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15 Julio 2024, Puebla, México.

La pixca o cosecha en los caminos artesanales / Porfirio Tepox Cuatlayotl

Naturaleza y sociedad | Crónica | 16.DIC.2022

La pixca o cosecha en los caminos artesanales / Porfirio Tepox Cuatlayotl

Ir de camino por la naturaleza/ vigésima octava crónica

En el final del otoño, la siembra de temporal, del cultivo de maíz está lista, es decir, la mazorca ya está en sazón para ser cosechada. Esto lo saben los agricultores, porque los colores ocre, canela y miel revisten el tallo, las hojas, las inflorescencias y todas las partes de la planta del maíz. Asimismo, los colores, cobrizo, canela, ocre, sepia, marrón, pardos y áureos empiezan a recubrir la vegetación. Este banquete de colores otoñales en la naturaleza con todas sus tonalidades también es un indicador de que ha llegado el momento de la pixcatl o cosecha del maíz y de otros cultivos de temporal como el frijol y la calabaza. A todo este escenario natural, se suman los recios y fríos vientos de otoño.

En este sentido, el esfuerzo de los agricultores, que inicia con la preparación de las tierras, continua con la siembra, sigue con el cuidado del cultivo, a saber, los deshierbes y la fertilización de las plantas, será correspondido con la cosecha del maíz y otros frutos que serán llevados -para recuperar el termino náhuatl- al antiguo cuezcomatl, esto es, al granero de los antiguos mexicanos, o, de manera específica, al cencalli o casa del maíz, lugar cultural y sagrado. En este punto, conviene explicar que este sitio no ha sido únicamente un lugar para almacenar la cosecha, sino también ha sido como su etimología lo dicta, cencalli, la casa del maíz, pues integra los vocablos centli: mazorca de maíz y calli: casa. Por todo esto, en muchos pueblos originarios, es de sobra conocido que el cencalli o cencal ha sido y es la morada en la que descansa y duerme nuestro hermano, lugar en donde vive y palpita el maíz, tal como lo escribe Francisco Sánchez Conde: “el maíz es alguien que corre en nuestra sangre y palpita en nuestro corazón para darnos vida después de su cosecha”.   

A todo esto, también merece decir que el campo es generoso, ya que antes y después de la cosecha se pueden recolectar frutos sin afectar el trabajo y el esfuerzo de los campesinos, pues, en ellos tiene su realización plena el dicho conocido: “el que siembra cosecha.” Aunque insistimos, la generosidad del campo, para decirlo con las palabras de Francesc Torralba: “es un don que embellece la realidad”. Pongamos un ejemplo que ilumina este propósito, el cual nos permite recordar una actividad que se origina en los pueblos del mundo náhuatl, que nace en los campos mexicanos del ayer y que se empieza a perder en los de hoy, nos referimos a la costumbre denominada titixar, la cual se refiere a la recolección de mazorcas de maíz que no fueron de interés para el dueño del cultivo, esta actividad se hace después de la cosecha por personas ajenas a las siembras. Resumiendo, a esto nos referimos con la generosidad de la naturaleza, pues, no sólo a los agricultores, sino a personas ajenas a los cultivos, también les embellece la vida al aprovechar las mazorcas restantes de la cosecha.   

Todas estas notas que describen de manera sucinta la cosecha en el otoño también son parte de la vida del senderista al recorrer los caminos artesanales, pues, por un lado, su desplazamiento a través de la naturaleza lo conduce a los escenarios creados por los agricultores, esto es, sus cultivos, y, por otro lado, a los entornos naturales en los que no ha participado la mano del hombre para su creación. En este punto, conviene subrayar que tanto los escenarios agrícolas como los naturales, el caminante los recibe como un don, por esto, desde lo más íntimo de su ser, en cada paso de su marcha brota un sentimiento de gratitud tal como lo expone el filósofo Francesc Torralba: “Hay que agradecer a la naturaleza todo aquello que nos da y que hace posible la misma existencia humana. No podemos decírselo, porque no tiene oídos para escucharlo, pero podemos mostrárselo activamente, respetando su grandeza y velando por su vulnerabilidad”.

