Alejandro Armenta pide a los opositores al Cablebús que den la cuentas de la huella ambiental que han dejado en su vida. Vale, empecemos entonces por las que debe el propio gobierno del estado de Puebla.
Antes me digo: de las declaraciones de José Luis García Parra, ni ocuparse. Son insulto a la inteligencia de las personas.
Y más, que he marchado este domingo 1 de marzo por el convencimiento que tengo de las graves consecuencias que tiene para Puebla la imposición autoritaria de proyectos de desarrollo no consensados con la sociedad libre e informada. Lo hice como reportero pero tambien como integrante de la agrupación Red Civil por la Democracia y por supuesto como participe de las acciones que la asociación civil Puebla Verde ha realizado en Puebla para la recuperación del Jardín del Arte, el Parque Ecologico y la Laguna de San Baltazar.
Pero vayamos a los adeudos.
La expropiación original de más de mil hectáreas de los ejidos de San Pedro y San Andrés Cholula a principios de los noventa marcaron un polígono bien definido como reserva ecológica para la creación de un cinturón forestal: 500 metros tierra adentro desde la ribera del río Atoyac por los cinco kilómetros que se cuentan desde el inicio de la avenida Atlixcáyotl hasta la avenida Las Torres. Cien hectáreas al menos. Para que se entienda: todas las hectáreas que hoy están contenidas en el Jardín del Arte, Cosco, Centro Comercial Angelópolis, Solesta, Centro Integral de Servicios, la colonia Concepción Guadalupe, Bosques de Angelópolis, la planta de tratamiento San Francisco, el Hospital Ángeles, las torres Arts, el nuevo edificio de Finanzas, las instalaciones de la BUAP y el Tec de Monterrey, para terminar en lo que hoy es el Museo Internacional Barroco. Ni más ni menos. Todo ese bosque proyectado como cinturón protector de la ciudad de Puebla desapareció en los sucesivos cambios de uso del suelo promovidos por los gobiernos de Manuel Bartlett, Melquiades Morales y Mario Marín –a Rafael Moreno Valle ya no le dejaron oportunidad de meterle mano a ese enorme pastel de la especulación inmobiliaria. El Jardín del Arte fue el único espacio sobreviviente de ese festín de modificaciones al decreto expropiatorio, pero merece mención particular más adelante. El Parque Ribereño, creado en tiempos de Moreno Valle, no va más allá en su carga de árboles que los existentes y plantados a todo lo largo de la orilla y las vegas que el río forma en esa ribera poniente del Atoyac. Así que la huella ambiental que el gobierno del estado de Puebla adeuda a la sociedad poblana vale ponerla aquí en la mesa de sumas y restas que el gobernador Armenta propone.
Y le propongo un ejercicio: que busque un parque público en la región de Angelópolis que no sean los mencionados Jardín del Arte y Parque Ribereño. Se cansará de hacerlo. Busque un parque público al sur del Periférico sobre la 11 Sur. Busque un parque público en la zona de Amalucan que no sea el cerro de tal nombre. Busque un parque público más allá de la autopista en la Resurrección hacia Canoa. Miseria de la sombra en Puebla. El cuestionamiento va más allá de la figura de un gobernador. Es la estructura de Estado sobre la que se desarrolló una política pública de crecimiento urbano. Décadas de equivocaciones del Estado en Puebla.
Por eso vale, para hablar de huella ambiental, también poner en la mesa lo sucedido con los únicos parques existentes en la ciudad de Puebla –sin contar Flor del Bosque al oriente del río Alseseca–, y por orden de aparición: la Laguna de San Baltazar en 1987; el parque Revolución Mexicana, después rebautizado como Ecológico, en 1989; el Jardín del Arte, rescatado como tal en el 2004. Tres ejemplo de la existencia de arbolado en Puebla que hoy son parques vitales para la vida de la ciudad. En todos estos proyectos de reserva ecológica ha tenido un papel fundamental la sociedad civil organizada y en grado tal, afirmo, que sin ella no serían tales.
Vamos uno por uno.
La Laguna de San Baltazar, en custodia desde su rescate en 19987 por la agrupación civil Puebla Verde, iba camino de convertirse en un anexo de la colonia Buganvilias dado el furor con el que los ejidatarios de San Baltazar Campeche la habían convertido en tiradero de escombros. Es una historia que ya hemos contado en otro momento pero que se puede resumir en la postura del entonces alcalde Guillermo Pacheco Pulido: “Señora –le dijo a Verónica Mastretta–, el ayuntamiento no tiene dinero para parques, así que si ustedes se hacen cargo, le damos la custodia”. Fue un esfuerzo coordinado entre el municipio de Puebla y la organización civil. El municipio invirtió en todo el dragado de la laguna y los colectores laterales, claves para el rescate, a partir de ahí los civiles aportaron la cerca, la consolidación de bordo y plantación del arbolado Hoy pueden gozarse los ahuehuetes, sauces, fresnos, liquidámbares y muchas más en el recorrido de 1,600 metros del entorno lacustre. La Laguna de San Baltazar existe, y se mantiene en custodia sin recibir un solo peso de recurso público, por la acción civil organizada.
