abril 14, 2026, Puebla, México

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Desmontando la narrativa “cero impacto ambiental” / Assenet Lavalle Arenas

El Parque de Economía Circular que no genera ninguna externalidad no existe

El proyecto del Parque de Economía Circular en José Chiapa, Puebla se presenta como una solución ambiental innovadora: la transformación de los residuos sólidos urbanos e industriales en recursos y materiales que se reutilizan o reciclan, frente al creciente problema de los rellenos sanitarios (ya saturados o manejados de forma inadecuada) y los numerosos tiraderos a cielo abierto que provocan contaminación a lo largo del estado.

Similar al tema del fracking sustentable” (sic), en fechas recientes para el Parque hemos escuchado el discurso oficial al respecto e incluye frases como “impacto ambiental nulo”, “proyecto limpio”, “no afectará al ambiente”, “hornos que no contaminan”, “sin alterar el ecosistema”. Sin embargo, esta narrativa más que absoluta es relativa desde la evidencia empírica y desde los principios básicos de la física.

El Parque estaría diseñado para procesar diversos residuos con el fin de incorporarlos a otros ciclos productivos, pero reciclar no es eliminar afectaciones. Por ejemplo, triturar llantas implica emisiones particuladas a la atmósfera y consumo energético; procesar plásticos para su uso como combustible implica reacciones químicas y liberación de gases; reutilizar cascajo implica transporte, molienda y energía.

La economía circular, innovador modelo, suele presentarse como la alternativa para “cerrar el ciclo de los materiales” pero esto no es eliminar por completo los daños ambientales. La primera ley de la termodinámica establece que la materia y la energía no se crean ni se destruyen, solo se transforman. No hay eliminación del impacto, solo desplazamiento del mismo. La segunda ley de la termodinámica es aún más contundente: en cada transformación aumenta la entropía, lo que significa que se pierde energía útil y son generados otros residuos irreversibles: cada proceso de reciclaje consume energía, cada conversión genera subproductos no reutilizables y cada ciclo degrada la calidad de los materiales.

En suma, ningún sistema industrial puede ser cien por ciento circular ni libre de residuos; aunque se afirme que no habrá contaminación, no hay que perder de vista que toda actividad industrial genera externalidades medibles, incluso bajo los estándares más estrictos.

El Parque de San José Chiapa permitirá reducir la cantidad de residuos a ser dispuestos en rellenos sanitarios, al tiempo que aportará valorización de ciertos materiales, pero no puede detener, evidentemente, la generación masiva de desechos en las ciudades, ni eliminar los impactos negativos sobre los territorios y las personas del sitio, tampoco evitar las emisiones asociadas a los procesos industriales o el consumo de agua en el Parque.

Cabe recordar que Chiapa forma parte de una zona endorreica (Llanos de San Juan) que, al no contar con un río, depende del agua de lluvia y de sus acuíferos, actualmente sometidos a alto estrés hídrico.

El proyecto es, en sí mismo, una buena idea, pero afirmar que su impacto ambiental es nulo no es una descripción técnica sino una construcción discursiva que la física contradice, la ingeniería limita y la economía condiciona. El Parque no elimina el problema de la basura, solo lo gestiona.

Desde mi perspectiva, el Parque podría resultar en una de dos situaciones extremas: o en un interesante y oportuno acierto o constituirse en una zona de sacrificio que ahonde las desigualdades socioterritoriales, profundice las injusticias ambientales, evidencie las fallas institucionales y destruya las formas de vida.

Cuando el proyecto inicie su etapa de socialización, será importante reconocer la contaminación que viene y cuestionar las medidas de mitigación que se implementarán, de lo contrario, solo será una reunión de “lavado verde” (greenwashing).

X: @AssenetLavalle