Ibero Puebla: "Los ingenieros tienen que aprender a ensuciarse las manos..."

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"Los estudiantes tienen que ensuciarse las manos", me dice José Morales Osorio, un ingeniero poblano experto en diseño automotríz, quien luego de trabajar el día entero en la planta Volkswagen inicia su clase a las 7 de la noche en alguno de los talleres del IDIT en la Ibero Puebla.

Pienso en esa imagen ahora que veo a los jóvenes ingenieros que presentan ante maestros y familiares su trabajo de tesis con el que cierran su ciclo de estudiantes de ingeniería. Embutidos en sus trajes y ahorcados por sus corbatas, se ve que les sentarán mejor el overol y el casco y el aire polvoso de los talleres industriales. Y las ingenieras, visten como para una boda. En realidad, el evento es en el buen sentido, una fiesta: los jóvenes exponen ante sus familiares porqué se merecen el mote de ingeniero que les acompañará toda la vida.

Y todos cumplen en sus exposiciones con la formalidad del proceso metodológico de la investigación: planteamiento del problema, justificación (orgánica, técnica, financiera, mercado, social), alcances y limitaciones del proyecto, marco teórico, metodología, diseño, desarrollo, análisis de resultados, proyección financiera, conclusiones. De principio a fin, igual un gato mecánico que un telar, una pierna artificial o una placa para construcción elaborada con elote, una bicicleta plegable con plan de negocio, un programa de mantenimiento industrial, un vino a base de miel de abeja y hasta una aplicación móvil para el sistema RUTA.



El método


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Son los ingenieros que salen de las universidades mexicanas decididos a las técnicas y las mecánicas del mundo que les toca vivir. Al menos estos cuyos proyectos conozco hoy, en la Ibero Puebla.

Por ejemplo la exposición de los jóvenes Luis Maximiliano Chong Altúzar y Juan Carlos Atzin Andrade, que han ideado un banco de pruebas para un sistema de visualización de señales automotrices: su comparación de los sentidos entre un auto y una persona, cuánto pueden parecerse y cómo se puede entender su necesidad desde un banco de pruebas con sensores de nombres como siglas de partido político (CKP, MAP, TPS, etc) y programas de cómputo libre como el Lab View, y su espítiru innovador. "Conocer para poder hacer", dice Maximiliano.

O la propuesta de Franco Robredo Bretón para la construcción del prototipo de telar digital y su sueño de verlo producido en serie, con una patente mexicana, facilitando la vida de los diseñadores textiles.

Entiendo por estos jóvenes ingenieros porqué el ingeniero Morales Osorio ve más allá: "La innovación tecnológica tiene que ver con el impacto que puede tener en la gente."

"Ingenieros para transformar el mundo", dirá después en el evento de despedida con las familias de los egresados alguno de los educadores de la universidad jesuita.

Supongo que ese perfil de la tecnología tiene que ver con el espacio universitario que envuelve el Foro de Proyectos del Área de Síntesis y Evaluación III con la que cierra este semestre en la Universidad Iberoamericana Puebla.

El IDIT

Las dos frases del ingeniero Morales Osorio me las suelta el lunes 15 de mayo al salir de uno de los salones de clase en el que los estudiantes que este 2017 egresan de algunas de las carreras de ingeniería que en universidad jesuita se imparten en el Departamento de Ciencias e Ingeniería. Y son 52.

He estado en uno de esos salones y soy testigo de la presentación de seis proyectos: a cargo de nueve alumnos.

El desarrollo de un prototipo de telar digital de bajo costo. La implementación de un módulo de luz de freno inteligente capaz de comunicar la urgencia de frenado. Una prótesis mecánica de miembro inferior. Un gato eléctrico para el auto Jetta. Un sistema didáctico de caja de engranes de caja manual. Un sistema de visualización de señales automotrices. El ingeniero de la Volkswagen es el asesor de Maximiliano y Juan Carlos con su banco de pruebas.

Son proyectos estudiantiles con los que terminan el ciclo de su formación.

Puedo entender con ellos el esfuerzo de la universidad jesuita por involucrar a sus estudiantes con la vida real, con las necesidades concretas de empresas e instituciones. Valoro entonces más fácilmente la existencia del Instituto de Diseño e Innovación Tecnológica, el IDIT, con sus talleres y el ir y venir de muchachas y muchachos con cara de estar en algún recinto industrial y sometidos a la vigilancia de señudos supervisores. En este mismo mes de mayo se han presentado dos proyectos específicos de esta vinculación: un exoesqueleto para la producción de vehículos en Volkswagen y un electroestimulador para cirugías colorrectales para el Hospital del Niño Poblano. Y ya son más de 40 las empresas poblanas las que esperan resultados del trabajo de investigación de los estudiantes de la Ibero Puebla. Apenas el 25 de mayo se exponen proyectos que tienen que ver con procesos industriales en áreas de alimentos, diseño e interacción digital, ingeniería especializada y diseño industrial, con avances específicos, por ejemplo, en pruebas de durabilidad de llaves electrónicas para automóviles, de resistencia a piezas mecánicas del ramo automotriz, desarrollo de aceites, dispositivos para personas invidentes, entre otros.

Suena bien esto. Se recupera el ánimo por construir un mejor país.

El telar digital de Franco Robredo Bretón

Y por ello voy al detalle del telar de Franco Robredo Bretón, quien sale de Ingeniería Mecánica con el desarrollo de un prototipo en el que el propósito de bajo costo de la máquina que ha inventado sea fundamental. Tan va en serio que ya está en el proceso de lograr la patente con el respaldo del programa FAB-LAB del IDIT.

