El hoy vilipendiado y ninguneado Partido de la Revolución Democrática nació hace 33 años tras el encuentro de varios movimientos populares que, después de décadas de lucha social, institucionalizaron sus esfuerzos por alcanzar desde la izquierda los espacios de poder y decisión del país.
Hoy, en el imaginario colectivo y en la conversación mediática, el PRD es una suerte de burla nacional, es el patito más feo de la política mexicana, aquel del que casi nadie espera nada más que su desaparición.
Sin embargo, las filias y fobias de la disputa por el poder en nuestro país, imposibilitan analizar este fenómeno con respeto y madurez política, porque no podemos olvidar que el pasado, presente y futuro de la izquierda mexicana siempre tendrá al PRD como referencia.
Veamos.
Actualmente, toda institución política a nivel mundial —sea cual sea— experimenta un rechazo o indiferencia social que se hace más grande en cada nueva generación que se integra. No, no todos los partidos son iguales, pero todos están en el mismo barco.
En la práctica, un partido político es una marca, cuya supervivencia depende de su rentabilidad. Hoy Morena es el partido más rentable, es el partido en el poder, y por tanto una marca atractiva para «invertir» en ella. Garantiza espacios de poder, contratos, participación política, cercanía burocrática, para quienes «se suman al proyecto». Pasó con el PRI, y también con Acción Nacional.
Este último es rentable porque es la fuerza opositora más importante, y aunque arrastra junto a los otros partidos el estigma de «La Mafia del Poder» con infames escándalos como el de García Luna o Calderón, aún mantiene como «público cautivo» a los sectores más conservadores del país. Tiene un capital económico importante, una base social dispuesta a invertir en dinero o en especie con ellos para recuperar los espacios de poder y privilegios perdidos.
El PRI por otro lado vive su decadencia, en la conversación mediática e interpersonal es sinónimo de deshonestidad, corrupción, y malos gobiernos. Su rentabilidad está basada en su experiencia y capacidad para negociar y ejercer con el poder, en las reminiscencias de una base política clientelar construida por décadas. En el remanente de generaciones para las que el tricolor fue su única forma de participación política.
El Partido del Trabajo, el Verde y hasta el Panal son instituciones políticas cuya rentabilidad con un poco más de suerte que de talento, está basada en su posibilidad de dar la vuelta a limitaciones legales como cuotas de género, representatividad y presupuesto, y bueno, con 2 gubernaturas y una estrategia abyecta pero funcional Movimiento Ciudadano también es rentable.
El PRD fue rentable y alcanzó entre 2006 y 2012 su mejor momento con gubernaturas, bancadas, alcaldías, y presupuesto. Pero las malas decisiones de sus dirigentes, el impacto de «Los Chuchos», la desbandada militante a Morena, el Pacto por México y las continuas descalificaciones del presidente le llevaron a su realidad actual.
Hoy al PRD le sobreviven 2 tipos de militancia: Por un lado la más nefasta, dispuesta a mantenerse hasta el último minuto negociando hasta la mínima posición y sobre todo exprimiendo hasta el último centavo de su presupuesto y en contraste la militancia más leal, la de aquellas y aquellos que lo fundaron y que han decidido quedarse hasta el final y si es necesarios refundar el partido. Son fundadores que marcharon y que vieron morir a compañeros de lucha, son sus hijas, hijos y esposas que decidieron no irse a pesar de les llamaran traidores. Son aquellos a los que el panismo y el priismo les desplazó de su partido y que igual como está pasando en Morena, los ambiciosos de siempre les llegaron a quitar lo que les pertenecía.
Hoy el PRD también es el chivo expiatorio de un sector inmoral de la izquierda que se mudó en cuanto pudo. Que hoy sólo utiliza el símbolo de la 4T como un discurso estético purificador de su ambición y que en la praxis, traiciona, divide, arrebata y negocia en lo obscuro los mismos espacios para mantener sus nuevos privilegios.
Se burlan del PRD y de su inminente desaparición, disfrutan el infortunio de un símbolo que cuando les era rentable defendieron. Y sobre todo olvidan la importancia del PRD en la vida política del país y prefieren voltear a un lado cuando en decenas de plazas los mismos de siempre repiten en Morena los mismos patrones que hoy tienen agonizando al Sol Azteca.
Sí el PRD desaparece, será por culpa de los Chuchos y de las decenas de personajes inmorales cuyas terribles prácticas destruyeron el sentido social, progresista y popular de un instituto político nacido de la lucha en las calles.
Sin embargo, el Partido de la Revolución democrática dejará un gran legado, su imborrable papel en la institucionalización de la izquierda mexicana y la muy costosa lección y experiencia de las consecuencias de abrir la puerta de un movimiento social a las personas equivocadas.
Hasta la próxima.