Sergio González Rodríguez (1950-2017) México pierde a un crítico valiente e indispensable

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Mundo Nuestro. Rubén Aguilar Valenzuela escribe esta semblanza de un escritor mexicano entrañable, Sergio González Rodríguez, fallecido la semana pasada en la ciudad de México.

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El 11 de septiembre de 2016, fecha memorable, Sergio, Luis Enrique López y yo comimos en La Casserole de Insurgentes Sur. Recuerdo que hablamos de la situación del país, del deterioro de la vida política, de la corrupción y de la falta de alternativas reales para construir un nuevo México. Lo hicimos también de la necesidad de la resistencia cultural en todos los frentes y de los cambios que ocurrían en los medios de comunicación.


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Este año, semanas atrás, Luis Enrique invitó a Sergio, a Luis Miguel González y a mi, para que cada uno impartiera un taller a un público abierto, en el marco de su proyecto Indeleble (Encuentros Eclécticos con Expertos), y diera una conferencia a sus alumnos de comunicación en el Iteso de Guadalajara, la universidad de los jesuitas, donde Luis Enrique estudió.

El jueves dos marzo, Sergio dio su conferencia “Medios masivos de comunicación tradicionales en la era de la posverdad”, tengo su presentación en Power Point, y muere el tres de abril, cuatro días antes de impartir su taller “Feminicidio y Metástasis de la Corrupción en México: análisis estratégico”. La del Iteso debe ser su última conferencia en una universidad. A mí el 23 y 24 de marzo me tocó dar la conferencia y el taller.

El viernes 24, camino a la cena, a pie del hotel al restaurante, Luis Enrique me habló con entusiasmo y admiración de Sergio. Me platicó de lo que éste había planteado a sus alumnos. Recordó con cariño que, en los años 70, había fundado, con sus hermanos, el grupo de rock Enigma, contemporáneo de bandas de rock de Guadalajara que todavía tocan en la ciudad. Sergio y su grupo participaron en el histórico festival de Avándaro. Era el bajista.

Luis Enrique, al enterarse de la muerte de Sergio, envío a sus amigos el siguiente texto: “Hermano generoso, pensador brillante, sustantivo, en el paso entre siglos; crítico libérrimo, maestro visionario, escritor exquisito, cronista de todos los niveles de los abismos y los cielos, reportero valiente, narrador preciso. Sergio González Rodríguez falleció hoy en su casa de la Ciudad de México (…) Hasta pronto amigo”. Luis Enrique describe muy bien lo que piensan sobre Sergio los que lo conocieron y también los que lo leyeron.

Era lector asiduo, lo seguiré siendo, de sus artículos y siempre me impresionó por su amplia cultura y su aguda crítica. Penetraba en el México obscuro y bárbaro, pocos como él lo entendían, pero también daba cuenta, con generosidad, de las nuevas manifestaciones culturales y artísticas que surgían en el país. Todo era campo de su interés: la cultura, la política, la comunicación, el cine, la música, la literatura y la condición humana.

Abordaba estos temas como un periodista profesional, agudo y crítico, siempre solidario con los que no tienen voz, en una escritura entre la crónica y el ensayo. De Sergio todos reconocen su originalidad al abordar el ensayo. Era, como afirma Rafael Pérez Gay, “un ensayista de alta calidad”. Sus textos, a veces difíciles, son siempre originales. Tenía una manera muy propia de escribir. Juan Villoro, coincido con él, al comentar su muerte dijo: “hemos perdido a una de las principales voces de nuestra cultura, nos hará mucha falta”.

De 1993 a 2017 colaboró como consejero editorial y columnista del periódico Reforma. Por más de 20 años junto con Christopher Domínguez hizo el suplemento “El Ángel” de ese periódico. El dos de abril, un día antes de su muerte, en ese diario se publica el último texto de su columna “Noche y Día”. Siempre había que leerla. En 2016, la Feria del Libro de Guadalajara (FIL) le otorgó el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Estudió letras modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y periodismo en la Escuela Carlos Septién García. Fue becario de la Fundación Rockefeller y miembro del Sistema Nacional de Creadores.

Quedan para la posteridad sus artículos y sus libros. En 1997 investiga el feminicidio en Ciudad Juárez. Es uno de los primeros en escribir sobre esa trágica realidad. Huesos en el desierto (2002) es una crónica-reportajes sobre ese tema. El Hombre sin cabeza (2009) es un ensayo testimonial sobre las decapitaciones como expresión de la barbarie y símbolo macabro de la época. Campo de guerra (2014), Premio Anagrama de Ensayo, es un texto crítico que muestra lo endeble de los Estado-Nación de un mundo en el que Estados Unidos toma el control y la vigilancia. Los 43 de Iguala (2016) es una crónica que profundiza, más allá de los datos convencionales, sobre lo que ocurrió esa noche.

Sergio era un hombre sencillo, generoso y siempre dispuesto a platicar. De él me quedo con un recuerdo. En febrero de 2016 lo invité a comer al Hotel Presidente. La conversación inició platicando que había leído la reseña que escribí sobre El Reino de Emannuele Carrére en Animal Político. Me preguntó del libro. A partir de ahí hablamos largo, acompañados de una rica comida y todavía más ricos mezcales, de religión, del cristianismo y de la Iglesia Católica. Me sorprendió lo que sabía del tema y el interés que mostraba en él. México pierde a un crítico valiente e indispensable.

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Sobre el autor

Rubén Aguilar Valenzuela

Rubén Aguilar, comunicador y politólogo, un tiempo jesuita, ha sido impulsor de de una veintena de organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMFI), FunSalud y consejero del Instituto Nacional de Nutrición Dr. Salvador Zubirán. Fue consejero de empresas como Grupo Carso, Grupo Alfa y Cinépolis.Licenciado en Filosofía (1969-1972), y un tiempo participó como vocero del gobierno de Vicente Fox. Es Maestro en Sociología (1975-1978), y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana (1985-1987).