Ahora bien, con respecto al primer punto, el de la pixcatl o cosecha, esta actividad también es parte de la vida del senderista, aunque a diferencia del agricultor quien utiliza, por enlistar sus instrumentos tradicionales de cosecha, el chiquihuite, el ayate, los costales, el mecapal y el pixcon[1] para la recolección de las mazorcas de maíz; por su parte el caminante debe ensanchar sus sentidos: vista, oído, olfato, tacto y gusto que han sido, son y serán sus instrumentos más preciados para la cosecha en este otoño y otros otoños del ayer y de años venideros; han sido, son y serán sus herramientas de recolección de muchos frutos que los escenarios naturales le ofrecen en esta estación y en las otras estaciones del año: invierno, primavera, verano. En seguida, algunos párrafos iluminan este propósito que se refiere a la pixcatl o cosecha del caminante a través de sus sentidos.

Vista. Con este sentido, el caminante, sin afectar a los agricultores, puede recolectar en los cultivos de maíz las tonalidades de los colores ocre, canela, miel, sepia, marrón que engalanan el tallo, las hojas, las inflorescencias y todas las partes de la planta del maíz en la estación otoñal. Por otra parte, en los bosques puede reunir los matices del color sepia y café contenidos en la alfombra natural que se forma por la caída de las hojas de los pinos. Asimismo, en este sentido que se refiera a la cosecha, también puede grabar en sus recuerdos los tonos de los pastizales que para esta fecha ya se han revestido de los colores sepias, cobrizos y áureos. Además, a esta recolección de colores, a través del sentido de la vista, puede imprimir en ella las miríadas de formas de las hojas, los tallos y los frutos de la vegetación que encuentre en su marcha, esto, debido a la decoración que ofrece la naturaleza, a su mirada.

Oído. El sentido del oído es un recurso más para realizar la cosecha de otros elementos de la naturaleza. Es de sobra conocido que, en todas las estaciones del año, el itinerante de la naturaleza puede cosechar sonidos, pero para el caso del otoño que es la estación en la cual estamos inmersos, puede aprovechar las intensidades del viento que chochan con los distintos estratos de la vegetación de lo que resulta una cierta musicalidad de la naturaleza. Los siguientes ejemplos nos dan una idea de la recolección de sonidos. El caminante puede detener su marcha, elegir un lugar lleno de quietud, comodidad y seguridad para prestar oídos a los gratos sonidos que brotan de los parajes llenos de pastizales. También es recomendable que, en este otoño, en las proximidades de los cultivos de maíz pueda atesorar la musicalidad que deriva del encuentro del viento con los tallos y hojas secas de la planta del maíz. En esta recopilación de sonidos no puede faltar la tonada musical que nace del abrazo del viento a las hojas de los pinos, y que da paso a un canto natural, y luego a un encanto que no te dejará salir del bosque. Otro sonido muy especial es el que emerge del recorrido del agua, de manera particular hace pocos días el caminante que escribe estas líneas pudo recolectar, en su ser, los sonidos del recorrido del agua del río Metlapanapa, situado en la antigua comunidad de San Andrés Calpan, en la zona ecoturística denominada Teacciztli.

Olfato. Detener la celeridad de la marcha hasta llegar a la quietud, te dará la oportunidad de detectar y cosechar los aromas o fragancias que brotan de algunas flores, del rocío del amanecer, de las maderas del bosque, de la tierra húmeda. Para la cosecha de los bálsamos de la naturaleza, el sentido por antonomasia, como ya hemos escrito, es el olfato, el cual en una marcha en el bosque te permite saborear el intenso aroma de las resinas de los árboles las cuales se impregnarán en cada parte de tu ser para acompañar tus pasos. Otros lugares, en el que el caminante tiene la oportunidad de cosechar aromas, son los campos donde habitan las plantas aromáticas como es el caso de los parajes llenos de epazotes, plantas de las que nace un intenso aroma al pasar cerca de sus hojas. Ciertamente, la cosecha de aromas no es exclusiva del otoño, ya que también se puede realizar en otras estaciones del año. Para finalizar los ejemplos de la recolección de fragancias, quiero recordar aquella que corresponde a la frescura que brota de las primeras lluvias, ese aroma a tierra mojada, llamado petricor, ese aroma que se impregna en cada latido, en cada palpitar del caminante después de cada lluvia en verano.

