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2 Marzo 2024, Puebla, México.

Memoria de Alejandro Martí, un hombre que transformó su dolor en fuerza / Alberto de la Fuente

Justicia | Crónica | 25.JUL.2023

Memoria de Alejandro Martí, un hombre que transformó su dolor en fuerza / Alberto de la Fuente

Me entero con profunda tristeza de la partida de un gran hombre cuya desgarradora historia trastocó por breves instantes a un México anestesiado contra el dolor, y es que el asesinato de un hijo despierta, mueve y conmueve incluso al más duro e insensible, pues lo que le sucedió es la más grande  pesadilla silenciosa de cualquier mortal.

Alejandro nunca asumió el papel de víctima y transformó su dolor en su fuerza. Por muchos años, peleó no solo por meter a cada uno de los delincuentes a prisión sino por sensibilizar a la ciudadanía de que la inseguridad es una plaga de la que casi nadie se zafa en este país. Convocó a cientos de miles de familias mexicanas a marchar de blanco a favor de la Paz y la seguridad, retando abiertamente a los funcionarios de gobierno abandonar sus cargos si el paquete les quedaba demasiado grande: Si no pueden renuncien.

Supongo que con el tiempo se cansó y es que pelear solo desmotiva a cualquiera. Sin embargo logró meter a más de 50 personas vinculadas directa e indirectamente a la cárcel. Carearse con quien mató a su hijo debió ser un infierno y así según se lo hizo con la mayoría de mercenarios que de una u otra forma le arrancaron la vida a Fernando, su  joven hijo de tan solo 14 años de edad.

Yo lo vi una sola vez antes de mi secuestro de pura casualidad, él estaba a unas cuantas mesas de la mía en un conocido restaurante de la Ciudad de México. Alejandro traía anonadados a los otros cinco comensales con los que compartía la mesa. El tipo desprendía vigor y pasión por lo que les narraba. Hubo un momento donde me quise parar a saludarlo y felicitarlo por todo lo que estaba haciendo en favor de nuestro país. Sin embargo, no lo hice (el viejo Alberto era más tímido por no decir menos entrón).

Años después el destino nos pondría nuevamente en el mismo camino. Durante los 290 días que duró mi cautiverio, hubo infinidad de personas que de alguna u otra forma se sumaron al esfuerzo de traerme con vida del averno. Fue así, como alguien le recomendó a mi padre que buscara a Alejandro, pues a pesar de que el desenlace de su historia no había tenido un final feliz, el empresario se había vuelto un conocedor en el tema de secuestros. Mi padre un poco reacio por lo mismo, tardó en contactarlo un tiempo, pero gracias a la insistencia de un mutuo amigo se concretó el encuentro. Dice mi papá lo vio un par de veces, la primera y a pesar de la saturada agenda de Alejandro, le regalo varias horas sin interrupción alguna. La conclusión fue que los acertados consejos de Alejandro fueron vitales para enmendar ciertas torpezas y no cometer otras más que estaban a punto de pasar. Según palabras de mi propio padre todo lo dicho por Alejandro fue invaluable para mi proceso de negociación.

Al recuperar mi libertad me fui enterando de todas estas personas que de alguna forma contribuyeron a que saliera de esa caja con vida. Así fue como supe de la intervención de Alejandro y desde entonces entablé una amistad con él por WhatsApp. Por mil razones diferimos nuestro encuentro, el COVID no ayudó acelerarlo ni a propiciarlo. Luego me puse a escribir mi libro y le comenté que no quería mandarle un borrador o un engargolado, que para mí sería un privilegio darle en propia mano mi texto ya publicado. Y así lo hice. Justo a la semana de volver de España, le pedí la posibilidad de comer con él.

Me citó en un restaurante en San Ángel. Cuando llegó no lo reconocí. Lejos estaba de ser el hombre vigoroso y fuerte  que vi hace unos años en el Au Pied de Cochon. Estaba sumamente delgado y demacrado, además sostenía un aparato que de alguna forma le permitía respirar. La comida fue brutal y enriquecedora en todos los aspectos. Aunque el hombre se veía débil, su actitud era la de un joven al que le quedan aún muchos años por vivir. Y es que Alejandro a pesar de todo quería seguir dando guerra en este mundo tremendamente injusto y doloroso para algunos. Platicamos muchas cosas y el me reveló detalles del secuestro de su hijo que me dejaron helado. Al final recuerdo me dijo -tenía duda de que en el mundo real fueras tan fuerte como lo que me escribes por WhatsApp, pero con orgullo veo que si lo eres e incluso más-. Le di el libro y le dije que no tenía que leerlo pues tal vez le removería cosas que por sanidad mental y emocional debía ya dejar en paz. Nuevamente su respuesta me sorprendió. Con un fuerte apretón de manos me dijo --lo voy a leer y con mucha atención. Me comento que pronto se iría a Miami y que si tenía suerte pronto le harían un trasplante de pulmones. Yo quise animarlo diciéndole que hoy la medicina moderna  prolongaba muchísimo la calidad y cantidad de vida de una persona. Él, resignado,  solo contestó que la moneda estaba en el aire y que su vida ahora dependía de la decisión de Dios. Quedamos en que después de que leyera el libro nos buscábamos para intercambiar impresiones y seguir platicando de tantas cosas que ahora nos unían.

Esa segunda  cita ya no sucederá. Me duele la partida de este hombre al que un grupo de delincuentes sin escrúpulos le arruinaron la vida, pero me quedo con su ejemplo y tenacidad y la forma en que supo darle la vuelta a su tragedia, que también es de todos nos cueste aceptarlo o no. Con lágrimas en los ojos, por lo menos estoy contento de que al final pudimos conocernos y que me pudo regalar algunas horas de su ya muy comprometido tiempo.

Descansa en paz, Alejandro, dejas unos  zapatos demasiado  grandes para llenar y si el cielo es como nos lo imaginamos, decreto entonces ese abrazo grande , emotivo y entrañable que le acabas de dar a Fernando al reencontrarte con el nuevamente.