El día de ayer la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en un foro internacional en España sobre la democracia, hizo una propuesta concreta a presidentes de varios países del mundo: destinar el 10% del gasto armamentista mundial para reforestar el planeta.
Mientras tanto aquí en Puebla, un gobernador de su mismo partido político, concedió a poblanos que cuestionan la construcción de un cablebus en la planicie poblana, reducir la tala del arbolado urbano que inicialmente incluía más 300 arboles a 97 ejemplares. En un inicio, algunos opositores a esa tala masiva del arbolado urbano se pronunciaron por la negociación con el gobernador talador (incluyendo la editorial de un conocido periódico local) para llegar a un acuerdo que incluyera al cablebus del gobernador talador y también las demandas de los defensores del arbolado. Eso abrió la puerta a negociaciones y argumentaciones en la sede del gobierno y a pronunciamientos del gobernador talador sobre su intención inclaudicable de invertir millones de dinero público en un cablebus que mejoría, dijo, la movilidad en la ciudad. Sin estudios previos de impacto ambiental los opositores a la tala recurrieron a la corte para solicitar un amparo a la tala y entretanto partidos políticos y políticos opositores que gobernaron antes en Puebla talando arboles se montaron en la denuncia y la movilización ciudadana.
Yo vengo desde la experiencia en la defensa del arbolado urbano de las Cholula que mantuvimos por varios años (entre 2002 y 2006) frente a gobernadores taladores del PRI y del PAN. De realizar personalmente investigaciones para argumentar todos y cada uno de los proyectos que dañaban patrimonio arquitectónico y ambiental en nuestra región incluso con audiencias “negociadoras” con representantes del gobernador talador o con uno de ellos de persona. Atole con el dedo es todo lo que recibimos porque no se respetó ni la ley que protegía ese patrimonio ni se salvaron los árboles centenarios. Y la tala siguió con nuevos gobernadores y siempre con el mismo argumento: la prioridad de mejorar la movilidad urbana, el mentado “progreso” social, aunque bajo el absurdo de que eso solo es posible con la destrucción ambiental. No necesito repetirme porque publiqué en esos años tantos artículos como derrotas sufrimos negociando con el poder local. Y recuerdo ahora el ofrecimiento de un político opositor (Juan José Espinosa que después asumió la presidencia municipal de San Pedro para proceder él mismo a destruir patrimonio ambiental) para financiarnos un amparo legal. Fuimos entonces lo suficientemente cautelosos para no involucrarnos con él ni con su partido político, porque ya sabíamos que no lograríamos (menos con él) salvar el arbolado ni el patrimonio arquitectónico a pesar de gastar horas y horas (años en realidad) en cansadas e inútiles negociaciones con personeros del poder político en turno (incluyendo en el INAH).
Mi aprendizaje (si sirve a otros) es que tenemos que construir otra forma de resistir y de vivir que evita este desgaste de “negociar” con gobiernos y gobernantes que destruyen la vida en el planeta. No movilizándonos como ciudadanos para contestar argumentos del gobernante talador en turno sino resistiendo creativamente (adoptando esos árboles, por ejemplo) hasta exhibirlos y responsabilizarles por sus destrucciones a nuestro patrimonio ambiental que a pesar nuestro llevaran a cabo de todos modos. No en mi nombre y no en el de muchos de Uds; quiere decir que los árboles no son nuestros para negociar. No es ¨nuestra¨ una victoria cuando logra negociar de 300 a 97 los ejemplares a talarse en Puebla. Los ciudadanos de Cheran, los zapatistas en los caracoles o los pueblos originarios de las Cholulas dijeron un día ¡basta! hasta exhibir al poder político que contribuye a la ya irreversible destrucción ambiental en sus territorios y en todo el planeta.
Toca a los poblanos defender su arbolado urbano y aprender lecciones ciudadanas de ellos: no en mi nombre gobernador talador y hágale cómo quiera es lo único que este nuevo gobernador talador se merece como respuesta ciudadana.