El Parque Revolución Mexicana, hoy conocido como Parque Ecológico. Inaugurado desastrosamente en 1986 por el gobernador Jiménez Morales, permaneció cerrado en sus primeros dos años de vida. En 1988, y por la última visita del entonces presidente De la Madrid a Puebla, el gobernador Piña Olaya mandó plantar 10 mil árboles con sistema de riego para la reinauguración del parque el día de la visita oficial. Los plantaron, sí, pero con todo y bolsa de plástico en el que los llevaron desde los viveros. Los vio el presidente, le aplaudieron y le agradecieron al presidente, y se fue el presidente. No sobrevivió uno solo. Al año siguiente, y ante la desazón causada por el ridículo, Puebla Verde volvió a tocar la puerta y la autoridad decidió otorgarle la custodia dado el éxito reciente del rescate de la laguna de San Baltazar. La organización civil replantó miles de árboles, los que se pueden ver ahora con alturas de treinta años, y mantuvo sin recibir recursos públicos hasta 1993, cuando el gobernador entrante Manuel Bartlett decidió quitarle la custodia a la organización civil. Sin embargo, contra la iniciativa primera del gobierno estatal de convertir el parque en centro de servicios (hoteles, comercios, museos, etc.), el parque sobrevivió como tal hasta la fecha.
El Jardín del Arte. Era una broma repetida en aquellos años noventa que con los terrenos de la expropiación de Angelópolis considerados con usos de suelo de reserva ecológica ocurrió lo que narra la canción de los perritos, de los diez que yo tenía ya nada más me quedan nueve, ocho, siete y así hasta terminar únicamente con las once hectáreas con las que contaba el parque originalmente. El Programa Regional Angelópolis propuso un parque llamado metropolitano con cien hectáreas. Uno tras otro los terrenos fueron modificados en su uso de suelo y vendidos al mejor postor. Y ahí va en primer lugar, como dije y entre otros el Centro Comercial Angelópolis. Hubo tropelías de todo tipo a largo de esos años, como por ejemplo que el gobernador Bartlett le donara por 99 años 45 hectáreas al empresario Peralta, 18 de las cuales quedaron en manos de otro empresario, el “Güero” Henaine que instaló en diez lo que llamó Valle Fantástico mejor conocido entonces como “fraude fantástico” y para el resto tenía el propósito de un desarrollo inmobiliario. En el 2003, a pregunta expresa de este reportero al gobernador Melquiades Morales sobre el porqué de la donación de 20 hectáreas al Tec de Monterrey su respuesta literal fue: “No encontré otra manera de recuperar esas hectáreas de manos de Peralta”. Así las cosas, y tras años de denunciar en medios de comunicación el abandono del Jardín del Arte, Puebla Verde volvió a tocar la puerta del gobierno estatal luego de diez años de intentos fallidos, ante los rumores de venta del predio a empresarios hoteleros. La primera respuesta se la dio el arquitecto Federico Bautista a la propia Verónica Mastretta: “El gobierno no puede jugar a los parques, necesita recursos, el gobernador puede obtener de su venta 450 millones de pesos que necesita aplicar en escuelas y hospitales”. El entonces secretario de Desarrollo Urbano tuvo a bien comprar y cambiar el uso del suelo para vivienda residencial de la franja que corre pareja al norte del terreno, sobre la actual calle de Sirio. Como quiera, al gobernador Melquiades Morales le ganaron los tiempos, y contra lo esperado, al final acudió y otorgó en custodia legal a Puebla Verde el Jardín del Arte. La organización civil respondió afirmativamente y entre ese año 2004 y hasta el 2008 llevó a cabo la recuperación del parque y los árboles que hoy vemos de más de veinte años son los que ella misma plantó. Fue en ese 2008 cuando, tras la denuncia realizada por Puebla Verde ante el gobierno federal por la intentona del gobernador Marín de vender alrededor de 30 hectáreas de Programa Regional Angelópolis definidas como áreas verdes, banquetas y camellones, por ejemplo en la Colonia Gobernadores, y como respuesta a la intervención del gobierno federal que impidió el latrocinio a manos del gobernador, el gobierno de Puebla despojó con policías armados y de la mano de una fraudulenta acción judicial del parque a la asociación civil. Al igual que en 1993, sin embargo, el propósito fundamental de la organización ciudadana resistió a la voluntad gubernamental de cambiar el uso del suelo y el parque se conservó como tal.
Cada una de estas historias merece un apartado en detalle, pues bien documentan la relación ríspida pero a veces creativa entre el gobierno en turno y las organizaciones civiles ambientalistas. En la cuenta, es mucha la carga de huella ambiental a favor para la sociedad civil organizada. Y en el caso de Angelópolis, gravísima la deuda del Estado poblano.