"Me propuse --afirma Franco ante los sinodales-- desarrollar un prototipo de telar digital de bajo costo que facilite la elaboración de tejidos “boceto”, aumente la diversidad de diseños y disminuya el tiempo de trabajo, costo, consumo energético y cantidad de material utilizado." Y por ahí se le ha ido el último año: imaginar el telar digital, convertir su idea en un diseño, construirlo y probarlo. Ya lo ha hecho, pero no puede mostrarlo porque está en proceso la patente. Pero igual nos habla de sus alcances: puede producir un patrón simple, de bajo costo en dinero y energía, además de que puede replicarse y por tanto ser accesible para diseñadores de moda, para artistas plasticos, por ejemplo. Y sus limitaciones: no puede producir patrones complejos, y requiere del desarrollo de un software con la programación para los propósitos textileros. Esa es tarea de otros ingenieros.

Y en esas están en el IDIT. Porque esta es una tesis. Y Franco, como el resto de sus compañeros, ve venir ya la vida laboral con el arranque de una nueva etapa de su vida. Pero mientras nos enteramos del mundo tras el telar digital: los electroimanes y las fórmulas para el campo magnético, y el corte laser en la industria y su aplicación para los materiales del prototipo, y los números binarios y los casos análogos que ya se encuentran en el mercado. Y los procesos que tuvo que seguir, como el análisis del módulo de electroválvulas, el rediseño de procesos como el del sistema de bloqueo o los llamados actuadores, el corte láser, la fabricación de los actuadores, el ensamblaje del nuevo telar ya con sus sistemas electrónicos y eléctricos, todo eso hasta tener en el taller un primer prototipo. Y pruebas, y pruebas, hasta que pudo decir ya puedo presentarlo ante los sinodales.

El país que construyen estos jóvenes ingenieros

Al final del evento platico con Maximiliano Chong y Franco Robredo Bretón. Los he visto defender con propiedad sus proyectos. Y en sus ojos descubro fácilmente la ilusión por el tiempo que se les viene, el mejor de sus vidas. Me hablan entonces de su país y el futuro que vislumbran. Dos preguntas simples: ¿Te preocupa la situación social del País? ¿Cómo ves tu futuro como ingeniero en México?

Así lo ve Maximiliano:

El futuro para los ingeniero es bastante alentador, posibilidades de trabajar hay muchísimas; me ha quedado claro ahora que me encuentro en esa posición, la de buscar un trabajo. Pero creo que los problemas que aquejan a nuestro país son un pretexto más para no hacer lo que tenemos que hacer cada quien desde su posición, me explico:

Creo que los mexicanos (y no quiero generalizar) se nos hace más fácil culpar al gobierno, a la escuela, a la familia, al narco o al PRI, que admitir que no hacemos lo que tenemos que hacer para llegar a donde queremos. Esto Implica cambiarse de estado para trabajar (muchas nuevas fábricas buscan ingenieros), admitir que no estamos lo suficientemente listos para acceder a altos puestos desde el inicio. Es una opinión muy personal, y la comparto porque me gustaría que más personas al menos se lo preguntaran.

No quiero decir que las situaciones sociales, económicas o políticas de nuestro país no sean una limitante; pero creo que hay mexicanos que nos han demostrado que cuando le restamos importancia a eso y nos enfocamos en realmente lo importante, lo trascendente se puede poner el nombre de nuestro país en alto.

Me encanta mi país, me encanta su gente y creo que somos muy capaces, vaya unos chingones, pero también creo que debemos de tomar la responsabilidad en lo que hemos dejado de hacer por cualquier motivo y buscar los medios para realizar lo que queremos hacer.

Creo que el mexicano no se expone intelectualmente a nuevas ideas (libros, artículos, conferencias), y esto sin duda te deja sin herramientas intelectuales y emocionales para afrontar lo que sucede en nuestro país. Y digo estono desde la silla del que viene de una familia con dinero, todo lo contrario, con el esfuerzo de mis padres estoy donde ahora, pero he tomado la responsabilidad de “cambiar el chip” y espero en algún momento lograr que más personas lo hagan.

Y esto me dice Franco:

Veo un futuro muy prometedor en México para mí como ingeniero, pero también para todos los jóvenes con visión en el desarrollo tecnológico local. En los últimos años se ha formado una creciente necesidad de cambio en nuestro estilo de vida. Los efectos sociales, económicos y ambientales de nuestro sistema económico y de nuestras prácticas de consumo son terribles. Sin embargo, se logra ver que en la juventud mexicana existe el hambre por la justicia y la equidad.

Como ingeniero mecánico veo una oportunidad idónea, un país que tiene por delante años para desarrollarse, ya sea en transporte, comunicación, medicina, educación, medio ambiente etc. en donde las posibilidades para un ingeniero no faltan, en realidad nos sobran.

Sí, estoy esperanzado aunque nuestro futuro es incierto, tengo esperanza, me da orgullo pertenecer a esta generación, porque contamos con las herramientas necesarias y tenemos la fuerza para mantenernos firmes ante la adversidad, ojalá podamos probar el sabor del cambio y lograr hacer de nuestro país y del planeta un mejor lugar para todos.

Sí, se podrá pensar que un ingeniero busca un empleo en una empresa o una fábrica para poder tener un buen salario y poder mantener un buen estilo de vida. Pues yo les puedo asegurar de primera mano que la mayoría de los jóvenes universitarios (y no sólo los ingenieros) tienen aspiraciones mucho más grandes que sólo un buen salario, queremos un cambio para la sociedad de este país y estamos más que dispuestos a lograrlo.

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Por allá se van a sus fiestas particulares los jóvenes ingenieros. Pienso en Maximiliano y Franco. Se merecen un mejor país. Pero ese futuro construido también pasa por sus manos.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...