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6 Octubre 2022, Puebla, México.

Férrea memoria.  Andrés Lobato, ganador del premio

Sociedad | Entrevista | 4.DIC.2021

Férrea memoria. Andrés Lobato, ganador del premio "México en una imagen"

Moisés Ramos Rodríguez

Moisés Ramos entrevista al fotógrafo Andrés Lobato

 

No puede ver cómo atardece porque corre para buscar un lugar con altura para alcanzar las imágenes, rápidamente cambiantes, de ese acontecimiento cotidiano pero qué, él lo sabe bien, es siempre distinto. No puede ver que hay luna llena, porque quiere la mejor hora y el mejor lugar para tomar, por ejemplo, al satélite junto a los volcanes, especialmente a la Iztaccíhuatl, si es que es otoño.

 

Pero, como profesional, siempre busca tener la foto del día. Y la tiene.

 

Sin embargo, también se considera afortunado, porque en eventos puramente periodísticos, ha logrado llegar en el momento justo; por ejemplo, cuando el helicóptero en el que, se dice, viajaban el matrimonio Moreno Valle Rosas-Alonso, cayó en campos de Cuautlancingo: era 24 de diciembre, día de descanso, estaba en Tlaxcala y fue el segundo fotorreportero en llegar.

Cuando explotó la toma clandestina de gas en San Pablo Xochimehuacán apenas hace unas semanas, una inquietud que no supo de donde vino, lo hizo despertarse, en domingo, a las seis de la mañana, lo cual le dio la oportunidad de revisar su cuenta de Twitter para enterarse de la contingencia al norte de la ciudad de Puebla y, literalmente correr para tener las fotos que ese mismo día publicó en la página electrónica de Milenio Puebla, donde trabaja como Jefe de fotografía.

Se trata de Andrés J. Lobato Bonilla, quien nació el 26 de noviembre de 1977 y reside en Puebla.

Hoy recibirá su primer premio que le hace sentir inquieto, alegre, orgulloso, apenado, inquieto: expondrá en el Museo Soumaya porque su fotografía de los voladores con el volcán Popocatépetl al fondo, resultó una de las ganadoras en el concurso “México en una imagen”.

La foto de Andrés Lobato, ganadora en el Premio México en una Imagen

Andrés Lobato:

Andrés Lobato: "Los Voladores y el milagro de Don Goyo"

 

Es uno de los quinientos cincuenta de los casi noventa mil fotógrafos que, en once años, han participado en el certamen y han sido premiados, con la impresión y la exposición de su fotografía, profesional o de aficionado que “fortalezca la identidad y el arraigo cultural de México, acercarnos a la cultura y promover el cuidado del medio ambiente”, comenta en entrevista.  

Y detalla que las que veremos desde este sábado 4 de diciembre en la Ciudad de México, son cincuenta fotografías premiadas, cuarenta y cinco de ellas seleccionadas por los jueces, de las cuales tres son de la categoría “Una mirada especial”. El resto son profesionales y público en general, y cinco, sólo cinco son las más votadas por el público.

La de Lobato, como conocen todos al fotorreportero poblano, fue inscrita en la categoría de Profesionales y recibió miles de votos.

 

 

Lobo joven

 

A los cuarenta y cuatro años de edad cumplidos apenas el mes pasado, con más de dieciséis ejerciendo la fotografía de prensa de manera profesional, Andrés Lobato recuerda al joven que fue, hace veinticinco años en la preparatoria, que cursaba en León, Guanajuato: no sabía a qué se dedicaría, qué carrera cursaría cuando, de último momento, hizo el examen de orientación que le guió en lo que sería el reto de su vida: la Licenciatura de Comunicación.

A los diecinueve años, decidió estudiar esa carrera que incluía una materia que a él le interesaba: fotografía, cuya materia fue la primera que tomó en sus clases de camino profesional.

Entonces, su papá le compró, usada, una cámara Olympia, la cual recuerda con cariño, porque, asegura, no ha tenido otra que retrate los cielos azueles como lo hacía aquella.

El destino lo trajo de regreso a Puebla, donde comenzó a trabajar con el empresario recientemente fallecido Rodrigo López Sainz, quien pensó en él como un trabajador en el área de diseño, de máquinas, de formación, de impresión, en la parte no visible de los medios impresos en los que el impresor se especializó.

López Sainz entonces tenía un periódico, y éste un programa de radio; Lobato entró como colaborador del productor del programa de noticias, Luis Diego Peralta, y se dio cuenta de que los invitados eran entrevistados y las entrevistas eran publicadas en el periódico, pero con fotos de archivo o de boletín, y le ofreció al jefe de fotografía, Rafael Durán que, ya que tenía una cámara y hacia fotos, le permitiera tomar imágenes de esos entrevistados.             

Hoy Lobato, asegura que esas primeras fotos eran malas, pero se las publicaron y él comenzó a ejercer un oficio que lo mantiene, casi veinte años.

Lo mantiene en todos los sentidos: económica, vital, profesional e incluso anímicamente: la fotografía, admite mientras intenta tomar café, comer pastel y sostener su cámara mientras ve lo retratable a su alrededor.

Parece poco menos de dos décadas para ser un fotógrafo experimentado, pero hay que decir que Andrés Lobato, después de esas primeras fotos, logró una que ganó la primera plana del diario de Rodrigo López Sainz: la elección de candidato del PRI, entonces “el partidazo” como le decían quienes vivían a sus costillas, donde el elegido fue Marín.

