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Pandemia y política / Luis Alberto Fernández García, académico Destacado

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Voces en los días del coronavirus

Luis Alberto Fernández García, académico



( Ilustración de portadilla: Patricio Betteo. Tomada de revista Nexos)

Durante estos meses de pandemia hemos tenido ocasión de observar cómo son las reacciones de los gobiernos, los partidos políticos, y los diferentes tipos de ciudadanos. Vemos cómo prevalecen los intereses individuales sobre los colectivos y la irresponsabilidad social campea por doquier. Pero también el civismo. Aquí y en todos lados.

El presidente López Obrador dice y hace muchas sandeces (gansadas, dicen en España) y algunas sensateces. No regalar recursos públicos a las grandes compañías -un FOBAPROA 2- es correcto. ¿Por qué transferir dineros de los impuestos de todos a empresas -muchas de ellas mal gestionadas desde antes- que, cuando ganan no dicen “quiero pagar más impuestos”, o, al menos, mejorar la condición de mis trabajadores?; vaya, ¿ni siquiera crean un fondo para los años de vacas flacas? Apoyar a los más pobres y a los más pequeños con recursos públicos es correcto. Aparentar que lo da él, el presidente, firmando cartas con su nombre, es abusivo. Los programas y el tipo de acciones a los que en los sexenios anteriores calificamos de clientelares, siguen siendo clientelares. (La realidad no cambia así, por el solo dicho de los actores.)

Tampoco ha presentado López Obrador un plan para proteger a pequeños empresarios y el empleo que proporcionan. Al no haber realizado una reforma fiscal que gravara a los grandes capitales y obstinarse en no adquirir deuda pública, con la economía detenida desde el año pasado, el gobierno federal es un gobierno pobre. No sé si austero (en eso creo que vamos mejor), pero sin recursos. Ya el año pasado utilizó los fondos para emergencias sin que hubiera emergencia. Tampoco los gobiernos de los estados, ni de los municipios, algunos de los cuales alardean de sus buenas finanzas, han lanzado programas dignos de recuerdo.



Pero tiene otros detallitos, el presidente: su carencia absoluta del laicismo que se espera del jefe del estado y del gobierno y al que está obligado. Hay actitudes más propias de los movimientos religiosos que de las democracias políticas, como las que no admiten la crítica pues la perciben como ataque al dogma o al santo patrono y dividen al mundo en solo dos bloques: los que están con nosotros y los que nos quieren aniquilar.

Y el protagonismo que propicia para el ejército. El ejército es lo máximo: es policía, construye, compra, administra, cura, salva y no es corrupto, ni tiene que ver con el crimen organizado, ni nada. Los militares construyen un aeropuerto en sustitución del que es el símbolo mismo de la corrupción de Peña Nieto y compañía, como si no hubieran participado en este y su corrupción ¿Qué pretende el presidente? Quizá sienta temor a que le dejen solo. Pero quien se puede quedar sola, indefensa, sin controles sobre el poder público es la población civil.

Lo bueno es que la falta de liderazgo del gobierno estimula la creatividad social. Aquí seguimos. Y vemos a la mayor parte de los ciudadanos -particularmente, el personal sanitario- cumpliendo con su deber, siendo creativos y preocupándose por los más desfavorecidos.



A propósito de la oposición de la clase media: Está muy bien, para cualquier ciudadano, protestar contra un gobernante que hace cosas que no le parecen. Aunque protestes en coche y cada miembro de la familia vaya cómodamente en un vehículo, para que se note más la inconformidad. La incógnita está en lo que se espera lograr con la queja. Los presidentes no pueden renunciar al encargo público; ojalá, por cierto, que también se lo digan al presidente. Piden licencia y se le puede negar la solicitud. Hacer las cosas de manera diferente a como una parte de la población desea, no es causa grave, mientras no sea ilegal. ¿Un plebiscito de revocación, junto con las elecciones de 2021? Es lo que más desean todos los futuros candidatos de Morena y el mismo presidente. Por ello su oposición pugnó por y consiguió que ese asunto pudiera empezar solo después del proceso electoral de 2021. Así que, hagan sus cálculos, protestantes. ¿Destitución? No se contempla. Y calculo que esa mayoría que votó por López Obrador en 2018 -quizá hoy sea menos numerosa, pero sigue siendo numerosa-, con ese tipo de marchas y manifestaciones, se reafirma en su preferencia.

(No deja de ser irónico que los que hoy se enojan porque el gobierno no apoya la economía en recesión, son los mismo que se enojaban por los programas sociales de ayuda a los pobres.)

Luis Alberto Fernández G.

Junio de 2020

P.S. Tampoco es extraño, en una democracia, que las oposiciones traten de formar un bloque opositor para derrotar en las elecciones al partido en el poder (otra cosa es que lo logren). Y si no es extraño, no veo la razón del escándalo.

Vale

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Sobre el autor

Luis Alberto Fernánez García

Luis Alberto Fernández Gracía (Ciudad de Puebla, 1955), académico de la Universidad Autónoma de Querétaro. Licenciado en Filosofía por el Instituto Libre de Filosofía y Ciencias y Licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Es Maestro en Sociología por la Universidad Iberoamericana. Ha sido Profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro de 1985 a la fecha; Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ; Coordinador de Extensión y Vinculación de la FCPS de la UAQ; Director de Medios de la Universidad Autónoma de Querétaro de 2000 a 2006; fundador y secretario técnico del Consejo Estatal de Población de Querétaro; Vicepresidente de Radio de la RED Nacional de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de 2004 a 2005. Actualmente es Secretario Particular de Rectoría en la Universidad Autónoma de Querétaro.