octubre 14, 2026, Puebla, México

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Los imponderables en el poder / Xavier Gutiérrez

El diccionario nos dice que la palabra imponderable significa: “un suceso ajeno a los planes, cuyos efectos o consecuencias no se pueden anticipar”. En la vida todos tenemos imponderables. La vida pública los tiene, por supuesto. Y con ellos hay que aprender a convivir. Seguramente el recurso popularmente denominado “plan B”, en toda empresa, tiene como razón uno o varios imponderables.

Por lo anterior, en toda actividad humana hay que tener en la agenda o en los planes y programas, la aparición de varios imponderables. Es un gesto de previsión y parte fundamental de la prevención.

El giro en torno al presidente municipal José Chedraui es un imponderable en la vida política de Puebla. Cuando él apareció como aspirante a la presidencia de la capital, sólo se le asoció con la entonces poderosa figura del gobernador Sergio Salomón. Es fama que eran y son grandes amigos. Este factor, muy probablemente fue uno de los determinantes para su exitosa candidatura y la aquiescencia diplomática del hoy gobernador Armenta.

Don Alejandro sin duda, con su consentimiento a llevar como dupla por el poder en Puebla a Pepe para la capital, tuvo un gesto bona fide con su antecesor. Hoy, súbitamente, Chedraui vuela con alas propias gracias al factor innegablemente poderoso de don Carlos Slim, pariente político suyo. Y eso de “pariente político” hoy tiene un significado literal, por la evidente cercanía del empresario con la presidenta. Es un ejemplo típico donde la línea divisoria entre el  poder económico y político casi se borra. “Poderoso caballero es don dinero”, dice el refrán.

Pero el panorama hay que verlo con la perspectiva que ofrece la distancia y el tiempo. Si no se toman en cuenta estos dos factores, se pueden tejer sueños guajiros o teorías insostenibles. Armenta apenas tiene dos años en el poder, con un respetable capital político y recursos públicos por ejercer. Ha probado en su experiencia, tener ingenio, audacia, relaciones y suerte para trazar su personal sendero.

En el poder, solo el vivirlo ofrece enseñanzas, por el conocido camino de prueba y error; decisiones y efectos; tropiezos y consecuencias.

Un ejemplo: si Morena hubiese formado y promovido precandidatos idóneos a la presidencia de Puebla, Chedraui sería del montón. Por idoneidad entendemos personajes plenamente conocidos, ampliamente aceptados por su preparación, experiencia, buena fama pública, carrera probada, colmillo y carácter. Vistos bajo lupa, los personajes que hemos vistos estos meses para tal posición nada de esto tienen. No son ni herencia, ni sombra del estilo y trayectoria del gobernador Armenta, por poner un ejemplo por demás evidente.

Esto no es privativo de Puebla. A Morena, con el país bajo su control, le ha ocurrido esto en todas partes, en los estados y grandes ciudades -o pequeños municipios-, en diputaciones y senadurías, en cargos y encargos. Los medios ofrecen un catálogo todo el tiempo puesto al día, de una interminable lista de figuras  incompetentes, abusivos o irresponsables, ignorantes o claramente pillos.

Y es que, conquistar el poder, ganar elecciones arrolladoramente, es bien distinto de gobernar, bien administrar, ser un exitoso administrador público.

 La política, el ejercicio del poder, reclama un sinfín de cualidades. Básicamente se trata de ver, en la cúspide, bajo la mirada de todos los ojos como en una gigantesca vitrina, al ser humano y equipo dotados de experiencia administrativa, acierto y prudencia en el manejo de individuos y grupos, tolerancia, disciplina, transparencia y estilo en cada acto de poder.

 Y magia cuando el caso requiere. Por supuesto suerte, pero ya sabemos que la suerte viene como resultado del trabajo.

Aventuraba algún día una modesta definición de política: el arte de bien combinar circunstancias, hombres y decisiones. Es decir, para una circunstancia dada, tal hombre, pero alguien debe tomar esa o esas decisiones.

Esta visto que ha resultado fallido el desfile de “aspirantes” pigmeos en pos de la presidencia, frente a un “tigre de papel” en funciones y condición de reelección. No hay ni calidad ni consistencia en todos ellos. La gente lo dice, lo comenta, lo exhibe…lo lamenta. Y esto ocurre en Puebla, un conglomerado de más de tres millones de habitantes. ¿No hay, acaso, dos docenas de personalidades con cualidades y méritos relevantes frente a la mediocridad? Por supuesto que los hay. Hay que darle paso a la política, a la buena política. Ahí está la clave. Los errores son para aprender, para crecer…

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