No recuerdo cuándo la selección de Argentina se convirtió en mi favorita de los mundiales. Pero así fue. Y recuerdo también que desde la cursada de mi maestría se estrechó mi cercanía con lo argentino. Hace más de una década descubrí el mate como un gran cómplice para traicionar a ratos al café. O cuando este me traiciona en forma de ardor estomacal.
Tuve y tengo grandes maestros argentinxs. Desde mi asesora de la tesis infinita hasta grandes colegas con los que me voy reencontrando donde las becas nos permiten.
Martín Caparrós es mi referente en crónica y periodismo narrativo. Y sí, están el fútbol y la a veces inocua y a veces invencible Argentina.
Hoy más que nunca se matiza más el desagrado y las torceduras de boca contra Argentina. No es de ahora, pero es más fuerte.
Sin duda descalifico cualquier mirada xenofóbica y clasista. Me avergüenzo de quienes califican a una patria por un prejuicio o una actividad de servicio.
Las nacionalidades son accidentales, y aunque hay características que nos definen unxs a otrxs, me parece terrible que desde la excusa del juego amplifiquemos odios.
Es que son mamones
Desde niño me acompaña el prejuicio de que todxs en Argentina son pedantes, alzados, sobrados… mamones pues. Pero quien ha viajado, quien conoce mucha gente sabe que de esos hay en todos lados y también sabe que en México nos comimos el cuento de la humildad como valor.
La vergüenza o desagravio mexicano de hablar de logros, de capacidades, de metas conquistadas. El “ahí humildemente”, “tu pobre casa” y el fenómeno Hugo Sánchez que además nos impide reconocerle como el mejor jugador que ha dado México y ponerlo a nivel de los grandes…porque es un mamón.
En cuanto a fútbol en Argentina, Brasil, Noruega o España no existe el “sí se puede”, el “ya merito” y el “y si sí”, nos quejamos de mentalidad, hasta que alguien se presume bueno siempre.
Argenfifa
Argentina hoy parece el Club América del mundo, el Real Madrid del planeta.
La corrupta FIFA le da penales, VARs, y jugadas polémicas. Como se las ha dado a Francia, España, Portugal, Brasil y cualquiera de los que en esos momentos resulten rentables para su negocio.
Argentina hoy padece la culpa del privilegiado, con todo y discursos homofóbicos en una caricatutización de la relación de Infantino con Messi.
Son décadas y quien vea el Mundial de Futbol como un deporte y no como un espectáculo debe hoy pecar de ingenuo o ignorante. Son miles de millones de dólares, son intereses, es geopolítica, es todo. Y la decisión de atestiguarlo también es política y también es personal.
El golazo de Cabo Verde nadie lo puede cuestionar como falso, como tampoco los goles de Messi, muchos llenos de su magia. Goles que aún no produce la IA.
Quien ve el mundial y se queja de la influencia de la FIFA para incidir en el espectáculo, en su negocio y sus intereses está viendo Marvel cuestionando que exista el Adamantium.
Hoy es Argentina, antes fue España, Francia, Brasil, etc. El guión ya está dado.
El mundial es el gran pretexto para la subjetividad de los nacionalismos, las patrias y los prejuicios.
He tratado chilenos pedantes y corruptos, también afables y confiables. Gente de Colombia antrañable y sujetos olvidables. Argentinxs, brasileños, gringos, canadienses, españolxs y de todo.
Todxs tenemos razones políticas para criticar el mundial, razones personales para verlo. pero odiar naciones y personas no está nada chido.