julio 15, 2026, Puebla, México

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Un océano de mediocridad / Xavier Gutiérrez

Al paso de los días se multiplican los aspirantes a cargos públicos, especialmente a presidentes municipales. Sus nombres cubren bardas y espectaculares. Visualmente, es más contaminación que comunicación. El estilo es manido y anticuado, porque no le dice nada al hombre de la calle.

En este terreno, como en otros, no hay evolución, más bien retroceso. Estamos en la calle. De esto cojean todos los partidos. Exhibirse profusamente y levantar las manos parece más apetito insano que vocación noble, legítima y compromiso.

¿Por qué no idean cosas novedosas?. ¿Por qué no echan a andar imaginación y creatividad? ¿Por qué no innovan y optan por la disrupción? ¿Por qué ese enano afán de seguir considerando a la gente una masa pasiva a la que se le juzga menor de edad, formada por tarados y manipulables?

¿Quién intenta ofertas nuevas, reformas deseables o por lo menos un lenguaje distinto a los absurdos y ridículos lugares comunes? ¿Quién al menos da muestras varias y creíbles de ser competente y con ello aspirar a ser competidor?

¿Dónde están los miles de egresados de carreras de comunicación que los asesoren y empujen a levantar la mira más allá de los dos metros de altura de las pintarrajeadas bardas de avenidas y callejuelas de colonias y arrabales?

¿Esos son, se dicen o aspiran a ser líderes?

Los liderazgos se construyen durante años de brega con las clásicas tres “eses”: suela, sudor y saliva. Y con principios e ideas. Nunca en un horno de microondas. Las dirigencias se edifican de abajo hacia arriba, no al amparo y esperanza de un dedo benefactor. ¿Nada les dice los tres sexenios de trillar el país de López Obrador? ¿No registraron los quince años de Armenta trotando pueblos y enfrentándose a Moreno Valle y compinches?

Y este mar de mediocridad trepadora no parece ser una epidemia que solo sufre Puebla. A escala nacional, por ejemplo, la incursión de los nuevos partidos nada motivador y diferente trae bajo el brazo.

Un vistazo somero respecto a eso que se llama “Somos México”, además del pretensioso nombre es sencillamente más de lo mismo. Por principio, nada que pretenda construirse a partir únicamente del odio y la descalificación anticipa algo bueno, consistente y fiable.

Predominan personajes cuyo motor es el dolo y solo destilan fobia contra el partido gobernante. Abundan ahí cartuchos quemados, trepadores profesionales o simuladores enriquecidos que ya probaron el poder y nada exhiben distinto a lo que dicen combatir.

Su trinchera y arena son exclusivamente escenarios mediáticos donde tienen nichos de resonancia publicitaria o propagandística. No salen de cabinas, estudios televisivos y hoteles caros de la capital, donde se desgañitan con furibundos discursos anti todo.

¿Eso construye, motiva, anima, multiplica? Levantan pancartas y usan una retórica clasista, racista, oportunista, acartonada, gastada y vetusta igual o peor a la de sus adversarios idos o presentes.

Pareciera que se fusilaron el gesto remero motivador de los futbolistas noruegos y sus seguidores, sólo que los de acá de guarache, verborrea acartonada, oportunista y con gran soltura no en los mares nórdicos, sino en un océano de mediocridad.

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Xavier Gutiérrez es reportero, se ha dedicado a la comunicación y al periodismo durante 59 años, en el ámbito privado en diarios, revistas, radio, televisión e internet. Igualmente ha laborado en el sector público, en gobiernos y universidades. Es articulista, columnista, conductor de programas y caricaturista. Autor de tres libros.

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