No es entregando el país a los militares como aumente la eficacia de las tareas gubernamentales y disminuya la corrupción, sino solo a través del fortalecimiento del Estado de de Derecho y de los valores democráticos
Diario de trabajo, 22 de febrero, 18.00 Hs.
El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias el “Mencho” es, sin duda, el mayor golpe mediático que los los gobiernos de la 4T han podido dar en materia de lucha contra el crimen organizado, al tiempo que marca un deslinde entre el gobierno de CSP y AMLO en la misma materia.
Sin embargo, lo que debemos subrayar es que la muerte del líder del CJNG solo provocará una disminución temporal del trasiego a gran escala de sustancias prohibidas hacia EEUU, hasta que, dicho cartel, vuelva a organizarse u, otro ocupe su lugar. Para nadie es noticia que los grupos del crimen organizado, como los del terrorismo, se reproducen como la cabeza de la hidra.
Los primeros efectos de la muerte de Oseguera ya los estamos viendo en prácticamente todo el territorio nacional. A la violencia desatada seguirá una lucha no menos cruenta por el control de territorios para el narcomenudeo; es, en este espacio, donde los ciudadanos nos haremos, día con día, más vulnerables.
Estoy cierto que el escenario de Sinaloa, tras la captura del Mayo Zambada, se extenderá a prácticamente todo el territorio nacional.
No basta con atacar policial o militarmente alguna de las células operativas de dichos grupos, en tanto la estructura económica de estos últimos se mantenga intacta; o bien, no se deshagan las redes tejidas entre crimen organizado y clase política.
El Estado mexicano debe reconocer que el trasiego de drogas ya es una parte esencial de la estructura económica del país y ha tocado las fibras más profundas de la propia sociedad, así como lastimado el Estado de Derecho; el caso del “ Huachicol Fiscal es el ejemplo más claro de la capacidad de penetración del crimen organizado en el gobierno o, al revés, la palanca del propio gobierno para sostener su maquinaria.
Gobierno y Estado, tienen que diseñar una instrumentación acorde al tamaño de la situación que enfrenta el país. Ese instrumentación pasa, lo subrayo, por repensar el ejercicio político en su conjunto y no solo el fortalecimiento cuantitativo de las fuerzas armadas; hasta el momento, todas las modificaciones de las policias y las propias FFAA para enfrentar el crimen organizado han fracasado. Y es posible que la GN también fracase al seguir cimentada en un modelo militar, tanto en su estructura interna como en la integración a las FFAA. Al respecto, invito al lector de este texto a leer “El tejido social rasgado “, de Claudio Lomnitz, así como su “Teología política.
No es negando el problema o simplificándolo como podremos limitar, el poder del crimen organizado y las derivas que ha conseguido. No es entregando el país a los militares como aumente la eficacia de las tareas gubernamentales y disminuya la corrupción, sino solo a través del fortalecimiento del Estado de de Derecho y de los valores democráticos.