal, pensabas; pero descubriste que estabas equivocado cuando una mañana de invierno caminabas por un pasillo de la universidad donde dabas clases, el día era muy claro, sin nubes, sin smog.

 

Te detuviste a contemplar la maravillosa figura de los volcanes, no tenían nieve, los glaciares se habían esfumado. ¿Por qué no tienen nieve?

 

Te preguntaste asombrado. Era mediados de los 90, el Popo tiene explicación, te contestaste parcialmente, el gigante había despertado en el 94 y la lava había derretido el glaciar, pero ¿y el Iztaccíhuatl? A los pocos días viajaste Tlachichuca, visitabas a los parientes que habían guiado a ti y a tus amigos en su primera ascensión al Pico de Orizaba en 1970 y observaste detenidamente la majestuosa figura del Citlaltépetl, pudiste percatarte de que su glaciar norte, el más grande de México, había disminuido considerablemente. Poco tiempo después, las noticias dieron cuenta de un hallazgo en ese volcán: había aparecido una momia de un alpinista desaparecido en los años 50s, al derretirse el glaciar, el cadáver había quedado al descubierto.

Ya no había duda, la tremenda crisis climática era una realidad, la ausencia de hielo en las cumbres de los tres cincomiles de México eran una evidencia inequívoca de ello.

Ahora la aventura sería diferente, pasaste por tus amigos junto con el my friend, irían en auto hasta Llano Chico el Alto y un poco más allá gracias a la doble tracción de su poderoso Jeep, el Gerónimo. Querían recordar viejos tiempos, no haría falta el equipo de alta montaña, el glaciar había desaparecido algunos años atrás.

 

 

Como era costumbre en su juventud, ibas adelante, Bubú iba hasta atrás, de retaguardia. Llegaron al Téyotl y siguieron al puerto, pasaron por el Parque de Diversiones, el albergue de Glaciares Orientales ya no existía, y pisando tierra llegaron a la Arista de la Luz. El paisaje era decepcionante, ya no había hielo, ni siquiera nieve como para caminar sobre ella, no había grietas, el pecho lucía triste, opaco, el macizo rocoso estaba al descubierto. Con tristeza y nostalgia dijiste: Jamás volverán.