Cuadernos de la Revista Elementos BUAP
Por Emma Yanes Rizo
En septiembre de 1997, Puebla y Tlaxcala adquieren la Denominación de Origen por la elaboración artesanal de la talavera desde la época colonial. En diciembre de 2019, la técnica de la talavera es declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad como un bien binacional que une a México y España.
México es un país hecho a mano, un país de tierras de colores con olor a futuro. Su historia, desde la época prehispánica a la actualidad, puede leerse en cada pieza de barro, cuya manufactura proviene de las manos sabias de las personas artesanas. La técnica de la talavera que permanece hasta nuestros días tiene una larga historia que se debe, entre otras razones, a la permanencia en la transmisión de conocimientos generación tras generación a lo largo de cinco siglos y al gusto social de su uso a través del tiempo.
La técnica de la loza estannífera, conocida popularmente como talavera, arribó a la Nueva España a mediados del siglo XVI con la impronta cultural de España, imbuida a su vez de la tradición cerámica del mundo árabe, la seducción del azul de la porcelana oriental y, ya en el siglo XVII, de la paleta policroma del renacimiento italiano. Llegó la talavera para no irse; se quedaron desde el siglo XVI en la Puebla de los Ángeles los primeros loceros españoles e italianos originarios de Talavera de la Reina, Puente del Arzobispo, Sevilla, Génova y Liguria, entre otras ciudades. Transmitieron sus conocimientos de padres a hijos y de maestros a oficiales y aprendices, apoyados en la sabiduría local de los pueblos indígenas en el manejo del barro.
Para el siglo XVII, la red de loceros ya estaba en manos de criollos y mestizos, y en los talleres había oficiales trabajadores indígenas y africanos, además de los asiáticos dedicados básicamente a la ornamentación. Los artesanos se comunicaban entre sí a través de un lenguaje visual y del aprendizaje manual; cada pieza de loza estannífera o talavera, de azulejos y esculturas, representa un diálogo pluricultural. Son lienzos de sabiduría colectiva: un trozo de la belleza del mundo que podemos acariciar.
Otra razón por la que la técnica de la talavera se quedó en nuestra patria es por la necesidad de arte, en los términos de Alois Riegl; es decir, la vocación de México por celebrar la belleza en las cúpulas de las iglesias, las fachadas, las cocinas, las fuentes y las costumbres de mesa.
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