Tacto. Degustar texturas táctiles es otra de las cosechas en la naturaleza. El caminante debe realizar esta pixcatl con cuidado, prudencia y responsabilidad, pues no es recomendable que toque cualquier planta que desconozca en el bosque, los caminos artesanales y parajes, esto por su seguridad, pues hay algunas plantas que por su naturaleza son urticantes o tienen algún grado de toxicidad, sin embargo, puede hacer otro tipo de recolección táctil como es acariciar una piedra que encuentre en el camino para sentir sus características de rugosidad o lisura, desde luego que la piedra no sea el hogar de pequeños seres vivos, por un lado para respetar su entorno, y por el otro lado, para la seguridad del caminante. De igual forma podrá atesorar las múltiples intensidades y texturas del viento en las cuatro estaciones del año, baste decir que es muy grato caminar y abrir los brazos para que la piel del caminante pueda ser acariciada con la textura e intensidad del viento otoñal, distinta a la sensación del frio quemante de las gélidas mañanas de invierno, en las cuales es recomendable caminar abrigado. Entre otros de los tesoros que se pude recolectar con el sentido del tacto en los senderos de la naturaleza y que, a su vez, nos ayuda a finalizar este párrafo, es el que se refiere a las caricias de los primeros rayos del sol que, en el amanecer, cobijan al caminante de las gélidas mañanas de invierno.

Gusto. Saborear la naturaleza, igual que degustar texturas táctiles, también implica prudencia, moderación y responsabilidad del caminante. En este punto remarcamos que no recomendamos comer frutos de la naturaleza, primero por desconocerlos y luego porque muchos frutos en la naturaleza tienen niveles de toxicidad. Ahora, en lo que corresponde a los frutos de los cultivos de los agricultores, el caminante debe respetar estas cosechas, ya que no debe recolectar lo que no ha sembrado. Por esto, para realizar la cosecha de sabores, la recomendación es llevar frutos que los senderistas tengan en su casa: una manzana, una mandarina, una naranja, una uva, un limón, u otros alimentos, como un chocolate, un trozo de pan, incluso llevar un poco de té o café es una buena opción. En este punto, conviene remarcar que los sabores de todos estos alimentos enlistados, para muchos senderistas, son de sobra conocidos, pero, comerlos en medio la naturaleza, atentos y agradecidos a sus bondades después de una caminata, para algunos caminantes ha sido y para otros será una experiencia nueva, al degustar una mayor intensidad, dulzura y suavidad en los sabores de estos refrigerios, algo así como una caricia llena de exquisitez para el paladar del caminante.  Degustar y catar alimentos, llevados desde casa, en el interior de la naturaleza es la cosecha de sabores que el caminante recolecta y recolectará con el sentido del gusto.

Esta es la cosecha del senderista en los caminos artesanales, bosques, parajes y cultivos; una recolección de aromas, imágenes visuales, ruidos o sonidos, sabores y texturas táctiles que comprometen a todos nuestros sentidos, los activan, los ensanchan con el único propósito de pixcar o cosechar en la naturaleza sin dañarla y en los cultivos sin afectar el esfuerzo de los agricultores.

Para finalizar este recorrido y coronar la pixca en los escenarios naturales, únicamente transcribimos un bello poema que nace del trabajo y el esfuerzo de los campesinos, de la hospitalidad y la bondad de las tlacualeras, del silencio y la musicalidad de la naturaleza de los campos tlaxcaltecas, asimismo, acentuamos que las letras de este escrito brotan del palpitar y de los recuerdos,  de los pensamientos, de los sentimientos y de la pluma e inspiración de la maestra Ignacia Muñoz Barba, a continuación presentamos su hermoso poema:

Después del medio día

doña Rosenda, doña Flor,

mi mamá y yo, llegamos al campo.

Ellas son tlacualeras, cargan

a cuestas en sus rebozos

platos, cucharas, vasos y sal;

en una mano una bolsa de ixtle

con ollas de barro de comida caliente,

en la otra un garrafón de agua simple.

Don Agustín, don Pantaleón, mi padre

y mis tres hermanos han terminado

la pixca de la mazorca.

A medio terreno

nos sentamos sobre los surcos,

hacemos una rueda,

bajo la sombra del huejote.

Almorzamos.

 

[1] El pixcon es un instrumento de metal con una punta que sirve para cortar la base de la mazorca de maíz para su recolección.

 

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