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18 Mayo 2024, Puebla, México.

Ucrania: cómo ganar la paz sin ganar la guerra / Héctor Aguilar Camín

Mundo | Opinión | 14.MAR.2023

Ucrania: cómo ganar la paz sin ganar la guerra / Héctor Aguilar Camín

 

Ucrania, la casa en demolición

 

Sigo en redes a un acucioso cronista de la salvaje destrucción a que está sometida Ucrania por Putin: Nacho Montes de Oca (@nachomdeo).

 

En un hilo de la semana pasada, Montes de Oca reportó que el jueves 9 de marzo, “Rusia lanzó 81 misiles contra 24 ciudades de Ucrania, uno de los mayores ataques desde el inicio de la guerra”.

 

Ucrania dijo que destruyó 34 de esos misiles y ocho erraron su objetivo. Es decir, 39 misiles acertaron. Sus blancos: centrales de energía, regiones industriales, zonas urbanas, entre ellas algunas lejanas de las líneas de guerra.

 

“Ucrania estaba por cumplir un mes sin cortes de energía”, dice Montes de Oca, “luego de reconstruir su sistema eléctrico”.

 

Las cifras y el hecho me hicieron volver a la entrevista que Steve Kotkin, el más reciente y exhaustivo biógrafo de Stalin, dio a David Remnick para The New Yorker (“How the War in Ukraine Ends”, 17/2/23).

 

Kotkin, conocedor como pocos de la URSS de Stalin, empezó a ver en la invasión de Ucrania algún parecido inquietante con los manejos de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Kotkin redirigió su mirada de la historia al presente. Le pareció, desde el principio de la agresión de Putin, que en medio de los precoces y hasta grotescos fracasos militares rusos, Ucrania estaba ganando la guerra en la simpatía mundial y en la prensa, pero no en el campo de batalla.

 

Un año después, pese a la heroica y admirable resistencia ucraniana, pese a las enormes pérdidas rusas, Kotkin le dijo a Remnick que su diagnóstico no había cambiado.

 

Explicó por qué con un símil terrible y elocuente, que aquí parafraseo:

 

“Pensemos en una casa. Tú tienes una casa con 10 cuartos. Yo tomo dos de esoscuartos, los destruyo ydesde ahí empiezo a destruir tus otros ocho cuartos.

 

“Tú tratas de echarme de los dos cuartos. Me quitas una esquina, me echas de otra, pero yo sigo ahí, destruyendo el resto de tu casa.

 

“El punto es que tú necesitas tu casa. Vives ahí, no tienes otra. Yo tengo otra casa y mi otra casa tiene mil cuartos.

 

“Entonces, si yo arruino tu casa y tú no tocas la mía, ¿estás ganando tú o estoy ganando yo?”.

 

Ucrania, los límites del heroísmo

 

¿Cómo poner fin a la salvaje guerra de Putin contra Ucrania, a la destrucción de la casa ucraniana desde sus propios territorios, ocupados por Rusia?

Se han diluido al menos tres vías para contener la invasión.

Primero: las sanciones económicas de Occidente, no han puesto a Rusia en situación de rendirse ante su impacto negativo en los ingresos del país, ni en la vida diaria de sus ciudadanos.

Segundo: la mediación esperada de China para inducir a Putin a negociar, no se ha materializado.

Tercero: el desgaste político de una guerra estúpida, llena de errores y humanamente costosa, de entre 40 y 60 mil soldados rusos muertos, no ha hecho mella en los poderes de Putin. No ha creado una crisis política interna que lo obligue a retirarse de Ucrania, como Estados Unidos se retiró de Vietnam.

Sólo queda entonces el campo de batalla: ganar la guerra o hacerla tan ruinosa para Putin que no pueda sostenerla, y ceda.

Esta opción parece lejana. Llegados al campo de batalla, el heroísmo tiene un límite. Ucrania no puede atacar a Rusia, y para defenderse del ataque ruso como ha hecho hasta ahora, no tendrá, en breve, misiles ni municiones suficientes.

En su entrevista con David Remnick, citada aquí (The New Yorker, 1 Febrero 2023), el historiador Stephen Kotkin hace estas cuentas:

Para su defensa contra la invasión, Ucrania ha necesitado disparar hasta 90 mil proyectiles de artillería cada mes. La capacidad de producción de sus proveedores es de sólo 30 mil: Estados Unidos 15 mil y el resto de los aliados, otros 15 mil.

No alcanzan, no alcanzarán.

Putin tiene arsenal suficiente, propio y comprado, para seguir destruyendo Ucrania. Y puede seguir mandando carne de cañón, jóvenes rusos, mal entrenados y reclutados por la fuerza, sin que tiemble su poder, como Stalin lo hizo, en proporciones descomunales, durante la Segunda Guerra.

¿A dónde lleva esto? A la conclusión de que la brutal invasión no podrá resolverse para Ucrania en el campo de batalla, por la sencilla y terrible razón de que nunca podrá ganarse ahí.

La pregunta para Ucrania, entonces, no es cómo ganar la guerra, no puede ganarla, sino cómo ganar la paz.

 

Ucrania: cómo ganar la paz sin ganar la guerra

 

Hay diferentes nociones sobre lo que podría considerarse una victoria de Ucrania en su heroica resistencia a la criminal invasión de Putin.

La definición del impresionante presidente ucraniano Volodímir Zelenski, es que la victoria consiste en recuperar hasta la última pulgada de territorio ucraniano en manos rusas, el pago de indemnizaciones por la destrucción y tribunales que juzguen a los rusos por sus crímenes de guerra.

La definición del presidente Biden ha sido, en lo fundamental, que Ucrania no puede perder esta guerra, con lo que quiere decir que Rusia no puede ganarla, es decir, que no puede ocupar y desaparecer a Ucrania como nación.

La definición de Stephen Kotkin, el gran biógrafo de Stalin, cuya impresionante entrevista con David Remnick en The New Yorker no he hecho sino glosar en estos días, no es militar, sino política y, en su más alto sentido, civilizatoria.

Occidente, sugiere Kotkin, debe apoyar sin reticencias el esfuerzo militar de Ucrania para que ésta pueda lograr, pronto, en este verano, ciertas ganancias visibles en el campo de batalla, suficientes para, de algún modo, cantar victoria, y pasar de ahí a una mesa de negociaciones de paz que tenga como resultado algo semejante a lo obtenido con la división de Corea en Norte y Sur, o de Alemania en Occidental y Oriental.

El eje de esa negociación sería que Ucrania ingrese a la Unión Europea, no a la OTAN, a cambio de garantías contra nuevas invasiones y la cesión territorial de lo que, de cualquier modo, no podrá recuperar.

Hay algo horrible en esta solución, dice Kotkin: Ucrania tiene que sentarse a hablar con “su asesino” y llegar al acuerdo de que “el asesino se quede con algo de lo que ha robado”.

Pero hay algo prometedor: Ucrania podría empezar su reconstrucción. Podría empezar a recibir de Occidente los 350 mil millones de dólares que costaría esa reconstrucción. Podría seguir con el proyecto de una Ucrania democrática, próspera, capaz de poner el extraordinario talento joven que ha mostrado tener durante la guerra en la construcción de una Ucrania europea.

Esta es la paz que puede ganar Ucrania, a cambio de la guerra que no puede ganar.

(La entrevista de Remnick a Kotkin en The New Yorker, 17/2/23).