Es indispensable preguntarnos con Garcia: ¿qué mundo queremos? ¿Es posible construir un mundo con hombres, mujeres y personas con diferentes sexualidades que nos tratemos con respeto y como iguales?
La filósofa francesa Manon Garcia (París, 1985), ha reflexionado profundamente sobre el consentimiento y la sumisión entre los sexos. En 2021 publicó su ensayo No nacemos sumisas, devenimos (Siglo XXI editores) -donde la evocación a la famosa frase de Simmone de Beauvoir “no se nace mujer, se llega a serlo”- es patente; y en 2023, su ensayo La Conversation de sexes. La philosophie du consentement (cuya traducción al español ha aparecido hace unos días, publicada por Akal).
En otoño de 2024, Garcia asistió al juicio contra Dominique Pelicot y otros cincuenta acusados de violación, a la manera de la cobertura que hizo Hanna Arendt del juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén, en 1961, de donde resultó la terrible constatación de que la maldad no es algo excepcional, sino común: la banalidad del mal. Como resultado de su observación, Manon Garcia ha publicado el libro Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el juicio Pelicot (Ediciones Akal, 2025).
Pelicot sedaba hasta la inconciencia a su esposa Gisèle, de forma recurrente, e invitaba a otros hombres a violarla; y los señores acudían y la violaban, mientras que el marido grababa en video los hechos. El hallazgo casual de esas filmaciones permitió enjuiciar al bestial marido y a los otros violadores.
En junio del año pasado, el escritor Marc Bassets, corresponsal del periódico El País, entrevistó a Manon Garcia para ese diario. Las preguntas que Garcia se hace nos cuestionan profundamente a todos, principalmente a los hombres: esos violadores ¿eran monstruos u hombres normales? ¿Cuál es la relación entre la culpabilidad individual y las estructuras sociales en esa asimetría estructural entre mujeres y hombres que las desfavorece a ellas, lo que el feminismo identifica como “patriarcado”? Durante las sesiones, cuando la filósofa aún no conocía el rostro de los violadores, se percató de que los acusados no lo parecían: “…aquel hombre que parecía guapo y sexi era uno de los violadores de Gisèle Pelicot”. Los violadores pueden estar por doquier y, al mismo tiempo, parecer simpáticos.
Se trata, dice la propia autora, de un libro difícil de leer, porque tendemos a olvidar la misoginia cotidiana. Los hombres porque la vida nos permite no tener que pensar en ello; las mujeres porque resultaría insoportable pensar en eso todo el tiempo. Felizmente, no todos los hombres violan, ni mucho menos a mujeres dormidas. Pero resulta importante saber que hay maneras de vivir la masculinidad que llevan a tolerar formas más sutiles de abuso, como explotar el trabajo de la mujer en la vida cotidiana o pensar que se tiene derecho a las relaciones sexuales con alguien. Garcia nos invita a los hombres a que reflexionemos qué tenemos en común con aquellos otros hombres. Porque responder a botepronto nada resulta muy tentador pero temerario y superficial; sin embargo “hay algo que no encaja, si todas las mujeres piensan: ‘Tengo algo en común con Gisèle Pelicot’, y todos los hombres piensan: ‘No tengo nada en común con los agresores de Gisèle Pelicot’”. Porque la mayoría de las mujeres han sido víctimas de algún tipo de violencia sexual, desde las leves hasta las graves. Pero la casi totalidad de los hombres pensamos que nunca hemos sido autores de algún tipo de esa violencia. No salen las cuentas.
Es cierto que las estructuras sociales condicionan nuestras conductas, de ellas y ellos. Pero eso no diluye la responsabilidad personal. Y en todo caso, no nos exime de actuar para cambiar las cosas y de cambiar nuestras conductas.
El Mee Too tuvo tanto impulso que parecía que las cosas cambiaban para bien y para siempre. Pero después de él, ha ocurrido una reacción en contra, en contra del feminismo y de autodefensa masculina, de defensa de los privilegios ancestrales. El debate se ha polarizado.
Tenemos que ser conscientes de que los gobiernos descaradamente machistas y racistas han avanzado mucho y son muy fuertes. Parecen estar de moda. También que, por razones que es necesario enumerar y reconocer, parte del pensamiento de los jóvenes de hoy se inclina en contra del feminismo y en pro del machismo y el racismo. Sin embargo, es indispensable preguntarnos con Garcia: ¿qué mundo queremos? ¿Es posible construir un mundo con hombres, mujeres y personas con diferentes sexualidades que nos tratemos con respeto y como iguales?
Cree Manon García “que el combate será más duro, costoso y largo de lo que parecía hace tres o cuatro años”.
Luis Alberto Fernández
febrero de 2026