Consolémonos:
vuelan las garzas sobre la orilla
y un cielo doble traza
su blanca silueta,
un contorno de paz
murmullos circulares.
Consolémonos:
no son campos de exterminio los de alrededor
solo entrenaban
entre púas y armas
nuevas maneras de convocar a la muerte;
jugaban con pistolas de madera
jugo de betabel.
Consolémonos:
tampoco había crematorios
como en Auschwitz
solo leves columnas de fuego
brotaban de sus incendios
casi señales de humo
mensajes indescifrables
de una aceptada agonía
mejor que la vida ofrecida.
Consolémonos:
caerán las leves presas
de los circuitos cercanos;
dos o tres agentes
del vecino pueblo,
alguno acaso aproximado
a rango mayor
pero nada más.
No irán por los grandes tigres
los fieros leones,
las serpientes que cenan
en mesas de postín en la grande ciudad.
Consolémonos:
no disminuirán los votos
por ningún partido;
ninguna candidatura está en riesgo;
todo será perdurable
como el vuelo de las garzas
las ancas de rana del menú turístico
el boleto de entrada a las ruinas sagradas
o al tour del miedo.
Consolémonos:
aquí sigue echando chispas
una verdad humeante.
A punta de pisotones será desvanecida;
para eso sirven las botas duras
para eso el silencio
para que ninguna nube altere
el vuelo de las garzas.
Guadalupe Morfín
25 de marzo de 2025