Reconocer la vivienda por su función social, como un derecho humano en el núcleo de las ciudades; es apremiante reposicionar la vivienda como el eje central de la agenda urbana mundial.
Assenet Lavalle, Observatoria ciudadana urbana y ambiental para el estado de Puebla
Durante 6 días, del 17 al 22 de mayo pasados, en Bakú, Azerbaiyán ocurrió el Foro Urbano Mundial (WUF13), una de las principales conferencias internacionales organizada por la ONU-Hábitat en la que se llevan a cabo numerosos diálogos, asambleas, plenarias, laboratorios, exhibiciones y actividades culturales. En esta ocasión participaron 58,000 personas de 176 países, bajo el lema “Dar vivienda al mundo: ciudades y comunidades seguras y resilientes”. Particularmente, una vez que participé en el WUF7 en Medellín, Colombia en 2014, puedo decir que no soy gran entusiasta de estos foros: sin duda son muy interesantes las discusiones, pero por desgracia sus conclusiones no son legalmente vinculantes para los Estados participantes; sus declaraciones suelen ser ambiciosas, pero corren el riesgo de tratarse de retórica pura con escaso poder de implementación concreta. No obstante, me parece muy oportuno que el WUF13 por primera vez se centrara en la cuestión habitacional, en el contexto de una profunda crisis de la vivienda en el mundo.
El documento “Baku Call to Action” (aún no traducido del inglés pero que seguramente se denominará “Llamado a la acción de Bakú”), recoge las prioridades compartidas y busca ser una hoja de ruta para responder a los desafíos globales presentes. Este documento reconoce que la cuestión de la vivienda está llegando a un punto crítico que no es accidental, sino el resultado de profundas fallas estructurales, sistémicas y de gobernanza en el planeta, de dimensiones alarmantes: se estima que 3,400 millones de personas hoy se ven afectadas por la falta de viviendas adecuadas. Reconoce que esta crisis es impulsada por factores complejos e interconectados, relacionados con el despojo, la colonización, el racismo, la desigualdad y otros contextos históricos y actuales. El documento urge a reconocer la vivienda por su función social y ambiental, priorizada como un derecho humano en el centro del desarrollo, integrada a una visión amplia del derecho a la ciudad y a la protección social.
Enumera problemas como la mercantilización de la vivienda, las desigualdades urbanas, la pobreza, la gentrificación, la creciente precariedad de la tenencia, la deficiente planeación del territorio, la expansión desordenada de las ciudades, la especulación inmobiliaria, la desigualdad en el acceso a los servicios públicos, el reducido financiamiento público para vivienda, los desalojos forzosos, las crecientes afectaciones por la emergencia climática, la carga histórica de las mujeres del trabajo de cuidados, al tiempo que enfrentan las barreras estructurales (empleo, propiedad, movilidad), las crisis económicas, la contribución de los materiales de construcción a las emisiones globales de gases de efecto invernadero contra la disminución del uso de alternativas bajas en carbono y técnicas de construcción tradicionales e indígenas, así como las bajas capacidades profesionales y la falta de datos que conducen a malas prácticas, así como ese cáncer de nuestros países, la corrupción.
Un mensaje central de Bakú es que la vivienda no puede abordarse simplemente como la construcción de casas. Más casas no es sinónimo de garantizar el derecho a la vivienda. El documento reconoce la necesidad de casa pero estrechamente vinculada con el suelo, con su adecuada ubicación, con las infraestructuras y los equipamientos, con el transporte y las diversas formas de movilidad, con los servicios públicos y con las oportunidades económicas.
Me parece interesante el punto del Llamado en cuanto a los sistemas de financiamiento de la vivienda: señala que hasta hoy éstos siguen fragmentados, descoordinados e inaccesibles, con escasa inversión pública, padeciendo de acceso desigual al crédito y con mecanismos que no llegan a los hogares y a las comunidades de bajos ingresos. Urge a replantear la cadena de valor del financiamiento habitacional para priorizar la inclusión, a diversificar los subsidios públicos, pero también a impulsar el ahorro privado y comunitario.
El documento pone fuerte énfasis en la necesidad de acciones más contundentes en todos los órdenes de gobierno de los países (ojo, no solo los gobiernos nacionales) para hacer frente a las crecientes presiones relativas a la vivienda mediante formas de gobernanza más sólidas, mejor acceso a los datos y un mayor apoyo a los gobiernos municipales para concretar las soluciones en los territorios y las comunidades. En suma, es apremiante reposicionar la vivienda como el eje central de la agenda urbana mundial.
Por supuesto que todos estos temas son pertinentes para México. Esperemos que pronto los gobiernos federal, estatales y municipales se manifiesten al respecto en acciones concretas por la vivienda. Por cierto, que el próximo Foro Urbano, en 2028 tendrá su sede en la Ciudad de México. Confiemos en que la inversión en mejores ciudades y en mejor vivienda sea sustancialmente mayor que la contribución financiera a la ONU-Hábitat que se hizo para ganar la sede del WUF14, la cual, de acuerdo con la Convocatoria para manifestar interés señalaba un mínimo de 15 millones de dólares americanos en efectivo (que al tipo de cambio al día presente, son casi 260 millones de pesos mexicanos), además de diversas inversiones en especie como instalaciones, servicios y equipos de seguridad conforme a las normas de las Naciones Unidas, servicios de interpretación, apoyo logístico y operativo, así como los suficientes recursos humanos para llevar a cabo el Foro. No es algo menor.
X: @AssenetLavalle