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6 Octubre 2022, Puebla, México.

¿Existe una nomenclatura en Morena? / Carlos Figueroa Ibarra

Política | Opinión | 16.AGO.2022

¿Existe una nomenclatura en Morena? / Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra

Lo que está sucediendo es el surgimiento de una élite política contraria a lo que soñábamos en 2012

El título de este artículo resultará provocador para el sector dominante en Morena. Más aún, porque el término ha estado siendo utilizado por Ricardo Monreal, un actor del partido que despierta profundas controversias por sus actuaciones desde siempre, pero particularmente en los últimos cinco años.

Pero no nos equivoquemos. El término no pertenece a Ricardo Monreal sino procede de la publicación del libro La Nomenklatura (argosvergara, 1981) del soviético Michael Voslensky, el cual fuera publicado en español con prólogo del disidente comunista español Fernando Claudín. Por otra parte, podremos ser partidarios de Monreal o deplorar su conducta y concepciones, pero eso no impide el que veamos si sus señalamientos corresponden a la verdad o son afirmaciones interesadas por la coyuntura política.

En La Nomenklatura, Voslensky sigue la pista de autores como Trotski y muchos otro/as  más que indagaron  acerca de la naturaleza sociológica de la elite dominante en la URSS. El análisis de Voslensky concluyó que en los años soviéticos había emergido una clase política cuya dominación radicaba en su control de los más altos puestos de dirección en las distintas instancias del Estado, desde las políticas (empezando por el Partido Comunista de la Unión Soviética-PCUS), los económicos, los culturales hasta los militares. Ese control le daba acceso a un ingreso y poder notablemente superior al de la media soviética. La  nomenclatura también se caracterizaba por su reproducción a través de las relaciones de parentesco y el capital social que sus integrantes heredaban.

En lo que se refiere a los  partidos una indagación similar la podemos observar en el libro Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna (Amorrortu, 2008) del politólogo alemán Robert Michels, ampliamente citado por Antonio Gramsci, quien estableció “La ley de hierro de la oligarquía”, la cual establecía la tendencia inevitable de los partidos u organizaciones a formar élites que controlaban a dichos partidos u organizaciones.

En un artículo titulado “La maldición de Duverger” (La Jornada, 28 de julio de 2022), Abraham Nuncio se une a las voces críticas que han surgido con respecto al proceso del III Congreso Ordinario de Morena. Constata que ese proceso no es más que la continuidad del camino que fuera señalado hace cincuenta años por el politólogo francés Maurice Duverger, en el mismo sentido que Michels: los partidos inevitablemente construyen oligarquías en torno a sus dirigencias.

El señalamiento de Monreal muy probablemente esté motivado porque la nomenclatura que él denuncia, no es la suya propia. Acaso pues, tenga motivaciones propias para hacer estas denuncias y no las que tenemos los que de manera crítica y preocupada observamos lo que se sucede en Morena.

En efecto, por el camino que va Morena corre el peligro de construir una nueva elite política que tendría al menos tres peligros adicionales1. Esta nueva elite no procedería de los movimientos sociales sino de las estructuras estatales en sus niveles federales, estaduales y municipales. Con ello estaríamos observando el tránsito de un partido- movimiento a un partido de Estado. 2. El origen político de esta nueva élite no procedería necesariamente del movimiento político forjado por Morena, sino del transfuguismo político que ha provocado éxito del partido de la 4T en los últimos años: la parte más oportunista de las nomenclaturas priistas y panistas sigue migrando no al partido de la 4T sino al partido oficial. 3. Con lo anterior, la nueva elite dirigente no reproducirá la revolución de las conciencias pregonada por Andrés Manuel López Obrador, sino la cultura política priista que es mucho más poderosa que el propio PRI.

El origen de toda esta situación arranca de la necesidad objetiva que nos impuso el proceso electoral de 2018: era necesaria una política de alianzas muy amplia para poder ganar de manera solvente en las elecciones presidenciales. Pasamos de una política en la que la alianza “era con la sociedad”, a la práctica de estimular la migración de dirigentes y político/as priistas y panistas a efecto de arrastrar el mayor caudal electoral posible. Pero lo que en 2018 era necesidad, la actual dirigencia nacional de Morena la ha vuelto virtud.

Esa dirigencia tiene una lectura autocomplaciente de lo que está sucediendo: para ella las asambleas distritales del 30 y 31 de julio fueron magnas fiestas democráticas que “convierten al partido de cuadros en un partido de masas”. Esta afirmación evidencia una ignorancia de lo que ha sido Morena: un partido que nació de un movimiento. Más que una fiesta democrática lo sucedido el 30 y 31 de julio fue una reproducción de lo peor de las viejas prácticas corporativas y clientelares del priismo. 

La dirigencia de Morena también tiene una lectura de ingenuo optimismo (para decir lo menos) de las consecuencias de todo este proceso: la llegada en estampida de sectores de la clase política priista y panista será la oportunidad de “reeducarlos en los principios de la 4T”. Lo que sucederá muy probablemente, será la importación de la cultura política priista al interior de Morena.

Finalmente, la autocomplacencia e ingenuo optimismo de la actual dirigencia de Morena (dándole el beneficio de la duda) se expresa en la convicción de que la jauría priista y panista está migrando a Morena porque se ha convencido de la justeza de los principios de la 4T. Absurda suposición. El transfuguismo político que estamos observando ahora, no se debe a un súbito cambio ideológico, sino al oportunismo que genera el éxito electoral de Morena y el que sea el partido gobernante en México.

Lo que estamos observando hoy en Morena es el abandono por buena parte del partido de otro de los principios planteados por López Obrador: en Morena no se está por ambición a los cargos sino por los principios. Nada de lo que estamos observando hoy en el partido-movimiento respalda esa aseveración. Aun cuando todo/as los aspirantes digan lo contrario. Lo que en realidad está sucediendo es el surgimiento de una amalgamada élite política, una realidad totalmente contraria a lo que soñábamos en 2012, cuando decidimos convertirnos en partido movimiento.