Este envío es muy especial. Es un texto que elaboré en 1994, a las afueras de Tulancingo, Hidalgo, donde nació mi abuela paterna, muy cerca de la Sierra Norte de Puebla, donde mis papás (Tito y Teté, les decían sus nietos) tenían un ranchito. Este escrito que se clasifica como acróstico o esteganografía, contiene los nombres de todos los hijos, yernos, nueras y nietos de mis papás a aquélla fecha. Este texto se había extraviado a principios del año 2000 y recientemente, por casualidad, lo pude recuperar.
A Tito y Teté
De un bosque con olor ají me nacen esos recuerdos
que pasan dramáticamente cuál ansias
o nidos en cesantía golondrina
y quisiéramos arrancarlos para que
abajo sean tomados como broma risa y llanto.
Así como el hombre malo urde sus planes,
Como no lo manda ni el alma más vil,
así como cuando nos parece que
el mal va rompiendo lo nuestro
y que con sólo buscar lo tala todo,
así rompí pétalos de ese recuerdo
que mana chorreando tristeza
aunque sufran cisco terrible y doloroso
como Juana de Arco.
Después de estos milagros en calma,
tomaría nada más lo que quedó
y como suave consuelo,
asomaría el enamorado y pasará
con fe de rico cantando victoria
a la madre Guadalupe y a San Andrés,
satisfecho de haber cumplido
como a fines de la conquista.
Y recordarás solamente aquellas veces
en que he rondado tu huerto
adornado de Margarita y la frágil Dalia,
que sin manto ni olor
lo ves terminando un mar celado
que se enriquece de café lipés y
agrupa bloques de color enarbolando el azul
que relució angelado y
te hizo sentir como cuando te vas como si nada…
Tulancingo, abril de 1994.

