De las tantas enseñanzas que nos ha dejado la selección mexicana de fútbol durante este mundial, destacamos al menos dos que bien pueden aplicarse tanto a nuestro comportamiento cotidiano como al actuar del gobierno.
En primer lugar, hay que destacar la responsabilidad personal asumida por su director técnico, Javier Aguirre.
Hemos comentado en este espacio que una persona íntegra tiene entre sus cualidades la capacidad de aceptar la realidad, incluso cuando esta sea adversa. En la conferencia de prensa que ofreció después del trepidante enfrentamiento contra Inglaterra, Aguirre asumió toda la responsabilidad del resultado: “Si hay algo que reprochar -dijo- es al entrenador, porque es él quien decide quién y cómo”.
Es decir, nada de culpar a los jugadores o a sus antecesores en el banquillo de la dirección técnica. Nada de responsabilizar a Bora Milutinovic, a César Luis Menotti, a Manolo Lapuente, a Ricardo La Volpe, a la Federación Mexicana de Fútbol, a Televisa o a TV Azteca. Ojalá la mayoría de los mexicanos aprendamos, en la vida diaria, a asumir la responsabilidad de nuestras decisiones cuando los resultados no son favorables. Vivimos en una sociedad que siempre busca culpables o pretextos para justificar los fracasos y, acto seguido, victimizarse.
¿Y qué decir de los gobiernos populistas que hemos tenido, caracterizados por culpar a todos sin asumir su propia responsabilidad? “Soy responsable del timón, pero no de la tormenta”, dijo José López Portillo en su sexto informe de gobierno en 1982, luego de que sus erróneas decisiones provocaran una de las crisis económicas más profundas en la historia contemporánea del país.
¿Qué decir de los gobiernos instalados desde 2018? Llevan ocho años en el poder justificando sus pobres resultados en materia de seguridad, combate a la corrupción y otros tantos rubros, bajo la premisa de que los culpables son -y seguirán siendo- Hernán Cortés, Felipe Calderón, Genaro García Luna, los “conservadores”, los “neoliberales” y demás villanos de la historia de México. Esto genera una narrativa oficialista que parece de caricatura.
La segunda enseñanza es que, si bien nuestra identidad nacional quedó de manifiesto en el apoyo a nuestros seleccionados tricolores, también existen individuos que reflejan en su comportamiento una muy limitada capacidad de discernimiento y una actitud chovinista y discriminatoria. En su momento, estos sectores arremetieron contra una de las figuras más aclamadas de “el tri”: Julián Quiñones.
No vamos a repetir aquí su historia (que hasta el momento es ejemplar), pero Julián Quiñones -al igual que Álvaro Fidalgo o Santiago Giménez- ha defendido con gallardía los colores nacionales a pesar de haber nacido fuera de nuestras fronteras. Lo mismo ocurre con muchos migrantes que llegan a nuestro país y que voluntariamente asumen nuestros valores y comparten un sentido humano de pertenencia. Ellos ponen en alto el nombre de México en distintos ámbitos del quehacer académico, científico, social y cultural, lo cual es mucho más trascendente que un acta de nacimiento o una carta de naturalización.
La otra cara de la moneda es la de quienes han nacido en territorio nacional -y cuentan con su acta de nacimiento debidamente certificada-, pero que todos los días mienten, calumnian, destilan odio, y dividen a familias y comunidades a través de la propaganda. Estos individuos pervierten todo lo que tocan, se enriquecen y alcanzan posiciones de poder de forma corrupta y, al final, atentan contra México. Aquí es inevitable pensar, por ejemplo, en los políticos que han pactado con delincuentes para ganar elecciones, dejando a poblaciones enteras a merced del crimen organizado. Lo peor es que hay quienes los defienden y los vuelven intocables por el simple hecho de ser “mexicanos”.
Estas son algunas de las reflexiones que nos dejó la selección mexicana de fútbol durante su participación en este Mundial de 2026. Independientemente de lo que opinen los expertos, nos brindaron una actuación que quedará por siempre en la memoria de los aficionados. Ahí quedan el segundo tiempo contra Chequia, el primer tiempo contra Ecuador y la épica batalla contra Inglaterra. Inolvidable…
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