octubre 27, 2026, Puebla, México

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Mi reino no es de este mundo… / Xavier Gutiérrez

La casona es hermosa, muy grande. Tiene tres niveles y me parece que cuatro patios, como las viejas residencias de Puebla. Esta a solo cuatro calles de la catedral, en el centro histórico de Puebla. Una ubicación privilegiada.

La conocí hace algunos años, cuando era restorán. Había sido restaurada, pisos alfombrados, todos los detalles cuidados. En algunas salas había colecciones de objetos antiguos: llaveros, copas de diversos tamaños, figuras creo que de soldados pequeños y varias chucherías más. También tenía pinturas y algunas esculturas. No eran cuadros valiosos, pero sí de alguna antigüedad y concordando con el estilo de la casa.

Pasaría muy bien como la residencia abandonada por una familia poblana de abolengo. Sí, de reminiscencia porfiriana. Recorrerla era en verdad placentero. Todos los ángulos, escaleras, rincones ofrecían una vista excelente.

Daba la impresión de que estaba recién pintada. No vi que los responsables de su funcionamiento se preocuparan mucho por su éxito comercial. No había alguna promoción especial para los comensales o algún atractivo en la oferta de platillos.

No indague más datos para no parecer imprudente. El gerente atendía con muy buena disposición, amable en todos los detalles, pero siempre con una comportamiento sumamente discreto. No hablaba más allá de lo estrictamente necesario en cuanto a la atención de los servicios.

Llamaban la atención algunos cuadros colocados en las diferentes salas por su contenido religioso.

Las dimensiones de la enorme casona y el cuidado en todos los detalles de su restauración, más la ubicación, en cierta ocasión fueron motivo de aventurar cálculos en cuanto a su costo. Estábamos tres personas en un desayuno y uno de ellos estimó que el costo de la mansión no era menor de los cuarenta millones de pesos.

Pero veíamos con preocupación que al funcionar como negocio no parecía que fuera una inversión rentable. Ciertamente tenían un número mínimo de empleados y casi no había día en que hubiese más de dos o tres mesas ocupadas en desayunos o comidas.

En otra oportunidad, un amigo sentado a la mesa con nosotros, refirió que en fecha reciente había tenido conocimiento de varias operaciones de compra venta de inmuebles antiguos en el centro histórico poblano, para convertirlos en comercios, restaurantes y ópticas específicamente. Se hablaba de operaciones millonarias. En una de esas el beneficiario de la venta fue un sacerdote “ya mayor de edad y retirado”. La operación fue de varios millones de pesos.

Eso me hizo recordar una de las pinturas situada en una elegante sala del vetusto inmueble. Era un crucifijo. En la parte inferior de la pintura había una frase escrita con pintura negra: “Mi reino no es de este mundo.”

La casona finalmente cerró sus puertas y así se mantiene.

Lo más que llegué a saber, y eso en voz baja fue: “Esa casa ha sido de un príncipe de la iglesia católica..”

Eso me hizo recordar lo que siempre repetía un viejo amigo mío: “mientras se vive, más se ve..”

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