El perdedor, como lo fue después en otros trances, fue Germán Sierra Sánchez. Lobato le hizo una foto derrotado, y el periódico la publicó con el titular: “No soy un perdedor”, recuerda, de memoria, el fotorreportero.

La vida siguió, Lobato adquirió la costumbre de cambiar de cámaras para hacerse de una mejor cada vez (por eso no conserva la vieja Olympia que tan buenos recuerdos le trae), y se fue a una revista de sociales de la misma empresa de López Sainz, Imagen; después fundó y diseñó Ambiance, para la cual, por si fuera poco, tomaba fotos y redactaba notas.

Entonces llegó su gran oportunidad en el periodismo diario: el empresario que había traído la franquicia del diario Milenio a Puebla, Julián Ventosa Tanús, lo invitó a trabajar ahí, y ahí, con el fotógrafo Joel Merino como jefe.

Ventosa lo invitó porque, le dijo, le gustaban sus fotografías, no sólo porque fueran amigos.Así comenzó para Lobato una carrera profesional que sigue hasta ahora y que tuvo una historia afortunada y casi paralela: Hasta la vista! (sic), (HLV!), revista que le permitió viajar, viajar y viajar, y hacer las fotografías de la Naturaleza y de los lugares que siempre había imaginado que conocería: volcanes, desiertos, animales, paisajes siempre ahí pero siempre listos para ser visto por primera vez.   

Para Lobato, HLV! fue una gran oportunidad para afinar sus instrumentos, su mirada, su intuición, su olfato periodístico y su gusto por el viaje y los lugares que, aparentemente conocidos, se pueden descubrir a través de la fotografía, como lo aprendió viendo México desconocido, revista que su papá compró hasta que el director fundador, Harry Möller, la vendió.

Para Lobato, la Naturaleza es tan importante como la nota del día, por lo que puede no dormir pero estar despierto de madrugada en lo más alto que puede en el volcán Popocatépetl para hacer fotos del cielo estrellado, de las fases de la luna, de la lluvia de estrellas, del amanecer que siempre sorprende, con ser “el mismo” acto cada día.     

 

 

El señor Lobato

 

Esposo de Rosario, papá de Laura Andrea, mascota del Capi, el perro que él asegura es su mascota, Andrés es un tipo con manías de fotógrafo, y siempre está viendo lo que sucede a su alrededor; para su auto a la menor provocación para hacer una toma, o corre a sitios inesperados; su carácter, con el tiempo, se ha decantado hacia su parte menos ansiosa, más madura, como corresponde a un hombre de cuarenta y cuatro años que, además del premio que recibe hoy, tiene veintidós exposiciones en su haber, entre individuales y colectivas.

Además, Lobato está casi recién desembarcado de Tucson, Arizona, donde expuso, simultáneamente fotografías sobre la celebración del Día de Muertos, también mostradas en el Pasaje del Ayuntamiento de la ciudad de Puebla.

Lobato regresó muy contento porque sus fotos fueron subastadas para ayudar a la fundación City of Gastronomy, iniciativa de la Unesco en esa ciudad estadunidense que forma parte de la red de Ciudades creativas, y que a su vez es parte de la Iniciativa 2030, de la organización internacional de países.

Una de las imágenes que Lobato expuso simultáneamente en Puebla y Tucson, la de un niño campesino, sonriente, fue la más disputada (puede verse en el Pasaje Zaragoza o del Ayuntamiento, entre Juan de Palafox y la Avenida 2 oriente, frente al zócalo poblano). Y al final reunió poco más de dos mil quinientos dólares para esa organización.

Y ahora, se prepara para otras exposiciones de las que hablaremos después, cuando nos diga cómo le fue en el Museo Soumaya.

Mientras tanto, pese a no ser parte de la generación de los nativos digitales, Lobato mantiene su presencia en las redes sociales y está a punto de abrir su página personal en internet. Ahora tiene más de cincuenta mil seguidores en Instagram. El 21 de marzo del 2021, su foto de la llamada “Súper luna” fue elegida como una de las mejores del mundo, según Twitter.  

                    

Lobato cree que el ser humano siempre va a querer hacer fotografías, porque la imagen le es sustancial; y recomienda imprimir las fotografías, porque siempre será mejor sensación para el ser humano saber que esa imagen está impresa y no sólo es parte de una nube donde, se ha demostrado, pueden desaparecer archivos sin dejar rastros.

 

Mientras ve una foto del atardecer visto desde el viejo barrio de Analco, Lobato recuerda que hoy, en un día se hacen más fotos de las que se tomaron en todo el siglo XX. “Nunca enseñes fotos malas” recuerda Lobato que le dijo su profesor de fotografía al iniciar la licenciatura. Ha buscado hasta la manía cumplir con ese mandato. Y lo ha logrado. 

 

Hace poco lo vi cargando flores cerca de Xalixintla, en la población más cercana al volcán Popocatépetl. Llevaba muchas horas sin dormir, de un lado a otro, pero quiso aprovechar su día de descanso para visitar esa región a la que tanto regresa y que tantas satisfacciones le ha dado como fotógrafo.

Lo vi agradecer lo que ha recibido y lo que sigue recibiendo. Lo vi caminar hacia el sol, hacia lo luminoso. Y hoy sábado 4 a las 14:00 horas, se pondrá muy serio (y nervioso) cuando le den el premio por la foto que estará las próximas semanas en el Museo Soumaya de la Ciudad de México: voladores frente al volcán con fumarola y nubes, una México que es abundante, rico, generoso, y está mucho más allá de los lugares comunes que le quieren indilgar por la violencia.