Inscripciones en la BUAP: ¿para qué la universidad?

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Jueves 27 por la mañana. El galerón gimnasio de Educación Física en Ciudad Universitaria cumple su función de centro de inscripción. A la derecha alguien señala un punto fijo fuera de nuestra mirada, como si el destino al que hoy abren una puerta los nuevos estudiantes pudiera ser así de definido. Al centro, una muchacha contempla sus papeles en la mesa de registro y tal vez se pregunte si le falta alguna copia, porque la vida siempre será una copia permanente de sí misma, y en todo momento nos preguntaremos si lo que nos ocurre pasa porque así lo decidimos o sólo somos expresión de un retrato que no es el nuestro. A la izquierda un joven nos mira de frente, bien entallado en su sudadera con marca gringa, con paso decidido. A eso se viene hoy: a fijar en un número de inscripción que su vida tiene sentido.

Los sueños de los jóvenes, ¿quién los conoce? ¿Qué país imaginan como aquel en el que se cumplirán? Y lo que encuentran en su vida cotidiana, ¿cómo lo entienden? La violencia que nos rodea no la crearon ellos, y sin embargo las estadísticas son insobornables y los tiene como a las principales víctimas. ¿Se miran con ánimo de transformar ese mundo fallido que reciben? ¿Lo miran así, como el mundo en el que fracasaron los viejos? ¿Y ese futuro distinto y mejor que imaginan en qué medida lo construirán con las herramientas y conocimientos que encontrarán en la universidad? ¿Qué tienen que ver sus sueños con la universidad que los recibe? ¿Y con la sociedad que los ha llevado hasta ese momento de inscripción afortunada en una realidad que deja de lado a miles y miles de su misma edad y con los mismos sueños pero que no alcanzaron un lugar en la universidad pública?

Sociedad, universidad y futuro. Las tres palabras van de la mano. Y el suyo no es un vínculo cualquiera: seremos lo que estos jóvenes reciban y continúen, cuestionen y derriben, apuntalen y regeneren.



En todo esto pienso cuando miro las fotografías que mi hija Ana me envía de su mañana de inscripción a la escuela de Artes Plásticas de la Benemérita.

Contra las fotos planto mis interrogantes estratégicos elementales, por ejemplo el empleo: ¿qué será de una sociedad poblana que ha apostado su futuro en una industria, la automotriz, del siglo XX?; ¿el negocio de los jettas y los audis seguirá dentro de diez años?, ¿lograrán los alemanes de quienes dependen miles de empleos recientes sostener al automóvil propio como concepto frente a una realidad que día a día repele más y más el uso individual del transporte público? Y los políticos que se han jugado el presupuesto por venir de treinta años a la los autos, ¿tiene idea del derrotero que tomará el mundo? ¿Y los directivos universitarios piensan en ello? ¿A dónde vamos?

Universidad, pensamiento estratégico, futuro. ¿Alguien tiene idea de lo que será de nosotros en diez años?

Ahora, por lo pronto, en esta mañana de un verano de un año cualquiera, este nuestro 2017, miles de jóvenes han hecho fila en las ventanillas y se plantan para sumarse al esfuerzo por construir mejores respuestas.

Y yo me quedo en silencio, sin la seguridad de que estemos siquiera planteando las interrogantes correctas.



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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...