enero 22, 2026, Puebla, México

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Empresas tecnológicas: nuevos retos para las universidades

 

Nuestro modelo educativo en México, que tuvo éxito en los últimos decenios del siglo pasado, parece que nos está quedando a deber ante los grandes avances tecnológicos. Desde hace no pocos años, observamos gran cantidad de universitarios recién egresados que no encuentran trabajo y eso no sólo sucede en países latinoamericanos donde la oferta laboral es escasa. También ocurre en Europa donde podemos ver, por ejemplo, a médicos o ingenieros manejando un taxi en vez de estar ejerciendo su profesión.

El asunto no es nuevo ¿por qué entonces seguimos viendo oleadas de profesionistas que saturan las magras ofertas de trabajo que existen en el mercado? Apreciamos grandes cantidades de abogados, arquitectos, contadores o diseñadores que terminan su carrera y buscan trabajo en su campo, sobrepasando la poca demanda que existe, si acaso, por puestos de trabajo en sus áreas de especialidad. Algunos conocemos contados casos de, egresados de postgrados en universidades de Norteamérica, que pierden su empleo allá en los Estados Unidos pero luego son exitosos con servicios de jardinería o de lavado de albercas en zonas residenciales u ofreciendo servicios de limpieza a locales o edificios.

Desde hace cuarenta o cincuenta años las carreras que se ofrecen en la mayoría de las universidades de nuestro país son básicamente las mismas. Gran parte de esas carreras se crearon para satisfacer la demanda de profesionistas que las empresas industriales y demás negocios requerían, resultado de los modelos de producción y comercio que derivaron de la etapa posterior a la Revolución Industrial de fines del siglo XIX; esquemas que copiamos o heredamos para dar forma a nuestras instituciones de educación superior. A algunas de las carreras actuales se les han hecho algunas adiciones para mejorarlas o adaptarlas a nuevas tendencias. También, hace cincuenta años prácticamente no existían ni las maestrías, ni los diplomados, ni doctorados, los que se comenzaron a ofrecer hace menos tiempo, como complemento a algunas de las nuevas demandas en la preparación de los estudiantes y, fundamentalmente, copiando el modelo de las universidades norteamericanas que anunciaban con éxito esos postgrados. En 1940 existía la idea de que con una carrera universitaria podías obtener un buen trabajo para toda tu vida laboral; más tarde, a partir de 1970, un postgrado te podría permitir llegar a ser un alto ejecutivo en empresas.

Durante la segunda mitad del siglo anterior también se lanzaron las “carreras técnicas” en algunos tecnológicos, las cuales tuvieron un auge pasajero y fueron desapareciendo lentamente, entre otras razones, por ser consideradas como carreras de “segunda clase”. Sin embargo hoy han surgido, por toda la República, infinidad de universidades que ofrecen carreras tradicionales, a menor costo, y con niveles académicos que dejan mucho que desear. Literalmente tenemos, en la mayoría de esas universidades y muchas otras, una “gran fábrica de desempleados”.

Las nuevas tecnologías, como son las redes sociales, con las que el comercio digital está cada vez más presente en nuestras vidas, demanda, entre muchos puestos, ingenieros que diseñen los micro circuitos que son el corazón de los sistemas de casi todos los aparatos electrónicos modernos; otros ingenieros que diseñen y desarrollen los sistemas y “aplicaciones” que soportan los productos y servicios que se venden “online”; otros diseñadores, mercadólogos y administradores que den “forma” a las páginas donde se ofrecen los productos y servicios que son adquiridos mediante comercio electrónico. Sabemos que en México no somos desarrolladores de componentes electrónicos para la industria pero, en este mundo globalizado, muchos de nuestros estudiantes de hoy llegarán a trabajar en el extranjero el día de mañana. Además, el comercio digital es cada día más relevante en nuestro país; gran cantidad de empresas en México ofrecen y venden sus productos y servicios en línea; las energías limpias, con sus avanzadas tecnologías, son cada vez más conocidas y apreciadas en los países; las técnicas para elaborar materiales que forman parte de los “edificios inteligentes”, las nuevas herramientas para el diseño y la arquitectura, los métodos para mayor eficiencia y ahorro de energía en edificios y complejos industriales o los métodos para ahorro de agua, todos ellos llevan un aprendizaje universitario del que sabemos poco.

Steve Jobs, fundador de Apple, en un discurso a alumnos que se graduaban en la Universidad de Stanford en 2005, dijo estas palabras: “Dejar la universidad fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado”. Cuando Jobs dejó la universidad, no había opciones educativas para el desarrollo de las tecnologías que dieron lugar al gigante tecnológico Apple. Algunas empresas de tecnología actualmente ofrecen cursos con duración y precio mucho menores a una carrera universitaria y dichas empresas les dan un valor equivalente.

¿Será la educación universitaria de hoy un producto mercadológico más, que no responde a las reales necesidades de los estudiantes y de la cambiante sociedad en la que viven? ¿Ha faltado planeación en nuestras universidades para adaptarse a los nuevos retos tecnológicos del siglo XXI? Para reflexionar.